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CHILE - La fragilidad de nuestra economía

Ariel Zuñiga

Domingo 21 de octubre de 2007, puesto en línea por Ariel Zúñiga

Exordio:

La contabilidad centralizada define la categoría economía nacional. Aunque hoy gran parte de las transacciones se realicen en un nivel trasnacional, y por lo tanto sólo quede testimonio íntegro de ellas en las contabilidades secretas de las empresas que operan en ese nivel, seguimos cautivos de los análisis de las economías nacionales y eso nos permite hablar de que la «economía chilena» ha crecido o que se ha estancado. En este caso el todo es más que la suma de las partes y por lo tanto la referencia a las economías nacionales encubre a gran parte de la economía global.

Esta contabilidad limitada permite los índices macroeconómicos nacionalmente diferenciados que a la vez inciden en la cotidianidad de los millones de seres humanos que se mantienen sujetos a las economías nacionales mediante el peso de la moneda con que se les pagan sus sueldos, la inflación, el costo de la subsistencia, los beneficios asistenciales, las plazas laborales, etc.

Por lo tanto, muy sea inadecuado hablar de Países y de Economías Nacionales en el actual mundo globalizado, sí es posible analizar estas «economías» cuando se comparan entre sí puesto que la ideología de los gobiernos nacionales parte de la base de que es posible mejorar la calidad de vida al menos de los ciudadanos que habitan un determinado territorio. Dicha ideología se encuentra respaldada por varios ejemplos, muchos de ellos actuales, entre los cuales se cuentan los de Japón, Alemania, Irlanda, Nueva Zelanda, Corea, Finlandia, Suecia, Dinamarca y Noruega.

Ser ciudadano de un país desarrollado permite acceder a mejores sueldos, a seguridad, a bienestar y por lo tanto la promesa de desarrollar Chile es atractiva aunque se materialice en tres o trece años más. Sin cambiar el mundo en nada un país desarrollado más sólo ayuda a un grupo reducido de ciudadanos y si existen las condiciones no existe objeción posible a tal plan.

En el caso de Chile la pregunta es distinta: ¿Es posible cumplir la promesa de desarrollar Chile en trece años más?

Crecimiento y desarrollo

Para desarrollar el país es necesario que la economía crezca pero el crecimiento de la economía no garantiza el desarrollo nacional. En Chile el crecimiento sostenido de la economía se ha producido en gran parte por la exportación de materias primas en estado bruto, sin valor agregado, recursos no renovables que implican vivir hoy a costa del mañana lo que hace insosteniblido a largo plazo el crecimiento sostenido.

El dinero obtenido por la venta de recursos naturales es apropiado por empresas privadas y no necesariamente se invierte dentro de nuestras fronteras y cuando se hace es para surtir de recursos especulativos a la aristocracia financiera. El pequeño margen que queda para el Estado debido a los impuestos no es invertido en desarrollar al país sino que en reproducir y disciplinar a la mano de obra incalificada que luego es aprovechada por la industria extractiva, la industria del consumo y la del endeudamiento.

Si los recursos obtenidos por los impuestos fueran adecuadamente invertidos el daño ambiental y el agotamiento de los yacimientos podría asumirse como el «costo de puesta en marcha» de una economía desarrollada. Pero como hoy eso no se está haciendo los positivos índices de crecimiento de Chile de los últimos 20 años ni son sostenibles ni posibilitan el desarrollo.

Crisis ad portas

Según los índices macroeconómicos, defendidos por la Concertación como una cuestión de Estado, el crecimiento en Chile se desacelera, crece la inflación y el dólar baja. Esto ocurre en un contexto económico internacional inestable, y una profunda crisis social. Aunque el precio del cobre sea alto y ello permite que aumente el gasto «social», eso no redunda necesariamente en que el bienestar nacional aumente correlativamente: La distribución del ingreso nacional augura un aumento en la conflictividad social y a un Estado rico le es difícil excusarse de la multiplicidad de demandas surgidas por el aumento de expectativas. Un mayor gasto social aumenta la inflación; ese aumento de inflación termina absorbiendo el gasto realizado ya que termina siendo un impuesto encubierto.

