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GUATEMALA - Desmantelando las Bandas Centroamericanas y Recobrando una Generación Perdida

Michael Hogan

Jueves 9 de febrero de 2006, puesto en línea por Jorge A. Agraz, Michael Hogan

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Ciudad de Guatemala, Guatemala

Carlos, mi chofer, era un ex-policía federal. Pesaba unas buenas doscientas libras y sobrepasaba los seis pies de altura. Él me fue asignado por un hombre de negocios del área, a quien conocí en la Ciudad de Guatemala después de que le había explicado que quería visitar algunas áreas en donde pudiera ver actividad vandálica. Cuando llegamos al tianguis o mercado local, Carlos estacionó la Ford Explorer y abrió el compartimiento de guantes. Se quitó su pistola automática de su cinto y la colocó adentro junto con su cartera. “Quita unos cuantos billetes de tu cartera y déjala en la guantera también,” me dijo. Luego fijó su mirada en el compartimiento de guantes.

-Si es tan peligroso por aquí- le cuestiono, -¿por qué no cargas con tu arma?

-Porque los chicos operan en cuadrillas de cinco o seis. Jóvenes de doce a trece años de edad, de repente se acercan y te quitan lo que lleves contigo y se van antes de que tengas tiempo de reaccionar. Así de rápidos son. Y no necesitamos otra arma automática perdida en las calles.

Después discutimos los problemas de la delincuencia, la agresión vandálica y el apego a la ley en la ciudad. En el pasado, muchos de estos delincuentes simplemente eran llevados a los callejones en donde eran golpeados por la policía y después eran liberados. Ahora, con las quejas de los grupos de derechos humanos, la policía está más restringida. En caso de que existan indicaciones de afiliación vandálica tales como tatuajes, bufandas o chamarras, entonces usualmente son arrestados y después enviados a una prisión de adultos. Si no -como es generalmente el caso con los más chicos- la autoridad depende de policías en cubierto o de investigadores privados para quitarlos de las calles a veces de manera permanente. La falta de centros juveniles, pocos oficiales de policía, un serio desempleo y el crimen en general, han ocasionado -irónicamente- más abusos juveniles, incluyendo asesinatos, que antes de contar con la intervención de los grupos de derechos humanos. Todavía, para muchos jóvenes en las duras calles de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y la República Dominicana, deambular por las calles es mucho más seguro que la prisión o el estar esperando un juicio en la cárcel.

Purga Social con Fuego

Las masacres dentro de las prisiones son comunes en Centroamérica y generalmente los jóvenes son el blanco. En la República Dominicana -donde las prisiones están sobre el 215% de su capacidad proyectada- un incendio en marzo de 2005 mató a 136 prisioneros y dejó a muchos más con heridas mortales. [1] En mayo de 2004, un incendio liquidó a 103 en San Pedro Sula, Honduras; en abril un año anterior, 79 prisioneros murieron en un incendio dentro de la prisión. Tampoco los prisioneros más al sur han escapado de lo que parece una plaga de muertes en las prisiones de Maracaibo, Venezuela, en donde 100 prisioneros murieron; ni que decir en Cardiru, Brasil donde una tragedia similar dio pie para un documental de carácter expositor.

-Nos querían dejar hasta morirnos- un prisionero Hondureño le dijo a La Prensa. [2] -Los escuchamos decir, ‘dejemos a esos pedazos de basura morir’- dijo este testigo en la cárcel de San Pedro Sula, donde las víctimas, en su mayoría miembros de bandas, fueron quemados vivos en sus celdas o murieron sofocados.

Después del incendio Dominicano, el cual mató a 136, el Gen. Juan Ramón de la Cruz, un oficial de la prisión, de manera renuente aceptó que la mayoría de las prisiones operan bajo un sistema de corrupción y privilegio. [3] Está claramente entendido que muchos de los guardias (generalmente miembros desmilitarizados y cuerpo policial destituido) son corruptos, están comprometidos o simplemente están aterrorizados; usualmente desertan el interior de la prisión durante una crisis, tal como un incendio, aprovechando el refugio de las paredes mientras dejan a los prisioneros atrapados.

