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HAITI - América Latina en Haití: ¿solidaridad?

Mario Joseph and Brian Concannon, Jr., IRC-Americas

Sábado 12 de mayo de 2007, puesto en línea por Brian Concannon, Jr.

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IRC - El presidente de Venezuela Hugo Chávez fue recibido como un héroe durante su visita el pasado 12 de marzo a Haití. Los habitantes de los barrios pobres de Puerto Príncipe salieron a las calles de la capital para animar, cantar y bailar, aportando el contagioso entusiasmo de las celebraciones haitianas.

El presidente Chávez devolvió las muestras de afecto. Salió del automóvil y se unió a la fiesta, marchando e incluso corriendo junto a la multitud. Una vez en el Palacio Nacional, Chávez se subió a la reja para aplaudir como si acabara de anotar un gol en el Mundial. Agradeció públicamente a los haitianos por su hospitalidad y su entusiasmo, y por su ayuda histórica a la libertad en el mundo.

Si Chávez y los haitianos se acoplaron tan bien fue por razones prácticas y de principio. Los haitianos consideran que Chávez es un líder en la lucha contra las desigualdades globales que mantienen a la gente en Haití, Venezuela y el resto de América Latina en una situación de pobreza, hambre y falta de educación. Lo admiran por afrontarse al hombre más poderoso del mundo, George W. Bush (cuyo nombre fue ese día frecuentemente invocado de manera no muy compasiva), al Banco Mundial y a otros «altos responsables». Lo mejor de todo es que Chávez, a diferencia del ex-presidente Jean-Bertrand Aristide (cuyo nombre fue ese día frecuentemente invocado de manera compasiva) ha logrado mantenerse siempre a la defensiva.

A su vez, Chávez sabe que los haitianos han soportado la desigualdad y la opresión por más de 200 años. Sabe que los haitianos ganaron su independencia en 1804 derrotando a Napoleón—el líder más poderoso de ese tiempo—y que Haití fue el primer pueblo en abolir la esclavitud. Chávez sabe, y lo reconoció en el Palacio Nacional, que Haití desempeñó un papel crítico en la independencia de su propio país. Entiende también que el pueblo haitiano sigue luchando por su soberanía, y seguirá en esa lucha el tiempo que sea necesario.

Asimismo el presidente Chávez fue bien recibido, pues trajo con él un paquete muy solicitado de regalos. En el palacio firmó un acuerdo por $100 millones de dólares con el Presidente de Haití Rene Préval, con el fin de proveer petróleo venezolano, asistencia al desarrollo y brindar ayuda financiera al convenio entre Cuba y Haití que mantiene a médicos cubanos en las zonas más pobres de Haití e instruye al mismo tiempo a trabajadores de la salud haitianos en escuelas médicas cubanas (Fidel Castro participó vía teléfono a la reunión entre Chávez y Préval). Estos regalos son primordialmente bienvenidos porque a diferencia de los donadores norteamericanos o europeos, Venezuela y Cuba no condicionan su generosidad a la disminución del gasto social en Haití o a la reestructuración de su economía con el fin de beneficiar a empresas multinacionales.

Esta exhibición pública de afecto mutuo contrasta vivamente con la pobre y crecientemente hostil relación entre haitianos y otros latinoamericanos en Haití. Apenas unos días antes de la visita de Chávez, el guatemalteco Edmond Mulet, Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas declaró ante el periódico Folha de Brasil que «una foto de Haití hoy revelaría una situación terrible: pobreza, ausencia de instituciones, debilidad y ausencia del Estado». El Embajador de Brasil en Haití, Paulo Cordeiro Andrade Pinto, dijo al periódico que el Presidente Préval era «pasivo» e «inactivo».