El Estado Chileno podría gastar en dólares o euros, pagados en el extranjero, para evitar que la fortaleza del peso afecte a los exportadores y de paso la balanza comercial. Podría iluminar digitalmente ciudades completas, formar centros de investigación de alto nivel, comprar ambulancias, surtir con tecnología a los hospitales y a los colegios, o contratar profesores de idiomas o tecnología pagándoles en una cuenta externa pero, para este gobierno la sociedad es un gasto y no una inversión. Es preferible aumentar la dotación policial, las cárceles, y la asistencia de supervivencia a los supervivientes que pensar en un eventual salto del país en su conjunto.

La riqueza del cobre augura una miseria del país en el mediano plazo, y una nueva crisis mundial - producto de los ciclos económicos capitalistas - podría adelantar el proceso o darle el golpe de gracia.

Gasto social: dos de cada tres pesos

Con esa frase el Ministro Andrade resumió el presupuesto 2008. La pregunta que cabe es en qué se gasta uno de cada tres pesos ¿Se gastan en Haití? ¿en Chipre? ¿En Burocracia? ¿En Ferrocarriles? (Ferrocarriles ¿Es considerado Gasto Social?)

Un peso de cada tres son aproximadamente $6 000 000 000 000.- (U$12 000 000 000.- ) y este dinero no se gasta en la sociedad. Además U$ 30 000 000 000.- se encuentran depositados en el extranjero sin que haya existido una licitación de la entidad financiera. Todos esos huevos en una sola canasta en vez que utilizarlos en hacer tortillas, y que decir en criar pollos.

El Ministro Velasco dijo hace unas semanas que el mundo tenía una pulmonía, el vecindario un resfriado y Chile a penas estornudaba. Humor de economista o prosa de tecnócrata, da lo mismo. Lo que no da lo mismo es que los EEUU son un joven robusto y saludable que puede sobrevivir sin problemas una pulmonía; pero Chile es un pastero famélico que puede morirse a causa de un estornudo. Una desaceleración en el crecimiento mundial disminuiría la demanda del cobre y por tanto su precio, y también disminuiría la demanda de frutas, vino, pescado, etc. La próxima crisis mundial dejará al dólar en el suelo en el mercado mundial y las reservas chilenas en dólares serán unos papeles inservibles.

Las demandas sociales harán el resto y no nos daremos cuenta cuando visitemos Chicureo del mismo modo en que hoy Cartagena: Nuestros hijos dirán que nos farreamos el cobre del mismo modo que los antepasados el salitre.

Y si fuera poco, las investigaciones en nano tecnología en cualquier momento pueden obtener las propiedades del cobre de cualquier otro material más barato y junto a la desaceleración mundial el desarrollo tecnológico podría ponernos la lápida al igual que en la década de los treinta: Crisis económica del 29 e invención del salitre sintético por los Nazis en los treinta.

Desde luego que si tal tecnología es inventada no lo será en Chile. Y si por casualidad lo es, no será patentada en Chile.

Un jaguar con cara de gato, patas de gato, cola de gato...

Cuando un joven cumple 18 años queda emancipado por ley pero sujeto económicamente a sus padres, y si sus padres no pueden sostenerlo seguro que ellos tampoco podrán hacerlo con los suyos ¿Porqué ocurre esto?

Porque no existe un mercado laboral atractivo para ellos. Lo aprendido en los «doce juegos» no les sirve de nada. Los empleos que puede obtener con un Cuarto año Medio son de aquellos que no le permiten subsistir dignamente.

Si estudia, debe soportar el costo su familia puesto que es imposible que alguien trabaje, estudie y se emancipe de su familia al mismo tiempo; esto porque los sueldos que se pueden obtener sin estudios superiores son inferiores al arancel universitario y si logra obtener un crédito para eso tampoco es suficiente como para pagar una vida digna. El costo de oportunidad de trabajar muchas horas en las cuales se podría estudiar aumenta los años de estudio y con ello la deuda, y le impide alcanzar la excelencia académica que podría sacarlo del círculo de la subsistencia. Terminará - si es que puede - sus estudios después que sus compañeros y deberá asumir una deuda altísima en momentos en que los profesionales reciben ingresos equivalentes a los de los albañiles calificados de hace treinta años.

