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CHILE - Ideas para provocar el debate sobre la necesidad de una orgánica para la acción política

Colectivo Punto de Partida

Lunes 6 de julio de 2009, puesto en línea por Ariel Zúñiga

Punto de Partida.

El escenario de transformaciones de la economía y la subjetividad en Chile hacen necesario nuevas formas de organización para reactivar la acción política. El agotamiento de los “proyectos tradicionales” presentes en la realidad chilena resulta evidente, tanto de aquellos que durante estos años han contado con representación parlamentaria, como de aquellos que se han mantenido fuera del sistema político representativo.

En este escenario, especialmente confuso desde el punto de vista político-electoral, emergen diversas voces autoproclamándose la representación de una diferencia, una distinción, un cambio con respecto a aquellos proyectos que se declaran agotados. Senadores que se deciden a iniciar proyectos personalistas, diputados que intentar representar un cambio generacional, pactos de izquierda que se proponen enfrentar al proyecto hegemónico pactando con él su incorporación al sistema electoral, son todos proyectos que intentan competir en una suerte de ruleta rusa para ver si reciben al final de la jugada, una tajadita del sistema.

El problema es que todos estos proyectos parecen querer hacer política sin antagonismo. Intencionalmente o no, encarnan paradójicamente la metáfora del desalojo que popularizara hace ya un tiempo la derecha chilena. Efectivamente, la metáfora del “desalojo” expresa una competencia sin antagonismo en la cual la disputa se establece por administrar “el lugar” de la política, mientras se asume un consenso en torno al sistema que la política debe administrar. Si bien debemos ser justos y decir que muchos de estos actores no tienen un consenso explícito con el modelo, su acción en la práctica reproduce el orden fundante, y por lo tanto, refuerzan su mantención en el tiempo.

Esta separación entre política y antagonismo es uno de los mayores logros de la transformación de la subjetividad producida a partir de la implementación del modelo neoliberal en Chile. La política ha sido vaciada de su significado histórico vinculado a la confrontación de proyectos históricos, modelos de sujeto y sociedad, y proyectos de vida personal. La idea que la mayoría de la gente dediquemos parte de nuestro esfuerzo personal, nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestro trabajo, al desarrollo de un proyecto político hoy resulta extemporáneo. La idea respecto de que la política tiene que ver con la sistematización, el compromiso, la organización del trabajo se ha perdido, y por ello, cada elección presidencial desde aquella en que debutaron los proyectos alternativos con Max-Neef, nos encontramos con algún proyecto «espontaneísta» que intenta hacer política sin antagonismo a través de un discurso que trata de capitalizar el descontento, el desazón y el agotamiento de los proyectos hegemónicos.

En este contexto, resulta evidente la necesidad de activar una experiencia política que se aparte de los discursos explícitos e implícitos del “desalojo” y se proponga reconstruir un antagonismo movilizador, vitalizador, activador de una acción política de largo plazo, que sin atolondrarse, se proponga avanzar a través del diálogo entre lo local y lo global, en la construcción de un discurso político capaz de convocar a los nuevos sujetos de nuestra sociedad.

La formulación de un proyecto de estas características supone recuperar la idea de militancia, de compromiso, de sistematización en la tarea de hacer política. No es posible pretender reconstruir un nuevo antagonismo político desde el «espontaneísmo» y la improvisación. Efectivamente, las técnicas de gobierno de la subjetividad política (encuestas, anuncios publicitarios, informes de centros de estudios, noticiarios, elementos de consumo material y simbólico, etc.) son tan eficientes en la actual sociedad de la información, que cualquier pretensión de iniciar una acción que vaya en contra de sus intereses, debe ser capaz de aglutinar mucha fuerza y compromiso social.

Por ello es que el desafío de hoy no es seguir trabajando sólo el diagnóstico del actual sistema político, como si pudiéramos llegar algún día a una representación exacta de lo que efectivamente es el mundo actual, sino más bien, el desafío de hoy es abrir un debate sobre cómo podemos organizarnos para enfrentar el actual estado de cosas. ¿Qué tipo de orgánica podemos asumir que integre positivamente el valor de la militancia y el compromiso, con la creatividad y la flexibilidad?

La forma de organización que nos demos debe superar nuestros traumas anteriores, es decir: debemos superar la tranca de la generación de los 80 de haber sido derrotados por la máquina partidaria, debemos superar la debilidad de la generación de los 90 de no haber sido capaces de construir nada distinto a la máquina partidaria y debemos también superar el miedo moralizante de la actual generación sobre toda manifestación de la maquinaria partidaria. No podemos discutir sobre una forma de organización democrática y eficiente sin dejar atrás esos traumas, esas trancas, esos miedos, esas debilidades. No porque debamos renunciar a las críticas contundentes que hemos construido en estos años ante estas formas de organización del poder, sino porque debemos ser capaces de construir de manera creativa una nueva manera de trabajo, democrático y participativo, pero también formal y efectivo para iniciar un proyecto político de cambio con resultados en el mediano y largo plazo.

La invitación de esta jornada es a debatir sobre cómo podemos organizarnos, ¿qué tipo de orgánica podemos construir?, ¿qué modelo de funcionamiento podemos asumir? Si hoy somos capaces de construir un acuerdo sobre aquellos elementos mínimos que deben sustentar la estructura de un proyecto político novedoso, estaremos dando un pequeño gran paso para que esta no sea una nueva iniciativa fracasada que recordemos en algunos años más.

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