Historia de las Pandillas Latinas

En años recientes, la apariencia de bandas centroamericanas en los Estados Unidos ha causado a las autoridades judiciales, hasta al Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés), una gran inquietud. Grupos conservadores han culpado a la porosa frontera con México. Al Valdez, un investigador de la oficina del Procurador de Distrito en el Condado Orange en California, los llama “una importación Sudamericana.” [4] La Fundación Heritage y MILNET, dos grupos de expertos conservadores, de manera un poco más precisa los trazan como “desplazados a raíz de las guerras civiles centroamericanas en la década de los ochentas y como ilegales quienes han sido deportados de los Estados Unidos y regresado.” [5]

Sin embargo, ni el Sr. Valdez con sus “importaciones Sudamericanas” ni MILNET con sus “guerras civiles” es suficientemente adecuado. Las bandas principales están en Centroamérica, no Sudamérica. De hecho, comentadores conservadores minimizan o distorsionan la naturaleza de la intromisión estadounidense en Centroamérica que contribuyó notoriamente al problema. [6] La intervención Americana en Centroamérica en los años ochenta en apoyo a la corrupción, regimenes militaristas y la destrucción de la resistencia popular creó millones de refugiados, muchos de ellos niños. Miles de éstos terminaron en las calles de Los Ángeles, Miami, Chicago y otras ciudades americanas. Generalmente, sin una figura paternal, habituados y expuestos a la violencia desde años de guerra, desconfiados de la autoridad, se unieron a bandas callejeras ya en existencia, o formaron sus propias. Algunos fueron encarcelados en prisiones americanas donde aprendieron todavía más acerca de la solidaridad pandillera antes de ser deportados de regreso a El Salvador, Nicaragua, Guatemala y a Honduras. Muchos de éstos eran hijos de campesinos que no tenían idea de lo que era una pandilla hasta que fueron “educados” en las crueles calles del este de Los Ángeles. De esta manera y hasta cierto punto, el fenómeno de las pandillas es una exportación Norteamericana.

Cuando llegué a Guadalajara (México) en 1988, por ejemplo, no había graffiti en ninguno de los edificios. Era una cosa impensable. Graffiti, tatuajes, logos de pandillas y chaquetas era algo que se veía en los espectáculos de la televisión en Estados Unidos. Sin embargo, en la década pasada, con el regreso de los que han sido deportados, el graffiti se ha vuelto algo común en México y en la mayor parte de Centroamérica también, llevando con ella la profanación de iglesias, edificios coloniales y destruyendo así un ambiente de cuatrocientos años en los distritos históricos.

La mayor parte de las fuentes concuerda en que las principales pandillas que operan en América Latina el día de hoy son las que se originaron en los Estados Unidos o que fueron copiados de pandillas existentes en Estados Unidos. Los lectores están familiarizados con predominantes pandillas blancas como la “Hermandad Aria” y “Los Ángeles Infernales.” También hay pandillas negras como los “Crips” y “Bloods” y los “Musulmanes Negros” (la cual, a pesar de que es una religión oficial, opera como una pandilla en la mayor parte de las prisiones estadounidenses). Una de las bandas callejeras latinas más antiguas es la Mafia Mexicana, la cual se formó en una correccional juvenil en Tracy, California en los años cincuenta. Estaba originalmente compuesta de “homies” quienes vivían al sur de Bakersfield. Continuaron a ser la más poderosa en el sistema penitenciario y eventualmente reclutaron en el este de Los Ángeles y a través del Suroeste.

Los Norteños (también conocidos como Nuestra Familia) se formó en la prisión Folsom en los años sesenta, principalmente como una manera de proteger a los prisioneros Latinos que vinieron de áreas del norte de Bakersfield. Los miembros de la pandilla se tatúan con un número romano XIV que representa “14”, la 14ª letra del alfabeto “N” para “Norte” o cuatro puntos en la mano. Otro grupo sureño de California, la pandilla de la calle 18, en el distrito Rampart de Los Ángeles, cuenta con miembros que tienen un tatuaje con el XVIII (o 666, cuyo total es 18). Esta pandilla es muy poderosa y se ha reportado de contar con más de 20,000 miembros.

Una pandilla rival es la MS-13, mejor conocida como Mara Salvatrucha (de Mara = pandilla y salvatrucha, forma coloquial para “Salvadoreño listo”) la cual es asociada con familias sureñas de las pandillas nacionales mexicanas y que ha crecido para ser la más notoria en años recientes. Usualmente tienen un tatuaje con el número “13” (“M” para “Mara”) y la “S” también representa “Sur” o “Sureño”. [7]

Muchas de estas pandillas tienen alianzas sueltas con otras pandillas también. Generalmente, aquellos asociados con la Mafia Mexicana son llamados La Eme (o la “M”) y son conocidos de contar con alianzadas formadas para protección mutua con pandillas negras y hasta con la Hermandad Aria.