Los embajadores Mulet y Andrade Pinto no son de los que salen de sus automóviles para unirse a las celebraciones callejeras de Puerto Príncipe. Ellos viajan lo más rápido posible entre sus casas ubicadas en los barrios ricos y sus oficinas en barrios ricos también, con escoltas armados, en grandes automóviles con vidrios polarizados, ventanas cerradas y con el aire acondicionado encendido. Sus empleados son soldados de la MINUSTAH, la misión «pacificadora» de las Naciones Unidas que Mulet lidera y que Brasil dirige, quienes van sí a los barrios pobres, pero cuando lo hacen se quedan dentro de vehículos blindados, sosteniendo sus armas automáticas, en lugar de extender sus manos al pueblo haitiano.
La misión de la ONU tiene una definición diferente de paz

Las tropas de la MINUSTAH a veces hacen más con sus armas que sólo apuntar. Durante diciembre, enero y febrero, condujeron repetidas irrupciones en el pobre y denso barrio de Cité Soleil. Los voceros de la MINUSTAH afirmaban que las tropas perseguían a miembros de pandillas, pero sus rifles automáticos dispararon suficientes balas de alta potencia en las frágiles paredes de las casas de Cité Soleil (estimaciones de la MINUSTAH calcularon 22,000 balas en una sola incursión de 2005) como para matar a docenas de personas—mujeres, niños, ancianos—sin conexión alguna con la actividad pandillera.

Diplomáticamente, Mulet se refirió a los civiles como un «daño colateral». Tan colateral que la MINUSTAH no transportó al hospital a ninguno de los civiles heridos durante las irrupciones de enero y febrero. Las ambulancias de la ONU se encontraban en la escena, pero únicamente para los soldados.

Son los barrios en donde la MINUSTAH interviene más—Cité Soleil, pero también Bel-Air y otros—los que proveen la multitud que congratula con tanto entusiasmo al Presidente Chávez. Son también la base urbana del movimiento haitiano Lavalas, que aportó los votos que dieron la victoria absoluta a los presidentes Aristide y Préval en 1990, 1995, 2000 y 2006. Los barrios nunca aceptaron el derrocamiento de su gobierno constitucional en febrero de 2004, patrocinado por Estados Unidos, Canadá y Francia, ni el exilio forzado de Aristide a África, en un avión del gobierno de Estados Unidos. No han aceptado tampoco a la MINUSTAH, la única misión pacificadora en la historia de la ONU que fue desplegada sin ningún tipo de acuerdo de paz.

La misión de la MINUSTAH servía para consolidar el golpe de estado de Bush. Al principio dio apoyo al brutal y anticonstitucional Gobierno Interino de Haití (IGH por sus siglas en inglés), dirigido por el Primer Ministro Gérard Latortue, conductor de televisión y partidario de Bush, transferido desde Boca Raton, Florida. La misión apoyó la campaña de terror ejercida por la fuerza policíaca del IGH contra Lavalas , e incluyó ataques de la MINUSTAH en los barrios pobres. Después del regreso a la democracia de Haití en mayo de 2006, la policía haitiana detuvo sus asesinas irrupciones en lugares como Cité Soleil. Pero la MINUSTAH sigue tirando, bajo la presión de la administración Bush y las elites haitianas de seguir «línea dura» contra los barrios pobres.

La población de Cité Soleil no minimiza la violencia pandillera—pues como todos los pobres de cualquier lugar, ellos cargan con lo peor del crimen callejero. Pero creen que la violencia no será nunca derrotada con violencia y que la situación puede únicamente solucionarse con éxito mediante servicios de salud, trabajo y condiciones de vida dignas. Estas son las armas desplegadas por Chávez y por el Aristide, quien brindó trabajo a los jóvenes de Cité Soleil. Cada semana los haitianos salen a las calles para pedir que la MINUSTAH se vaya y que regrese Aristide. El 12 de marzo, al mismo tiempo que «Vive Chávez, Vive Aristide», cantaban «Abajo Bush, Abajo MINUSTAH».

La MINUSTAH por lo menos entiende lo atractivo de la generosidad del presidente Chávez. Después de la mala publicidad ocasionada por las irrupciones de diciembre y enero en Cité Soleil, el Departamento de Comunicación de la misión empezó a fortalecer sus esfuerzos para ganarse el corazón y las mentes de Cité Soleil, proveyendo salud, agua y comida en las áreas en donde habían sido desalojados miembros pandilleros. En marzo, los residentes de Cité Soleil nos llevaron a un terreno de basketball, cerca de la base de una supuesta pandilla. El mismo día fueron subidos al Internet atractivos reportes de prensa, completados con fotos del trabajo humanitario de la MINUSTAH. El Coronel brasileño Alfonso Pedrosa alabó la distribución de 200 botellas de agua y de 1000 platos de comida distribuidos por la MINUSTAH, con el fin de demostrar cuánto las cosas han cambiado desde la partida de pandillas.