Para las familias pobres que invirtieron en educación su gran recompensa será que sus hijos no deberán ensuciarse las manos, al menos literalmente. Si les hubieran comprado un taxi ya tendrían una flota y un futuro próspero sin embargo la educación los ha dejado endeudados, frustrados, disciplinados, subempleados y semi ilustrados. Lo último porque la educación superior en Chile cumple la función de una educación técnica secundaria de excelencia y punto.

Los únicos que pueden estudiar, trabajar y emanciparse son los jóvenes que provienen de las familias más prominentes o que actúan como tales, y pueden trabajar en servicios dirigidos a los ricos en horarios cómodos y flexibles, con pagos por hora que en general triplican el que perciben los pobres en los mismos oficios.

El joven independiente que estudia, trabaja y vive solo es un clisé televisivo que no tiene que ver en lo más mínimo con nuestra sociedad. En los EEUU existen créditos para asumir los altos aranceles universitarios y plazas laborales para percibir recursos para la subsistencia y eso permite la emancipación. En países vecinos la gratuidad de la educación superior colabora en dicha tarea.

En nuestro país si se pretende resolver el problema de la desigualdad de recursos el Estado debería asumir la totalidad de los costos que ocasiona el estudio eso implica su comida, alimentación, transporte, vivienda, esparcimiento, arancel, libros, etc, Subsidios, no préstamos. De modo que los «mejores» entre los pobres puedan competir de igual a igual con los ricos tanto en la Universidad como en el Mercado Laboral. Tal aumento en la competencia entre los mejores aumentaría la competitividad del país en su conjunto.

Sin embargo se argumenta que tales subsidios afectarían el principio de igualdad porque algunos podrían ascender socialmente sin pagar el costo. Sin embargo si para ascender se debe pagar el costo nadie puede ascender, es como querer vencer la gravedad sin usar energía. Además, en un país clasista como el nuestro el pobre jamás puede compensar con estudios la falta de apellidos y roce social: Aunque el Estado subsidie totalmente los estudios sin esperar retribución el pobre que ha estudiado seguirá arrastrando su desdicha por algún tiempo y no podrá acceder a las mismas posibilidades que un otro con los mismos estudios.

Políticas de subsidio como la reseñada no se implementan porque los objetivos que persigue nuestra elite son distintos a los objetivos de la sociedad chilena y es la elite la que gobierna. Por eso se debe sospechar incluso del concepto de «Gasto Social» puesto que se trata de una inversión de la elite en su mano de obra (tanto en su reproducción como en su disciplinamiento)

Chile no es Japón y los jóvenes competitivos no se demandan tanto como mano de obra sumisa. Para que demandara nuestra economía mejores profesionales y técnicos deberían existir industrias que luego los emplearan. En el mundo de hoy una industria no es necesariamente una siderúrgica sino que toda organización capaz de producir bienes y servicios con alto valor agregado. Por lo tanto industrializar Chile hoy es un proyecto muy distinto a lo que era industrializarlo hace cuarenta años pero en la esencia es lo mismo (desarrollar la economía y la sociedad) La falta de competitividad de nuestra economía se compensa con el ingreso seguro y sin riesgo que obtiene la elite y que le permite vivir según los estándares de los ricos de los países desarrollados sin necesidad de desarrollar al país. Industrializar significa asumir riesgos y más, tener una mirada de país y de futuro que incluya a los pobres como parte de la sociedad: Una sociedad en que pobres y ricos obtengan un reparto equitativo de la riqueza generada independiente del respeto por la riqueza ya acumulada o utis posidetis.