Después de que Estados Unidos patrocinó las guerras en Nicaragua y en El Salvador (utilizando Honduras como un campo de entrenamiento para los Contras), muchos residentes dejaron Centroamérica, especialmente aquellos que contaban con los fondos para hacerlo, o las viudas con hijos que podían solicitar un estatus de asilo. Miles de jóvenes acabaron en los barrios étnicos de Chicago, Miami y Los Ángeles en los años ochenta. Muchos se unieron a las pandillas por razones de solidaridad, protección mutua y camaradería. Otros fueron inducidos a unirse a través de amenazas, violencia hacia ellos o a sus familias. Aquellos que se metieron en problemas fueron enviados a centros de detención juveniles como Tracy (conocida entre los jóvenes prisioneros como la «Escuela de Gladiadores»), donde fueron instigados a la violencia por las cuales estas pandillas se hicieron notorias.

En los últimos 25 años, miles han sido deportados, incluyendo algunos a la altura de la devastación del Huracán Jeanne, la cual cobró las vidas de 4,000 personas en Centroamérica y en el Caribe y fue más desastroso que el Huracán Katrina (lo cual de manera vergonzosa se recibió menos ayuda de las organizaciones internacionales, incluyendo aquellas de los Estados Unidos, para las víctimas de Jeanne en Centroamérica y el Caribe). Si el comentario del Rev. Jesse Jackson acerca del efecto de las razas y clases sobre la respuesta tardía, la calidad de apoyo y los esfuerzos de asistencia después de Katrina fueron calificados como inapropiados por los entrevistadores de noticias CNN, para aquellos en Honduras, Haití y la República Dominicana era un verdadero truismo: la muerte catastrófica y destrucción del Huracán Jeanne ni siquiera fueron reportados en la prensa estadounidense.

Armados y Peligrosos vs. Jóvenes e Irresponsables

Una vez de regreso en sus países de origen, con fácil acceso a las armas dejadas atrás por las fuerzas que contaban con patrocinio estadounidense, [8] estos jóvenes delincuentes se convirtieron en una amenaza significativa para la seguridad y estabilidad de la región. Mientras las aproximaciones de la membresía en pandillas en Centroamérica ha variado de 30,000 a 150,000, las siguientes cifras son las estimaciones de la policía regional entorno a la membresía en las pandillas: 14,000 en Guatemala, 10,500 en El Salvador, 36,000 en Honduras, 1,000 en Nicaragua, 2,600 en Costa Rica y 1,380 en Panamá. [9] Sin embargo, cuando uno considera que las fuerzas de seguridad en El Salvador han detenido a más de 20,000 personas con cargos sobre actividad-pandillera y vandálica desde julio de 2003, parece ser que la mayor parte de estas estimaciones, si no es que toda, son conservadoras. Asimismo, no toman en consideración las pandillas con organización con lazos sueltos de adolescentes y pre-adolescentes como las que operan en las calles de la Ciudad de Guatemala, quienes claman de no contar con una afiliación específica.

La violencia de algunos de estos pandilleros no se puede subestimar. En Honduras, veintitrés pasajeros fueron asesinados en un autobús público, aparentemente en retaliación por las muertes de los prisioneros previamente en ese año [10]. En Nicaragua, los candidatos presidenciales no podían hacer campaña sin sobornar a los pandilleros con una política de “seguridad y buena conducta” en los barrios. [11] Muchos de estos sobornos son necesarios de comparar y comprar en muchos de los mercados abiertos en Guatemala y El Salvador. La de-activación de los Contras, y los acuerdos de paz en Centroamérica llevó al retiramiento de asesores estadounidenses y mercenarios Contras, dejando miles de cargas con munición, granadas, minas terrestres y rifles automáticos disponibles a precios reducidos y regateados. El corte presupuestario y la restricción en costos -políticas principales que se han desarrollado en las últimas décadas en las economías centroamericanas seguidas de las guerras (patrocinadas por los Estados Unidos)- han dejado a los gobiernos sin los fondos para apoyar la educación, para instalaciones juveniles, cortes y centros de detención juvenil y hasta una milicia profesional. Sin suficiente personal de policía o un trabajo propio de investigación y procedimientos procesales en las cortes, aquellos responsables por los crímenes son usualmente no arrestados o si lo son, no son exitosamente procesados debido a falta de testigos o evidencia. Por lo tanto, algunos de los más peligrosos pandilleros, financiados por negocios de drogas y armas, son capaces de intimidar a testigos, sobornar a la policía y eludir la procesión.

