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CHILE - En honor a Felipe Cubillos

Julio Labraña

Miércoles 5 de octubre de 2011, puesto en línea por colaborador@s extern@s

««En el hombre, las emociones se suscitan más rápidamente que la inteligencia... es mucho más fácil solidarizarse con el sufrimiento que con el pensamiento» Oscar Wilde.»

Quiero tocar un tema específico que dado su carácter controversial amerita un par de aclaraciones previas. Una cosa es el trato íntimo y la imagen que sobre las personas recientemente fallecidas en el accidente de Juan Fernández posea cada uno y otra muy diferente, en cambio, es el rol que estas personas cumplían en la sociedad. Es sobre este aspecto en donde busco rechazar algunos mitos o, más bien, esclarecer la funcionalidad de estos. La intimidad de la memoria es una operación psíquica, no social.

En los últimos días hemos observado como desde losmedios de comunicación se ha intentado desligar la posición de empresario de Felipe Cubillos para privilegiar la de benefactor y filántropo. Nos dice la televisión que la actuación de este es opuesta a aquellos infames actos realizados por ejecutivos de La Polar. Él es, al contrario de ellos, un ejemplo a seguir, un digno representante de la responsabilidad social empresarial a la cual todos los «emprendedores» debiesen aspirar. No es difícil empatizar emocionalmente con esta formulación. Felipe Cubillos no robó descaradamente a las familias más pobres del país sino que contribuyó a construir escuelas, comercios y jardines infantiles en las zonas más devastadas por el terremoto y posterior maremoto de febrero de 2010. Pero, ¿qué me diría si le dijese que la actitud de los ejecutivos de La Polar es valórica e intelectualmente más honesta? ¿y si el «malo de la peícula» fuese Cubillos?

Acerquemonos un poco más a la figura de este empresario. Felipe Cubillos fue criado en una familia adherente a la dictadura militar en la que su padre Hernán Cubillos Sallato fue ministro de Relaciones Exteriores entre 1978 y 1980. Una de sus hermanas fue parlamentaria de la Unión Demócrata Independiente por Ñuñoa y Providencia. Él optó, en cambio, por seguir una carrera empresarial. Tras titularse de abogado de la Universidad de Chile realizó un postgrado en Administración dedicándose a la fundación de varias empresas: Marina del Sur, Piscicultura Australis, Naviera El Navegante y la organización B2B Senegocia.com. Durante el mismo periodo ejerció como decano de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales bajo la rectoría del ex ministro secretario general de Pinochet, Francisco Javier Cuadra.

Una primera revisión a estos antecedentes no deja dudas de la posición de la persona en la sociedad. Al revisar sus intervenciones políticas estas premisas se confirman destacando las defensas realizadas en columnas del diario La Segunda defendiendo la desregulación del Estado en favor de la iniciativa privada en la educación. Sin embargo, no es posible clasificar en forma tan simple. Tras el desastre ocurrido en el 2010 impulsó el proyecto «Desafio Levantemos Chile» mediante el cual apoyó la reconstrucción de una parte importante de las viviendas y escuelas que habían sido destruidas y cuya responsabilidad no había sido acaparada por el Estado. Sin duda, para las personas afectadas la actuación de Cubillos fue una bendición. El clamor popular (que aparece hoy nuevamente) destacó las cualidades de este empresario comprometido socialmente.

Sin embargo, ¿no será qué esta forma de empresario es la única aceptable en estos tiempos? ¿es posible que el explotador que requiere del disciplinamiento físico e intelectual del proletariado sea cosa del pasado (Foucault)? El filósofo esloveno Slavoj Zizek describe que a partir de los años 60’ el capitalismo da un giro en la revolución de los medios de producción: no es simplemente revolucionar el capital sino además constituir soluciones parciales a los problemas autocreados (la cura es al mismo tiempo el veneno). Este diagnóstico es coherente con el realizado por el sociólogo Niklas Luhmann. En su teoría de la evolución social, el estado actual se define por la inclusión masiva en los sistemas funcionales (toda persona es considerada en términos iguales). Como es claro, no todos poseemos un idéntico valor en los sistemas funcionales debido a los resabios de estratificación. No es lo mismo estar en un colegio privado que en uno municipal o ir a una clínica que a un hospital. Pero ambos asistentes pueden, en última instancia, definirse por estar incluidos.

En este sentido, la actuación de los «comunistas liberales» como Felipe Cubillos hace probable la inclusión (diferenciada) en la sociedad transformando en improbable la resolución de las contradicciones que provocan esta desigualdad. Es un remedio que no cura, es la posibilidad de continuar argumentando en la inclusión generalizada como definición sistémica. Es favorecer la existencia de una educación, una salud y una vivienda diferentes según el origen social. Pero, ¿qué es lo que sucedería en la ausencia de esta «solidaridad institucionalizada»? No es necesario hacer política ficción desde que tenemos el ejemplo de Dichato. En esta ciudad de la octava región los pobladores realizaron fuertes protestas por el atraso en la reconstrucción prometida por el gobierno de Piñera. Enfrentamientos violentos entre pobladores y carabineros no estuvieron ausentes dejando de tener la desigualdad un carácter natural. Es interesante ejecutar un paralelo con el surgimiento de la «cuestión social» en la década del 20’: no es que las desigualdades fuesen constituidas recién en esa década sino que durante este periodo son observables.

La actuación de Cubillos oculta la radicalidad de estas contradicciones sustituyéndolas por una desigualdad más aceptable o trasladando sus consecuencias hacia el futuro. Para este tipo de personas, no se trata de criticar intelectualmente el modelo económico sino que de proponer, tras un acto básico de empatía, nuevas formas de administración manteniendo la desigualdad sobre la cual se funda. No es de extrañar que se estén discutiendo leyes basadas en este nuevo santo, altamente funcional a fin de cuentas. A fin de cuentas, no es difícil imaginar los silencios culpables con los que este «luchador por la justicia» hubiese respondido el cuestionario del poeta Bertolt Brecht:

_Bueno, pero ¿para qué?
Dices que no eres sobornable; pero el rayo que cae sobre la casa tampoco es sobornable.
_De lo que una vez has dicho no te retractas. Pero, ¿qué has dicho?
_Dices que eres honesto, que lo que piensas lo dices. Pero, ¿qué piensas?
_Que eres valiente. ¿Contra quién?
_Que eres sabio. ¿Para quién?
No te preocupa tu beneficio personal. ¿El de quién entonces?
Que eres un buen amigo. ¿De buena gente?


labrana.j07[AT]gmail.com

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