La MINUSTAH convirtió la chancha de basketball en un aparador que muestra el cambio de Cité Soleil. El día en que los cascos azules tomaron el control, la cancha fue rápidamente transformada en una recurrida base humanitaria, con centros de distribución de agua y de comida y un hospital de terreno. Sin embargo los residentes de Cité Soleil explicaron que el centro humanitario duró un solo día. Una vez que los fotógrafos, reporteros y especialistas de relaciones públicas documentaron el generoso derroche de la MINUSTAH se dio por terminada la operación. El centro humanitario regresó rápidamente a lo que se ve—una asoleada y polvorienta cancha de basketball. Los soldados de la MINUSTAH regresaron a patrullar Cité Soleil desde sus tanques, armados y listos para disparar.

Los haitianos con los que platicamos sienten que la campaña de «los corazones y las mentes» de la MINUSTAH se dirigía a los corazones y las mentes de los que leen los periódicos y ven la televisión en Sudamérica y Estados Unidos; los mensajes en Cité Soleil siguen siendo entregados con la ayuda de rifles automáticos. Los residentes se burlan del cinismo de los embajadores Mulet y Andrade Pinto y de la MINUSTAH, llamando a la misión «TOURISTAH».
La alternativa bolivariana al capitalismo impuesto

Chávez y la MINUSTAH han tomado dos diferentes líneas de solidaridad en Haití, iniciadas ambas por Simón Bolívar, El Libertador de Sudamérica. Después de un revés en su labor libertadora, y habiendo sido expulsados de Venezuela y posteriormente de Jamaica, Bolívar y sus seguidores llegaron a Haití la víspera de la Navidad de 1815. Pétion, presidente de Haití, recibió a los combatientes de la libertad, proporcionándoles abrigo, armas, municiones y una imprenta. Antes de su partida para dirigir la sublevación de abril de 1816 en Venezuela, Bolívar preguntó cómo podía compensar la generosidad haitiana.

Pétion le respondió que la mejor forma de agradecer a Haití sería liberando a todo los esclavos de colonias españolas. Una vez en Venezuela, Bolívar el idealista liberó a los 1,500 esclavos que su familia poseía, y el 6 de julio publicó en la imprenta de Pétion, la proclamación de la abolición de la esclavitud en todo Hispanoamérica. Los presidentes Chávez y Préval conmemoraron dicha cooperación colocando flores en los monumentos a Pétion y Bolívar en Puerto Príncipe.

Sin embargo, Bolívar sufrió otro revés, y en septiembre estaba de regreso a Haití. Nuevamente Pétion brindó protección y recursos, y Bolívar lanzó otro ataque en diciembre de 1816. Esta vez logró su objetivo, liberando una buena parte de territorio de Venezuela hasta Bolivia. Pero también esta vez su objetivo de libertad era más limitado. El Libertadorse había convertido en un «realista», capaz de comprometer sus ideales fundamentales con tal de satisfacer a sus aliados. Esta vez tampoco imprimió una proclamación de emancipación, y Venezuela conservó la esclavitud y sus horrores casi durante el mismo tiempo que Estados Unidos—hasta 1854.

Bolívar desaprovechó otras oportunidades de agradecer a Haití que su revolución haya sido posible. No reconoció a Haití (Venezuela no envió un embajador sino hasta 1974). Cuando en 1826 la Nueva República de Colombia organizó el Congreso de Estados Americanos con el fin de reunir a todos los recién independizados países de América, los «realistas» consintieron la petición de Estados Unidos de excluir a Haití, el país que había abrigado a los combatientes de la libertad.

Algunos de los vecinos de Haití han tomado el mismo camino que el idealista de Bolívar. Cuba no tiene el petróleo ni el dinero de Venezuela, pero tiene doctores capacitados. Durante la última década ha apoyado a un equipo de más de 800 profesionales médicos cubanos, desplegados en las áreas más pobres y remotas de Haití. Casi la misma cantidad de estudiantes haitianos han obtenido becas en Cuba, muchos de ellos provienen de familias pobres que no podrían nunca permitirse una escuela de medicina.