Por el otro lado, pandilleros jovencitos -incluso niños de las calles que quieren ser “wanabees” o simplemente pre-adolescentes y adolescentes que están con amigos- son generalmente recogidos, asaltados, encarcelados sin un proceso legal y son abandonados en las prisiones para podrirse. Otros son asesinados en serie a través de los barrios por los escuadrones de la muerte llamados Sombra Negra compuestos de policía privada pagada por terratenientes, pillos que son ex militares y policías bribones.

Una política de “Mano Dura” de parte de los presidentes centroamericanos -incluyendo el recién electo Manuel Zelaya, un autócrata de derecha (noviembre 2005)- ha llevado al agrupamiento de miles de pandilleros “sospechosos” (juzgados usualmente por sus tatuajes, por los barrios en los que se han encontrado, chaquetas u otro tipo de prenda) a su encarcelación en las abarrotadas prisiones sin beneficios de un juicio donde muchos son asesinados o abandonados para morirse en incendios inexplicables. Soldados desmilitarizados y fuerzas privadas de seguridad también operan en la región para despacharse como justicieros a sospechosos que pertenezcan a una pandilla en callejones, calles sin alumbrado público y barrios remotos. En Honduras, “la purga social” ha resultado en la muerte de casi más de 2,300 jóvenes desde 1998, [12] quienes no fueron acusados de algún crimen sino que eran sospechosos de contar con una afiliación a una pandilla. Los jóvenes, los irresponsables y los niños de la calle son generalmente los blancos fáciles para los “purgadores sociales” quienes no tendrían los “cojones” para despacharse a pandilleros veteranos.

Causa del Continuo Crecimiento de las Pandillas

Mientras que es importante no subestimar las causas que han iniciado el aumento en las pandillas centroamericanas y la responsabilidad de los Estados Unidos por su génesis, es de igual importancia notar que el crecimiento de las pandillas ha continuado de manera exponencial sin ningún aliento de la política exterior de los Estados Unidos durante los últimos veinticinco años. Las causas subyacentes por su crecimiento son muchas y voy a enumerar algunas aquí, primero, para mostrar la complejidad del problema, para dejar en claro que más poder policial no es la respuesta; y segundo, para mostrar como el gobierno estadounidense, grupos privados, corporaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales (ONG) pueden ayudar a los ciudadanos de estos países a luchar por el control de sus comunidades de estas pandillas que ahora los tienen como si fueran rehenes.

Debo hacer notar que la gente más afectada por las pandillas son los pobres y la clase media-baja. En todos estos países, los políticos, los profesionales, los terratenientes de clase alta y la elite militar todos viven en recintos bien protegidos con perros entrenados, fuerzas de seguridad, alarmas y patrullas de policía con servicio de las 24 horas. Las víctimas son los pobres y la clase laboral quienes habitan en fincas peligrosas o en cortijos sin pavimentar y barrios sin alambrado público, donde la policía no se atreve a meterse de noche y donde el miedo es un compañero constante. Fueron los pobres trabajadores quienes perdieron sus vidas en el autobús de Honduras, no las clases altas quienes están instalándose cómodamente a salvo dentro de sus Mercedes y Land Rovers.
Algunas de las causas de la violencia vandálica se origina de los conflictos de los años ochenta con la pérdida de padres en la guerra, la pérdida de respeto para el país natal a causa de la corrupción, la alienación de restricción cultural y religioso, el retiro de apoyo estadounidense después de daños significativos en la infraestructura, armas descartadas y minas abandonadas y la inmigración y deportación. Sin embargo, para la última generación de pandilleros, los factores cerca de casa son también válidos de mencionar. Algunos de los factores locales e internacionales se enlistan a continuación:

