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BOLIVIA - La libertad de prensa y el libertinaje empresarial

Jubenal Quispe

Jueves 3 de mayo de 2007, puesto en línea por Jubenal Quispe

El tres de mayo encuentra a muchos periodistas bolivianos en medio de un fuego cruzado. Por un lado, como decía el periodista Juan Pujol a inicios del siglo XX: “La libertad de opinión de los periodistas es completamente ilusoria. Tienen que decir lo que a las empresas conviene o presentar la dimisión”. Por otro lado, estos profetas de la verdad soportan la fulminante agresividad de algunos sectores de los movimientos sociales, quienes cansados de la manipulación informativa que realizan algunas empresas de “comunicación” masiva, descargan su bronca contra los periodistas dependientes de dichas empresas.

En los desencuentros sangrientos del enero último, en la ciudad de Cochabamba, un periodista, al ser identificado como trabajador de UNITEL (empresa televisiva del banquero y terrateniente Osvaldo “Pato” Monasterio) e interpelado por la ciudadanía enardecida, decía: “Nosotros sólo captamos las imágenes y llevamos los reportes a la sala de prensa”. Al día siguiente del sangriento 11 de enero, un ejército de ciudadanos organizados y armados con palos y piedras avanzaba hacia la estación central de UNITEL y apedreaba la vistosa fachada de dicha empresa.

Nunca antes se había visto una reacción tan violenta por parte de la ciudadanía en contra de un medio de “comunicación”. No por lo menos en Bolivia. Por lo regular las agresiones contra los medios de información provienen del Estado. Ahora es ya casi una práctica común que la policía sindical restrinja el ingreso de periodistas de algunos medios de información a los ampliados y a los congresos de los movimientos sociales e indígenas.

Estas reacciones espontáneas deben de interpelar a los periodistas, a los directores de noticias y a los dueños de las empresas de “comunicación”.

El periodismo es una vocación social que implica una responsabilidad pública. Encuentra su fundamento último en el ejercicio del derecho fundamental a la información que tiene todo ciudadano. Así está estipulado en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La libertad de prensa no es una muletilla más para que los opinadores o empresarios, amenazados en sus intereses económicos e ideológicos, desinformen o adoctrinen a la ciudadanía.

La libertad de prensa consiste en la potestad ciudadana de exigir información completa sobre asuntos socialmente importantes. Implica una investigación profunda y la difusión completa y veraz sobre lo investigado por los periodistas (Desantes, 1998: 81)
La libertad de prensa sólo es reconciliable con la libertad de empresa si acaso la empresa comunicacional se sujeta al derecho de la información completa y transparente que tiene la ciudadanía.

La desconfianza ciudadana traducida en reacciones violentas contra algunas empresas de “información” no es más que una respuesta al velado sensacionalismo y oposición cerrada (que han asumido algunos empresarios de la prensa) a los procesos de cambio que vive el país. La gran mayoría de las empresas de información masiva, hoy, se han convertido en un reducto de resistencia política y cultural a la nueva configuración sociopolítica del país. Basta saber quiénes son los dueños, los analistas y los comentaristas de noticias en algunas empresas de alcance nacional. UNITEL, propiedad de Osvaldo Monasterio, latifundista de Santa Cruz. PAT y su comentarista principal Roberto Barbery, cuya familia acapara cerca de 280 mil hectáreas de tierras en el Oriente Boliviano. BOLIVISIÓN, cuyo accionistas principal es Tito Asbún, hoy, prófugo de la justicia boliviana. RED UNO, propiedad del derrotado candidato a la vicepresidencia por diferentes partidos de la derecha, Ivo Mateo Kuljis. Así la lista sigue y suma en el intento del adoctrinamiento mediático que no gusta a la ciudadanía alfabetizada.