La Comunidad del Caribe (CARICOM) hizo todo por defender la democracia en Haití durante su ataque en 2004, pidiendo el apoyo internacional por la democracia y negándose a reconocer al relevo ilegal. La CARICOM le dio al resto del mundo lecciones cívicas, apegándose a sus principios democráticos mientras que los Estados Unidos, Europa y la mayoría de Centro y Sudamérica (sin contar Venezuela) abrazaron a la dictadura.

Pero muchos de los otros vecinos de Haití—generalmente los más poderosos—han seguido los pasos de Bolívar el realista y han comprometido sus principios con tal de satisfacer a sus aliados potenciales. La Organización de Estados Americanos (OEA) es en varias formas el sucesor del Congreso de Estados Americanos. En principio la OEA tiene requisitos democráticos más sólidos que la CARICOM, pero en la práctica la organización aceptó el cambio inconstitucional de régimen de 2004 en Haití sin reaccionar. Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay, Perú y Uruguay han enviado soldados a unirse a Brasil en la MINUSTAH.

Los participantes de la MINUSTAH saben lo que están haciendo, y les preocupa. El Teniente General Urano Bacellar, comandante brasileño de la MINUSTAH, se suicidó en enero de 2006, aparentemente porque fue incapaz de conciliar sus convicciones morales con el deber de satisfacer esta «misión» de mantener línea dura en los barrios pobres. Su predecesor, el General Augusto Heleno Ribeiro, se quejó ante la comisión del congreso brasileño declarando que «la comunidad internacional ejerce una presión extrema para que usemos la violencia» en los barrios pobres de Haití. Hace un año, Folhade Brasil entrevistó a soldados brasileños que regresaban. Uno dijo: «el nombre de»misión pacificadora«es únicamente para tranquilizar a la gente. En realidad no pasa un solo día sin que las tropas maten a un haitiano en una balacera. Personalmente maté al menos a dos...». Pero la preocupación del General Ribeiro no se refiere a los pobres haitianos que no merecen vivir, sino a criterios decididos desde el interior de tanques. El General anunció a la estación de radio haitiana Radio Métropole en octubre de 2004 que «debemos matar a los bandidos pero tendrá que ser solamente a los bandidos, no a todos».

Hasta ahora los realistas latinoamericanos han logrado vivir con sus conciencias, confiados en que las ventajas de participar en la idea de fuerza pacificadora de Bush rendirá los suficientes frutos como para compensar lo que le están haciendo al pueblo de Haití. Para Brasil, estos beneficios incluyen una buena oportunidad de obtener un asiento permanente en el potencialmente expandido Consejo de Seguridad de la ONU. Para otros países, es el dinero para sus gobiernos que no cuentan con un peso (la ONU reembolsa a los países varias veces el salario de un pobre soldado), o la oportunidad de mantener contenta a la administración Bush sin comprometer asuntos comerciales o la oposición a la Guerra de Irak.

Pero los realistas deberían ver que los vientos en América Latina están cambiando. El foco global del control militar en el gobierno de Bush, que está también incorporado por la MINUSTAH, está perdiendo credibilidad y se desploma—no sólo en Irak. Mientras que Chávez se asoleaba con las enérgicas multitudes de Puerto Príncipe y otras ciudades latinoamericanas, Bush se reunía con líderes nacionales en una remota y bien protegida locación, para evitar así las grandes protestas sostenidas en cada uno de los países que visitó.

En los últimos dos meses, ciudadanos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y Perú han salido a las calles a protestar contra la complicidad de sus países ante brutalidad de la MINUSTAH. Quizá pronto los países de la MINUSTAH se darán cuenta al perseguir la política haitiana de Bush han atado sus destinos a un barco que se hunde.


El abogado de Derechos Humanos Mario Joseph maneja el Buró de Abogados Internacionales en Haití (www.ijdh.org/bureau.htm).

Brian Concannon Jr. es el director del Instituto por la Justicia y la Democracia en Haití (www.haitijustice.org) y analista del Programa de las Américas del Centro Internacional de Relaciones (IRC) en www.ircamericas.org. Fue observador de Derechos Humanos para las Naciones Unidas en Haití en 1995 y 1996.

Traducido del inglés por Lorena White.

http://www.ircamericas.org/esp/4204

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