• Una tradición de violencia institucionalizada la cual se refleja en las familias.
• Acceso a armas de bajo costo.
• Rebajas en los servicios sociales y educacionales debidos a imperativas del Banco Mundial y el FMI.
• Desempleo crónico exacerbado por las políticas neoliberales.
• Impedimentos al empleo debido a los arrestos juveniles.
• El rompimiento de unidades familiares debido a la reubicación (la “flexibilidad laboral” neoliberal)
• La pérdida de credibilidad en las figuras de autoridad.
• Un decline en el respeto por la Iglesia Católica después de los asesinatos de sacerdotes y monjas por las fuerzas gubernamentales y el reemplazo de los obispos de la teología de la liberación por el clero conservador.
• Abuso de substancias y el predominio del dinero a través de drogas.
• La atracción de violencia en la cultura y en la prensa.
• Influencias negativas estadounidenses en la cultura.
• La inclinación natural de los jóvenes por la solidaridad, el sentimiento de seguridad y pertenencia.
• La escasez de oportunidades educativas y la falta de maestros capacitados.
• La falta de alternativas recreativas en vez de actividades callejeras.

Mencioné la intromisión estadounidense como una de las causas primarias al principio, no para asignar culpas pero para indicar nuestra responsabilidad en la región. La actividad vandálica era una “consecuencia nada intencionada” de las guerras patrocinadas por el gobierno estadounidense y nuestro subsiguiente retiro se percibió sin los mínimos esfuerzos para restaurar las infraestructuras de estos países. Asimismo, las costumbres pandilleras fueron en verdad una exportación estadounidense como lo hemos visto. Por esto, parece que la aceptación de estos hechos históricos nos debería de dar una voluntad política para asistir a nuestros vecinos del sur para atender el problema. Aquí están algunas de las iniciativas que yo propondría.

Soluciones Tentativas al Problema

1. Corporaciones internacionales como la Coca Cola, Honda, Liggett y Myers, Disney, Monsanto, IBM, Bayer, GE, Ford, Procter & Gamble, Continental Airlines, Air America, Westinghouse, Bell South, Hertz, Hilton, Crowne Plaza, Phillips, GM, Hewlett-Packard, y cientos de otras ponen y venden sus productos y servicios en el mercado de estos países mientras utilizan los bajos costos laborales. Deberían de reconocer su responsabilidad cívica hacia sus anfitriones y proveer un patrocinio corporativo a las ligas juveniles y clubes de fútbol. La policía local debería de ser incentivada a formar ligas de policía de benevolencia como lo hay en los EEUU y proveer a los jovencitos con una asociación como la de Guantes de Oro (Golden Gloves en Estados Unidos) y otras actividades saludables como una alternativa a la violencia y a la vida callejera.

2. Fondos U.S.A.I.D. deberían de ser usados para apoyar los centros de capacitación para los maestros. Los educadores internacionales en las Escuelas Americanas de la región deberían de tener como requerimiento, como parte de sus contratos, el capacitar a los maestros locales.

3. Las agencias estadounidenses y canadienses que velan por el cumplimiento de la ley, a parte de establecer un método para compartir datos dentro de la región y a nivel continental, deberían también proveer expertos del tipo que han limitado el crecimiento de las pandillas en varias ciudades estadounidenses y canadienses, tales como Miami, Chicago, Seattle, Vancouver y Toronto y que han provisto alternativas decentes para los jóvenes ahí. El Departamento de Justicia otorga a los Homies Unidos y a otros grupos de prevención y rehabilitación pandillera y podrían ayudarles con su experiencia en establecer grupos similares en Centroamérica.

4. Liderazgo internacional por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, con asesores dentro del TLCAN, OEA, CAFTA y organizaciones relacionadas dentro de la región deberían de incentivar programas de empleo nacionales, seguridad social, protección a los trabajadores, salario mínimos, agua limpia, y control público de las utilidades así como absolver la deuda externa a estos países para darles una oportunidad de establecer un mínimo de capacidad para cuidar de sus poblaciones más pobres.

5. Un reconocimiento fresco debe venir por parte del gobierno estadounidense y para la comunidad internacional de negocios -la cual ha estado empujando agendas globales y continentales en las Américas.- Las ganancias corporativas y el comercio libre no pueden venir a expensas de los derechos laborales, la destrucción del medio ambiente y la imposición de “Estados-policía” para manejar problemas sociales incurridos por vastos números de gente joven abandonada y economías que los han rendido superfluamente, mientras han enriquecido a sus líderes y a sus socios comerciales hacia el norte.