Nuestra elite se conforma con ser el portero de la cueva de Alí Babá y eso le trae millonarios ingresos. Mientras se llevan el cobre, el pescado, las frutas, la hortalizas, la elite le agrega su comisión a los costos de extracción y con ello se enriquece. Sin trabajar, sin arriesgar, sin pensar.

Una economía así porqué necesitaría grandes pensadores.

Los rentistas y usureros que nos gobiernan sólo necesitan esclavos y esclavistas. Y los que les caen en gracia pueden aspirar a ser parte de la burocracia del rentismo, la usura y el esclavismo.

Los genios Harvard que nos gobiernan

2 millones de dólares cuesta la infraestructura para que el Transantiago funcione en su óptimo y sin embargo ha sido más «económico» pagar 300 millones este año y 150 el próximo para subsidiar su operación en vez que su construcción e implementación. 130 Millones de Dólares costaron 516 buses Mercedes Benz Articulados, quiere decir que los U$450.000.000 gastados por el Estado en la operación defectuosa del sistema de Transporte podrían haberse utilizado para dejar funcionado el sistema en el óptimo: Ese dinero bastaba y sobraba para la infraestructura y la compra de los buses y hoy no existen ni los buses ni la infraestructura por lo tanto el subsidio va directo al tacho de la basura.

Estas decisiones fueron tomadas por tecnócratas educados en universidades extrajeras, principalmente Estadounidenses, cuyos aranceles fueron pagados en su gran mayoría con los impuestos que se recaudan en nuestro país, y que por lo tanto no cabe responsabilidad a nuestro precario sistema educacional - al menos directamente - en tamaños desaciertos. La mejor educación de un país desarrollado no basta, al menos para nuestros tecnócratas.

La Ministra de Minería en vez que dar las condolencias por la muerte de mineros del carbón producto del gas grisú, al estilo Baldomero Lillo, declaró que estaban prohibidas esas faenas por inseguras lo que entre líneas quiere decir que murieron por su culpa. Los mineros en cuestión no trabajan allí por gusto: Extraer Carbón no es un deporte extremo es un trabajo y peor, un trabajo que apenas les sirve para la subsistencia. Se dedican a él porque no tienen otros trabajos equivalentes, es decir, el mercado los fuerza a trabajar en esas faenas peligrosas. Algunos se dedican al narcotráfico, al buhoneo, a la receptación y múltiples actividades ilegales y está claro que el mercado no les ofrece un trabajo atractivo; y si lográramos erradicar esas actividades surge la gran pregunta ¿Qué comería la mitad del país?

En nuestro país o se trabaja o se muere. Los mismos indigentes trabajan en su mayoría y aún así no les alcanza para salir de su indigencia. No existe un sistema de asistencia social que les permita a los vulnerables subsistir. Quienes trabajan en actividades peligrosas, prohibidas o lisa y llanamente delictuales, lo hacen para subsistir eso significa que actúan dentro de la clásica excusa legal llamada Estado de Necesidad. Si el país fuera desarrollado podría denominárseles antisociales pero en las condiciones actuales los únicos antisociales son nuestros gobernantes que defienden intereses propios en contra de los de la sociedad.

El problema de la inequitativa distribución de los ingresos no se radica en quienes ganan enormes sueldos sino en la imposibilidad de que los pobres puedan mejorar su situación. Los enormes recursos de unos sí afecta en la acumulación de poder que ello implica y que extrema la asimetría política en un sistema que se dice democrático.

Un cambio radical de las condiciones que posibilitan la asimetría de poder excede por lejos a lo que se puede obtener dentro de la lucha política nacional; es un proyecto global y que se encuentra en un estado embrionario. Pero mejorar las condiciones de los chilenos, nuestras familias, vecinos y amigos, es posible siempre y cuando se transforme radicalmente nuestra lumpen burguesía puesto que ningún país se ha desarrollado con una elite rentista, incompetente y mezquina. Y eso si se comienza hoy quizá traiga frutos en cincuenta años. Chile desarrollado en el 2020 no es más que una quimera hipócritamente pregonada por nuestros gobernantes utilizando alevosamente la mala educación que se reparte con prodigalidad.

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