La libertad de prensa es el mejor termómetro para medir el grado de la democracia política en los países. El año 2006 Bolivia ocupó, según Reporteros Sin Fronteras, el puesto 16 de cerca de 200 países en la evaluación de la libertad de prensa. Bolivia compartía este puesto con Canadá y Austria. Estaba por encima de EEUU, “adalid” de la democracia, que se encontraba en el puesto 53. La libertad de expresión y de prensa en Bolivia raya en algunos casos en el libertinaje. Sólo aquí se permite insultar al Presidente, desde los canales de la televisión, con calificativos de: Burro, ignorante, resentido, rabioso. Todavía recuerdo cómo el Presidente de la Brigada Parlamentaria de Santa Cruz, el pasado año, sugería colocarle un bozal al Presidente de la República.

Estos excesos obligan a los periodistas, a los empresarios y a la ciudadanía en general a reflexionar y a redefinir el rol de la prensa en los procesos que vive el país. En aras de profundizar la libertad de prensa, es necesario que ésta sea más horizontal y menos vertical, más pluridireccional y menos unidireccional, más interpeladora y menos pasiva, más liberadora y menos opresora, más democrática y menos dictatorial. Es bastante difícil que la prensa empresarial se sujete al bien común y renuncie al poder, pero no es imposible que los profetas de la Palabra asuman la mística de la disidencia frente al poder, y profesen el respeto absoluto a la verdad y a la dignidad de la persona humana.

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Mensajes

  • Y que me dice usted Sr. Quispe, que desde hace rato huele a seudónimo, no es también parte del ejercicio digno de la libertad de expresión, el firmar y dar la cara, de frente, cuando se juega, también, a franco tirador como usted.

    la preguntita también es: El uso anti-ético que hace el presidente Morales del canal del Estado, hoy canal del gobierno; acaso, no cae en el mismo sitio en donde usted pone a la empresa privada.

    la preguntita también es: Las más de 600 radios, pagadas por Hugo Chavez, el nuevo patrón de Bolivia, y sin lugar a dudas también con la platita de los ciudadanos bolivianos. Acaso, también, no es criticable semejante estartegia de ’ideologización’, claro todos sabemos que ustedes apuntan a elecciones en el 2008, no vé?

    la preguntita también es: y los spot’s pagados por el gobierno de su presidente, en contra de sus opositores, y cuando no, en contra de movimientos de civiles ( ósea, movimientos sociales) que se manifiestan pacíficamente,

    la preguntita es: y defensa y cámaras para el civil Tica Colque integrante, del grupo avasallador que intentó dar un golpe a la democracia, milicias armadas pagadas por Evo Morales y sus correligionarios como usted.

    la preguntita es: por qué no hubo defensa y propaganda, para un joven de 17 años. La preguntita es y Cristián Urrezti???

    Claro lo entendemos, usted es parte del grupículo de periodistas golpistas a la democracia, en busca del poder político, con hambre de poder político, al mejor estilo de su cabeza: el terrorista refugiado por Morales en Bolivia, el ’oscuro’ WALTER CHAVEZ.

    Hernán Salazar

  • La peor amenaza a la libertad de expresión
    Gonzalo Peltzer

    Peor amenaza que las broncas de Hugo Chávez, de Evo Morales o de Néstor Kirchner es la ignorancia de nuestro pueblo. Peor todavía que la cárcel de los hermanos Castro a 28 periodistas cubanos es la pobreza de nuestra gente.

    Durante los últimos quince días de marzo ocurrieron dos hechos bien interesantes en Cartagena de Indias. La semana pasada se reunieron los más importantes lingüistas castellanos en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española. Los 80 años de Gabriel García Márquez hicieron coincidir en la bellísima ciudad del Caribe a tan augustos representantes de la segunda lengua del planeta, la que hablamos y escribimos casi 500 millones de personas, sin contar los cientos de millones que la saben porque la estudiaron. Allí, en Cartagena, se lanzó y se agotó una edición especial de Cien años de soledad con un error memorable en su promoción. Y allí también estuvieron los reyes de España –que no son eruditos pero sí augustos– además del presidente Uribe, y, por supuesto el gran Gabo, cada día más inmortal, que recibió homenajes de todo el mundo.

