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MÉXICO - 2018: López Obrador o el abismo del crimen organizado

Alberto Carral, ALAI

Viernes 6 de octubre de 2017, puesto en línea por Claudia Casal

4 de octubre de 2017 - ALAI - En un clima político que, desde ahora, ciertamente se percibe denso y plagado de provocaciones, el 1º de julio de 2018 el pueblo tendrá que elegir entre Andrés Manuel López Obrador —quien es el único candidato de oposición real al régimen— y los candidatos de los grupos mafiosos que se han encaramado en el poder desde hace años en México. Aunque él y su partido, Morena, se mantienen muy por encima de sus contendientes en casi todas las encuestas de preferencia electoral, no son pocos quienes lo critican, algunos con justicia y otros influidos por las agresivas y sistemáticas campañas oficiales de desprestigio en su contra. También hay quienes, no obstante su simpatía hacia el líder progresista, aseguran que el régimen no lo dejará llegar a la presidencia y que, por lo mismo, no tiene caso desgastarse en esa infructuosa cruzada. Sin embargo, la situación del país es tan insostenible y la ausencia de opciones tan ostensible, que segmentos muy significativos de empresarios, profesionistas, técnicos y artistas, así como una mayoría cada vez más amplia de todas las clases sociales, están decididos a apoyar a AMLO y a convencer a los escépticos de que el gobierno no podrá hacer fraude si la gente sale a votarlo en masa. Como nunca antes, los ciudadanos están hartos de la virtual dictadura en la que se ha convertido el régimen político mexicano, y es comprensible, pues el camino de la degradación nacional ha sido largo y doloroso.

Miguel de la Madrid fue el encargado de abrir la puerta a un tipo de capitalismo salvaje que destruyó México. Lo sucedido no ha sido producto de la casualidad ni de la fatalidad, sino de una estrategia cuidadosamente planeada y ejecutada durante los últimos 34 años de nuestra historia. Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter en los años setenta, solía decir, palabras más palabras menos: «Estados Unidos no puede permitirse el lujo de que aparezca otro Japón al sur de su frontera» [1], refiriéndose a la potencia productiva y política que era México en ese entonces, cuya economía había venido creciendo a un ritmo superior al 6 por ciento anual durante cuatro décadas. Si, en efecto, el temible estratega polaco señalaba como una seria amenaza a los intereses imperiales al país que seguía esa ruta de desarrollo, al mismo que un ultra ignorante y desinformado como Enrique Peña Nieto califica, sin rubor, como el «modelo del pasado que ya ha fracasado» [2].

Su estrategia —me refiero a la del Pentágono y la Casa Blanca— consistió en llevar a la presidencia de México a sus incondicionales vasallos (así fuera mediante escandalosos fraudes electorales), para poder expoliar nuestras riquezas a sus anchas y sin ningún impedimento. Peña Nieto fue la cereza de ese pastel llamado «La Entrega de México», pues se encargó de obsequiar al capital extranjero nuestras riquezas más preciadas. Por ello, y por muchas otras de sus perversas acciones, son múltiples los calificativos que se ha ganado a pulso este obsecuente y acomplejado personaje. Por supuesto, el epíteto de asesino le ajusta como a nadie, pero otros tantos también son precisos y descriptivos: vende patrias, ladrón, ignorante, roba elecciones, narco político, represor, intolerante, vengativo, odioso, misógino... y muchos más. Es, podría decirse, un fracasado multifacético.

Su pequeñez lo hace más peligroso, pues guarda un odio profundo hacia sus críticos, representados por la inmensa mayoría de los mexicanos. Pero, además, y con razón, le aterra la posibilidad de ser juzgado y encarcelado, de ahí que haya emprendido una cruzada para frenar a López Obrador, utilizando para ello todos los recursos a su alcance. Quiere a José Antonio Meade o Aurelio Nuño del PRI, a Margarita Zavala del PAN, al Bronco de “independiente” y a Miguel Ángel Mancera del PRD, como posibles candidatos a modo para interponerse en el camino del tabasqueño rumbo a la presidencia.

Por lo expuesto hasta aquí, la pregunta es obvia: ¿Quién, en su sano juicio, puede esperar que a México le iría mejor con alguno de ellos que con Andrés Manuel López Obrador en la presidencia? Ya nadie duda (¿o sí?) que este país es gobernado por criminales. No se trata de una alianza episódica, sino de una fusión estructural entre el gobierno corrupto y el crimen organizado, por lo que, en tales condiciones no parece haber más alternativa que apostarle al Peje (como lo llama la gente), porque el problema mayor no es él, sino el Cartel que nos domina y que quiere —al costo que sea— mantenerse en el gobierno para seguir sirviéndose del país como si fuese su negocio privado.

El gran riesgo es que, si estos hampones continúan en el poder, la nación llegue incluso al extremo de balcanizarse, es decir, de dividirse en varios territorios. Porque, dada la compleja y delicada situación actual, otro gobierno del PRI, del PAN o del PRD sería tan débil, que Washington y las multinacionales aumentarían aún más la presión para ir por lo que queda de México. En este probable escenario, la violencia tendería a desbordarse aún más en todo el territorio nacional, pues, como sabemos, el imperio estadounidense ya no conquista países sino que arrasa con ellos, como lo ha hecho en Siria, Irak, Libia, Yemen... y como desearía hacerlo en Venezuela y en otras naciones soberanas.

Es posible anticipar que López Obrador sería un presidente bastante conservador, en tanto que estaría constreñido por muy poderosos intereses, de dentro y de fuera de México, pero no me queda la menor duda de que es el único capaz de frenar la escandalosa corrupción y la violencia desatadas, dos graves asuntos que, de momento, son los que más angustian a los mexicanos. Seamos claros, no estamos frente a una disyuntiva ideológica, sino de sobrevivencia física: o gana el Peje y se abre la posibilidad de una transformación de régimen, o gana el crimen organizado y se acaba México.

Ciudad de México, 3 de septiembre de 2017


https://www.alainet.org/es/articulo/187818

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[1Gretchen Small, ¿De verdad sabes quién fue José López Portillo? Resumen electrónico de EIR, Vol.XXIV, núm. 12 https://larouchepub.com/spanish/reir/privado/anteriores/2007/12/re_jlp.html

[2Rosa Elvira Vargas y Alonso Urrutia, La Jornada online http://www.jornada.unam.mx/2017/09/03/politica/004n1pol

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