6. Una moratoria en las ventas y posesión de armas de fuego en países centroamericanos debe ser planeado a través de un tratado regional que empiece con (a) la eliminación de publicidad sin restricciones de armas en la prensa local, [13] lo cual lleva a (b) colección de armas sin registrar con efectivo y un incentivo de amnistía, y que culmina en (c) una política similar al programa de cero tolerancia en Gran Bretaña.

7. Un uso planeado del 5% de las remesas de los centroamericanos trabajando en el exterior para ser invertido en reconstrucciones de las comunidades y apoyo a las escuelas locales, clínicas gratis, y otros proyectos sociales que sean definidos por comités locales democráticamente electos, pueden hacer la diferencia.

8. Grupos de acción pueden ser iniciados por una AA Internacional y NA Internacional para apoyar programas de recuperación de substancias a nivel local y para compartir con iniciativas educativas para jóvenes con problemas de drogas y abuso de alcohol; ofrecer una asistencia a los niños de alcohólicos y drogadictos y proveer asesoría familiar.

9. La Oficina de Washington para América Latina y la Coalición Interamericana para la Prevención de la Violencia Juvenil [14] han urgido una política detallada que invierta a largo y a corto plazo los programas para la prevención de la violencia juvenil y programas de rehabilitación para aquellos que desean abandonar las pandillas. Esa es la última pieza en este exhaustivo paquete.

Hace unos cuantos años, visité Chicago en un tour para la promoción de un libro y acompañé al Comandante de la Policía Mo Daley en sus rondas en el Distrito de Pilsen/Little Village los cuales habían sido notorios por su actividad vandálica y criminal. Me enseñó como su comunidad había sido revitalizada por pequeñas prestaciones empresariales y por residentes, quienes habían pintando y reparado casas dilapidadas con pintura y materiales provistos por una fundación local. Me mostró como la ciudad ayudó a los residentes al bloquear las calles con pequeñas barreras de buen gusto para el tráfico (creando cuadras seguras), como apoyaron tradiciones locales con un legado en la forma de un museo mexicano, librerías latinas, periódicos en español, una panadería, y un apoyo empresarial y ciudadano a nivel municipal por el Bachillerato Cristo Rey donde los estudiantes se ganaron su colegiatura trabajando un día a la semana para empresas locales. Aquí se encontraba una aplicación de la ley y un liderazgo cívico. Los oficiales del Comandante Daley conocían a todos los miembros de las pandillas y ex miembros por nombre, los tenían en una base de datos, habían hecho intervenciones para meterlos al AA o al NA, les consiguieron trabajos y cuando tenían que, los arrestaron por posesión, robo, u otros crímenes con el apoyo activo de la ciudadanía. Pero todos, él y sus oficiales, tenían una meta mucho más grande que el controlar las pandillas. Su meta era el de crear una comunidad próspera y segura en donde sus hijos pudieran ser educados, contar con oportunidades y aun así continuar a vivir con las tradiciones y valores que sus familias habían heredado mucho tiempo antes de que se movieran a Chicago. Esta es la visión que tenemos que compartir con Centroamérica.

El gobierno de los Estados Unidos, educadores y empresarios trabajan en Centroamérica; estudiantes y personal jurídico en Estados Unidos y Canadá con colegas centroamericanos, todos juegan una parte, no sólo en prevenir el esparcimiento de la violencia juvenil, sino en revertir enteramente la tendencia. Todo lo que se necesita es voluntad. [15] Sin ella, Centroamérica se va a convertir mucho más peligroso que Irak, nuestras fronteras aumentarán su amenaza y el recurso más valuable de las Américas, sus jóvenes, se convertirán más y más en objetos de miedo, caos y destrucción, en vez de ser los jóvenes líderes y ciudadanos productivos que tienen el potencial de serlo.


Artículo del Dr. Michael Hogan, traducido por Jorge A. Agraz.

Michael Hogan es el autor de The Irish Soldiers of Mexico, Los Soldados Irlandeses de Mexico, Molly Malone and the San Patricios, Making Our Own Rules, Mexican Mornings: Essays South of the Border, y Imperfect Geographies.

Jorge A. Agraz es Licenciado en Ciencias Políticas y Política Internacional de la Universidad de Pennsylvania, con especialidades en Estudios Latinoamericanos y Latinos.

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[1James T. Kimer, «República Dominicana: Incendio en Prisión, Resumen de Abusos (Dominican Republic: Prison Fire Highlights Abuses)NACLA Reporte de las Américas 38.6 (Mayo/Junio 2005), p. 47.