    Apenas unos días antes había terminado, también en la mágica Cartagena, la Reunión de Medio Año de la Sociedad Interamericana de la Prensa: la SIP, que los gringos llaman IAPA por sus siglas en inglés. También fue de esa partida Gabriel García Márquez, aunque se escaqueó del panel sobre narrativa: una lástima, ya que era lo más importante que se podía decir en esa reunión de periodistas y él estaba a esa hora en su propia casa tomando mojitos, a metros del lugar de las deliberaciones. Al final solo lo aprovecharon sus propios amigos, a los que tocó compartir su mesa en un almuerzo bastante bien regalado. Bill Gates apareció al final, como estaba anunciado, para cerrar la reunión y morirse de calor. Dijo que la era digital evitará la tala de millones de pinos… Es que no sabe todavía que es al revés: sin diarios no habría pinos pues los plantamos para eso, lo mismo que no existirían los pollos si no los comiéramos, o los toros bravos si se acabaran las corridas. Esta insistencia de los periódicos por hablar de internet me aburre hasta el sopor; como si los empresarios de radio se reunieran para hablar sobre fotografía digital.

    Después de debatir sobre otra industria y considerar la inmortalidad del cangrejo, la SIP ha denunciado planes deliberados por doquier contra la prensa libre en nuestra América Latina. Están preocupados, entre otras cosas, por las declaraciones del presidente Evo Morales, que ha dicho con una clarividencia sorprendente que quiere “que se informe a esa organización llamada Sociedad Interamericana de Prensa que en Bolivia hay libertad de prensa, hay libertad no solo de prensa, sino incluso libertad para discriminar, para marginar, para humillar, para acusar falsamente”. Deberían saber los cráneos de la prensa que estas bravuconadas son lluvias pasajeras en la historia de la industria y que no vale la pena perder ni un minuto de nuestro tiempo con todo lo que hay que ver en Cartagena de Indias.

    Por distintos motivos siempre algún poder (o algún desequilibrado) cercena la libertad de prensa, pero la industria sabe capear el temporal y consigue filtrarse por los resquicios del poder o esquivar al chiflado ocasional. La SIP se ocupa de ellas en declaraciones y advertencias, generalmente tan poco eficaces como el sermón de un cura a los convencidos que ya están en misa. La publicidad de los gobiernos se ha convertido en una suerte de extorsión a la que muchas veces la industria se ha prestado con lamentables resultados: se trata, casi siempre, de publicidad innecesaria, cara y con el único fin de comprar la voluntad del medio en cuestión. En este contexto, cuando el poder retacea o retira la publicidad a los medios que critican su accionar, les hace un favor: los vuelve libres y los coloca frente a su verdadero negocio.

    Otras amenazas, mucho más graves, pesan hoy sobre la libertad de prensa en nuestra América mestiza. Sin ir más lejos, podría ocuparse la SIP de defender una industria económicamente sustentable, pues es la insolvencia económica de muchos medios la que los lleva a caer en las mencionadas maniobras de extorsión con la publicidad pública o privada. Además en muchos países el sistema de distribución y comercialización de periódicos es tan perverso y mafioso que asfixia a los diarios y les impide vender su producto con libertad. Para colmo está amparado por leyes antiguas, injustas y poco republicanas.

    Pero muchísimo más grave todavía es la degradación cultural que aumenta cada año en nuestro continente. Se hace difícil encontrar profesionales idóneos para expresarse y público capaz de comprender los mensajes. Sin lenguaje no hay expresión posible, y la libertad de pensamiento se vuelve una quimera.

    Peor amenaza que las broncas de Hugo Chávez, de Evo Morales o de Néstor Kirchner es la ignorancia de nuestro pueblo. Peor todavía que la cárcel de los hermanos Castro a 28 periodistas cubanos es la pobreza de nuestra gente. La educación es la verdadera riqueza de un pueblo. No es posible la libertad de expresión si ni siquiera sabemos usar el lenguaje. Y más grave todavía es que a veces no llegamos a saber que nos falta esa libertad. Es una desgraciada realidad latinoamericana: nadie puede decir lo que no sabe cómo decir.

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