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Reflexiones ante la falta de propuestas

La Izquierda y la Crisis I

Ariel Zúñiga

Miércoles 4 de febrero de 2009, puesto en línea por Ariel Zúñiga

Marx en la Ideología Alemana sostenía que la revolución se produciría cuando el capitalismo fuera insoportable para la mayoría de las personas en el mundo. Comenzando una nueva crisis, sin siquiera habernos levantado de las dos anteriores (82’ y 97’) me preguntó cuando será insoportable, bajo las premisas marxistas, y qué ocurrirá luego de esa revolución. Me parecen preguntas ingenuas pero válidas puesto que tras esta frase se esconden dos grandes bultos eludidos: El primero, una mitología democrática de la sociedad; segundo, qué hace la izquierda durante una crisis económica ¿se burla en una esquina canturreando «yo lo dije»? ¿Busca el modo de acrecentarla pues la caída del sistema producirá el socialismo por defecto? ¿O propone soluciones alternativas a las capitalistas para superar la crisis? ¿Se dispone de esa soluciones alternativa?

La economía de crisis es una economía de guerra según Hobsbawm y Wallerstein. Se había impuesto en Alemania inclusive antes de la primera guerra como sostenía Weber en su “teoría de las ciencias sociales” y ese modelo lo prosiguió Roosvelt, Churchil, De Gaulle, Lenin, Stalin, Ho Chi Minh, Hitler, Hiroito, Sadam Husein y por supuesto Obama. La discusión gira en torno a quien fue exitoso en dicha economía de guerra, lo que decidió en gran parte los conflictos, no sobre si se trató de proyectos económicos alternativos.

La imposibilidad de que Venezuela haya despegado en momentos irrepetibles en que el petroleo nunca valió tanto, explica por sí mismo la orfandad de ideas en que se encuentra la izquierda pues no es capaz de sentar cabeza ni con las condiciones optimas.

Pareciera que la economía capitalista es más exitosa cuando la emprenden capitalistas en vez que improvisados jefezuelos carismáticos; todo dependería de un milagroso cambio del sistema el cual el izquierdista espera pero no hace nada para su advenimiento pues todos sus esfuerzos se dirigen a obtener o aumentar el poder en la sociedad capitalista en donde los capitalistas reinan indefectiblemente.

La razón de que los candidatos presidenciales de izquierda efectúen promesas demagógicas y populistas que luego no cumplen, si es que se conjugan los astros y llegan a gobernar. Es que un automóvil no puede usarse ni como aeroplano ni menos como nave interestelar. Ostentar la primera magistratura no significa ser el hombre más poderoso del país, o más poderoso que todos los demás poderosos juntos, ni tener capacidad de lidiar contra el sabotaje nacional e internacional. El estado formalmente entendido consta de poderes legislativos que pueden ser puestos a dormir con grandes esfuerzos, pero de todos modos persistirán los magistrados, tecnócratas, y los funcionarios que componen la burocracia. Nadie puede gobernar contra todos ellos.

Esto nos lleva al primer asunto relevado, ¿El pueblo unido jamás será vencido?

No me parece que así sea puesto que existen múltiples evidencias de lo contrario. Muchos dirán que siempre el invasor u opresor se ha impuesto con el apoyo de los oprimidos ¿Pero acaso eso no transforma a esos traidores en gobernantes? Esa podría entenderse como una mera cuestión retórica pero lo que quiero manifestar es que los sistemas de control de la clase dominante mundial, y sus embajadas locales, son mucho más eficientes de lo que quisiéramos y pretender que nuestra acción colectiva bastará y sobrará es creer que nuestro sistema es esencialmente democrático. Que no se nos olvide que los ricos pueden pagarle a la mitad de los pobres para matar a la otra mitad, en eso consiste básicamente el poder del dinero.

Es preciso crear brechas en la clase dirigente y conciliar en un plan que permita no sólo la toma del poder sino que asegure impedir un ejercicio del poder equivalente a la situación que se quiere superar.

Lo contrario es transformar a los revolucionarios en clase dirigente, y cuando el proceso es local, en parte de la clase dirigente. Eso se resume con decir cambiar todo para que nada cambie.

Un gobierno que se dice de izquierda gobernando en un sistema de derecha es un fraude que forzará al líder a hacer todo lo posible para seducir a sus adherentes, pues sólo el escandilamiento explica su vigencia.

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