[3Kimer, op. cit., p. 47.

[4Al Valdez, «Una Importación Sudamericana (A South American Import),» Alianza Nacional Asociada de Investigadores de Bandas.

[5Informe MILNET, 25 Junio 2005.

[6Véase Stephen Johnson y David Muhlhausen, «Transnacionales Pandillas Juveniles Norteamericanas: Rompiendo las Cadenas de Violencia,» Fundación Heritage. De lo contrario, este análisis preciso y exhaustivo está estropeado con declaraciones engañosas, incluyendo una en la que caracteriza la violencia en El Salvador en los años ochenta como “doce años de guerra civil entre guerrillas comunistas y gobiernos democráticos novatos” y las intervenciones estadounidenses en Nicaragua, Guatemala y Honduras como “asistiendo a terminar las insurgencias comunistas.”

En El Salvador, los Estados Unidos apoyaron un régimen represivo militar; los Estados Unidos utilizó Honduras como una base de capacitación para los Contras por su invasión a Nicaragua; En Nicaragua, los Estados Unidos lucharon contra un movimiento socialista pero popular y en apoyo a un dictador; en Guatemala, la CIA (por sus siglas en inglés) derrocó un presidente democráticamente-electo, resultando en violencia que duró cuatro décadas y causó las muertes de cien mil civiles. Asimismo, la acción estadounidense en Nicaragua -incluyendo el uso del dinero de las drogas fundado por los Contras- y minando el puerto y lago Nicaragua, fueron condenados por la Corte Mundial como actividades terroristas de estado.

Ignorar todo esto e intencionalmente declarar erróneamente que el rol de los Estados Unidos en la región en términos de Reagan, la cual ha sido desacreditada por el resto del mundo, es minimizar el grado de la responsabilidad estadounidense por las condiciones centroamericanas de hoy. Así es como ignorar también -no que nuestro enfoque sea el Medio Oriente- el desastre que hemos dejado atrás que contribuye al problema de la violencia vandálica.

Dicho esto, la investigación de Jonson y Muhlhausen apoyan mi posición en la que la violencia pandillera en Centroamérica es una exportación estadounidense, haciendo notar que los Salvatruchas se mostraron como deportados en El Salvador en 1993 y los miembros de la Calle 18 aparecieron en la región en 1996, lo cual también concuerda con observaciones de oficiales gubernamentales en Centroamérica.

[7Para más información sobre la historia, composición e idiosincrasias de las pandillas en los Estados Unidos, visite http://KnownGangs.com o estudie los concisos y precisos resúmenes en el sitio de MILNET, el cual es citado arriba.

[8Joaquín M. Chávez, «Una Anatomía de Violencia en El Salvador (An Anatomy of Violence in El Salvador)» NACLA Reporte de las Américas 37.6 (Mayo/Junio 2004), pp. 31-37.

[9Tim Rogers, «El Desarme Inquietante de Centroamérica (Central America’s Uneasy Disarmament),» NACLA Reporte de las Américas 39.1 (Julio/Agosto 2005), pp. 12-14.

[10«Gunman Killed 23 in Honduras Bus Attack (Pistolero Mató a 23 en Ataque a autobús en Honduras),» China Daily 24 Diciembre 2004. Véase también, «Dos o más Sospechosos Arrestados en Ataque a Autobús (Two More Suspects Arrested in Honduras Bus Attack)» Washington Post 26 Diciembre 2004.

[11Estaba en Managua y atestigüé la mayor parte de la actividad de esta banda callejera durante la campaña presidencial. Asimismo, el mitin de Bolaños (aquel candidato presidencial ganador) es descrito maravillosamente en el artículo de Marc Cooper’s «La Revolución Perdida» en Mother Jones (Septiembre/Octubre 2001), pp. 71-77.

[12Rogers, op. cit., p. 14

[13Chávez, op. cit., p. 37.

[14El texto entero de la reciente Conferencia de Campo sobre la Violencia Pandillera Juvenil en Centroamérica está disponible en este excelente sitio mantenido por Washington en su Oficina para América Latina. Véase http://www.wola.org/gangs/gangs/htm.

[15Existen excelentes recursos sobre los programas de prevención y las oportunidades para lectores que deseen estar involucrados de manera más activa. Por favor visite el sitio de Washington en su Oficina para América Latina para mayor información: http://www.wola.org.

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