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MÉXICO - Tlatelolco, 40 años de impunidad

Diego Cevallos, IPS

Martes 7 de octubre de 2008, por Dial

30 de septiembre de 2008, México - IPS - Los ríos de tinta volcados en investigaciones, juicios y testimonios sobre la matanza de estudiantes en la plaza mexicana de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, dejaron en claro que el Estado fue el culpable. Pero nadie ha sido condenado y ni siquiera se conoce con exactitud cuántos jóvenes murieron.

De las autoridades de aquellos años, el único de alto nivel que queda vivo y que es señalado por testigos y algunas pruebas, como uno de los autores intelectuales de la matanza, es el ex presidente Luis Echeverría (1970-1976), quien entonces era secretario (ministro) de Gobernación (interior).

Echeverría tiene ahora 86 años y permanece desde noviembre de 2006 bajo arresto domiciliario a la espera de una resolución judicial que indique si será o no juzgado por crímenes como la masacre del 68 y otros relacionados a actos de represión cometidos durante su gestión.

Las cifras de los muertos en Tlatelolco van de 26, según la primera versión oficial, a 200 o más como afirmó el Consejo General de Huelga de aquellos años. La gran mayoría de las víctimas fueron jóvenes estudiantes que se habían reunido en la plaza capitalina para protestar contra el gobierno del hoy fallecido Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y exigir democracia.

Los estudiantes cayeron abatidos por algunas de las 15.000 balas que allí descargaron militares y policías. Unos efectivos dispararon desde las torres de departamentos que aún rodean la plaza y otros desde el paseo mismo, cuyas entradas habían sido taponadas con tanques de guerra y camiones.

La mayoría de los actores políticos consideran que esa matanza, cometida contra unos 5.000 estudiantes reunidos en la plaza capitalina, marcó un punto de inflexión en la historia del país.

Ese 2 de octubre empezó el derrumbe de los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que llegó al poder en 1929, señalan en coro los observadores. Sin embargo, no fue sino hasta diciembre de 2000, cuando esa agrupación perdió efectivamente la presidencia de México ante el conservador Vicente Fox (2000-2006).

«La gente me impidió el paso a la plaza, unas señoras dijeron que mejor me vaya, que los estaban matando a todos. No pude entrar, pero supe que quedaron muchos cuerpos tirados y que los militares actuaron como animales», dijo a IPS Rafael Fernández, un comerciante de ropa que para entonces tenía 17 años.

Pero aunque «todos hablan del 2 de octubre, hay que ver que lo fuerte vino después con las detenciones, con el surgimiento de guerrillas y la represión terrible», señaló Fernández, quien fue uno de los participantes de los movimientos estudiantiles y culturales de fines de los años 60 en México.

La ola represiva emprendida contra opositores por los regímenes del PRI afectó a miles y dejó 532 personas desaparecidas entre fines de la década del 60 e inicios de los años 80, indica una investigación judicial realizada durante el gobierno de Fox por la llamada Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado de México.

La represión fue la cara oscura de los gobiernos del PRI, que se autoproclamaban revolucionarios, apoyaban en política exterior a la Cuba socialista, abogaban por un nuevo y más justo orden económico internacional y acogían a cientos de perseguidos por las dictaduras que asolaban América del Sur en los años 70 y 80.

Los gobiernos del PRI mantuvieron los documentos oficiales que se referían a la matanza de Tlatelolco bajo candado. Pero eso no impidió que se encararan investigaciones independientes y que desde comienzos de los años 90 y hasta la fecha continuaran las indagaciones, sobre todo a partir del gobierno de Fox cuando se abrieron gran parte de los archivos oficiales.

No obstante, los datos obtenidos no son concluyentes. Con base a diversos documentos oficiales, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado concluyó que los muertos fueron 32, seis más que los reportados en 1968 por la extinta Dirección Federal de Seguridad.

Mientras, el Consejo General de Huelga, que impulsó las movilizaciones de 1968 desde la Universidad Nacional Autónoma de México, habló de 200, un informe desclasificado de la embajada de Estados Unidos en México consignó entre 150 y 200 y otras investigaciones señalaron que los muertos fueron entre 40 y 50.

Ninguna de las personas que activó las armas contra los estudiantes ha sido sancionada y no se sabe con certeza jurídica quién dio la orden de disparar contra los estudiantes.

Díaz Ordaz asumió la responsabilidad de los hechos aunque culpó a los estudiantes de iniciar el fuego contra policías y militares. El ya fallecido mandatario de entonces declaró que los jóvenes eran parte de «un contubernio asqueroso de conspiradores infiltrados» que respondían a las consignas del comunismo.

«Con la perspectiva da el tiempo, la movilización de entonces (del 68) aparece con nitidez como el eslabón principal del proceso para desmontar el sistema autoritario», opinó el columnista de izquierda Miguel Granados.

Para el historiador Enrique Krauze, a quien se identifica con el ala liberal de la derecha política, gracias a los acontecimientos de 1968, el «país supuestamente revolucionario acostumbrado a la obediencia y el silencio» cambió hacia uno con mayor libertad y democracia.

Son más de 600 los libros, documentales, películas, programas radiales, investigaciones judiciales y hasta tesis de grado académico que se han producido sobre la matanza en la plaza de Tlatelolco, también llamada de las Tres Culturas, pues allí confluyen vestigios de la civilización precolombina y de la española junto a edificios contemporáneos.

Los acontecimientos del 2 de octubre de 1968 pusieron fin a varias semanas de movilizaciones estudiantiles y huelgas para reclamar democracia, en un país en que regía el sistema de derecho, pero en el que el PRI controlaba todos los poderes del Estado y gran parte del movimiento social.

Tras la matanza, México realizó sin contratiempos las XIX Juegos Olímpicos.

Hasta la fecha, la impunidad se mantiene sobre la masacre de Tlatelolco y el único que puede ser castigado es Echeverría, acusado por fiscales de varios crímenes de Estado, entre ellos el de haber ordenado que se disparara contra los jóvenes el 2 de octubre de 1968.

Abogados del ex presidente interpusieron un amparo para que su cliente no entre en etapa de juicio sumario, recurso que no ha sido resuelto.

La justicia y varias investigaciones indican que Echeverría, en su momento calificado de progresista por intelectuales de la talla de Carlos Fuentes y Fernando Benítez, fue un ministro de mano dura y luego un presidente que desplegó una sangrienta represión contra opositores de izquierda.


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