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La educación en Chile

CHILE - El fraude de la pirámide

Ariel Zuñiga

Jueves 3 de enero de 2008, puesto en línea por Ariel Zúñiga

Cuando se habla del «modelo» chileno nos referimos al conjunto de transformaciones que se impusieron en la dictadura militar y que luego fueron administradas por los gobiernos sucesivos. En función de la coherencia con ese modelo se califican las propuestas políticas de técnicas o de populístas.

En el ámbito de la educación sin embargo las políticas que se han impuesto en los gobiernos de la concertación no han podido ser tachadas de populístas pero su correspondencia con el modelo impuesto o son dudosas o nos obliga a reconceptuar el modelo que decimos tener.

En teoría lo que se impuso en dictadura fue la liberalización del mercado a un punto tan extremo que obligara a la competencia desatada de todos contra todos para que ese egoísmo incrementara la riqueza bruta del país. El Estado ya no subsidiaría, ni tendría benevolencia ni contemplaciones con nadie. Cada quien se rascaría con sus propias uñas.

Tal principio rector, hasta para los más fundamentalistas, admite ciertas excepciones que no son de índole moral sino que coherentes con los fines estratégicos: Lo importante es incrementar la riqueza por lo mismo, independiente que no se debe subsidiar a nadie se debe invertir en el capital humano para que este reditúe. De hecho se debe siempre invertir para ganar pero tal como señalaba Smith o Ricardo, existen inversiones que sólo puede realizar el Estado puesto que exceden el interés egoísta de uno o algunos capitalistas.

En ese rubro se encuentran las carreteras y los puertos, y sin embargo dentro de nuestro modelo se consiguió que tales obras ni las construyera ni las financiara el Estado. Pero en el caso de la educación, aunque se haya intentando lo mismo que con las obras públicas, el que el Estado no construya colegios ni los financie, y si los financia lo hace con aportes insuficientes para obtener el fin propuesto, no ha conseguido la eficiencia que sí se ha conseguido en otros ámbitos: Ha condenado al país a mantener su lugar subalterno por muchos años más.

Cual es el razón, ¿avaricia? ¿imprevisión? ? incompetencia de quienes han tomado las decisiones en los últimos años? Mi impresión es que la respuesta no se encuentra aquí sino que en la estrategia que persigue nuestra elite y que hace que el actual modelo de educación sí sea coherente con el «modelo» económico, no sólo por que en gran parte el primero define al segundo, sino porque en función del segundo se construye el primero.

La contención del descontento

«Los juegos, los doce juegos» como los llamaba Jorge Gonzalez, hoy se han transformado en quince o veinte y sigue «dejando a mis amigos pateando piedras».

Porqué ocurre esto, dónde está el error.

Sólo los más adinerados accedían a la Universidad pero hoy no todo se reduce a eso. Sólo los más adinerados acceden a ciertas plazas laborales independiente de los títulos y honores de los postulantes. Los pobres si acceden a la Universidad pero no a la riqueza que prometía.

La Concertación desde que asumió se preocupó más que revertir la inmovilidad social de aumentar la cobertura de la educación de mala calidad nivelando a los pobres hacia abajo. Fortalecer a los liceos de excelencia era una tarea prioritaria si lo que se quería era propender a la movilidad social. Ricardo Lagos al asumir como ministro de educación le importó más que hubiera la misma educación en el colegio A 543 de Puyuhuapi como en el Liceo de Aplicación.

El resultado, la sociedad que tenemos. Los puntajes altos que delimitan hasta la procedencia de subsidios son obtenidos por aquellos que no necesitan que el Estado los ayude. Al ritmo que vamos en ciertas carreras de la Universidad de Chile, los que provienen de la educación pública ocuparan la misma proporción que los afroamericanos en Harvard.

Educación para pobres y para ricos, ese es el peor de los mundos. Igualdad en la educación es sólo un criterio utilizado en los colegios fiscales. Sino se le da la posibilidad de que los pobres de excelencia se eduquen en colegios de excelencia Chile seguirá desperdiciando miles de talentosos jóvenes. Los EEUU pueden darse ese gusto porque ya están en un lugar de privilegio pero Chile es un país miserable y dilapida su capital como si fuera el más rico: Regala sus bosques, sus peces y desperdicia a sus mentes notables.

Además para quienes acceden a la toma de decisiones la pobreza es un número y una teoría, jamás una vivencia. Educación para pobres y ricos y ricos que toman decisiones para ellos y los suyos.

Cuando nos preguntemos sobre la abismante diferencia de ingresos entre ricos y pobres en nuestros país debemos remitirnos a las decisiones que tomó Lagos y su sucesor Arrate, en los primeros años de la Concertación. El programa MECE y el MECE media más que corregir la desigualdad instaladas por las políticas neoliberales de la dictadura las reforzó y las incrementó. Se actuó desde un pizarrón al igual que con el Transantiago, la gran diferencia es que nos dimos cuenta recién quince años después del descalabro.

Hoy el pareciera que el sistema educacional fuera un mecanismo sofisticado para contener el descontento de los pobres en que se les asegura un final feliz y se les insta a no salirse la pirámide. Sin embargo el mero transcurso del tiempo devela la estafa, quedando todos a la vera del camino sin haber aprendido nada.

¿Qué se debe saber para limpiar baños o para servir café?

Los únicos favorecidos son los que accedieron antes a la Pirámide y los que se retiraron a tiempo.

Los otros favorecidos son los mediocres estudiantes que atajaron el hilito de un partido político, en los tiempos que eso era rentable, como nuestra actual ministra de educación Yasna Provoste. Quizá alguien quiera sacar del sombrero el conejo de la inteligencia emocional para defenderla; sería bueno que todos los hijos de este país fueran tratados con similar indulgencia.

Educación y mercado laboral

El sistema educativo está planteado como la antesala de la vida laboral. No debemos olvidar eso.

Si alguien quiere ser actor teatral, pintor o músico, para sí, para su propia satisfacción, no debe ni requiere pasar por una prueba de selección o un sistema excluyente y competitivo como lo es la universidad. Quien estudia es porque necesita tener la licencia para exhibirla a otros, en especial a los empleadores.

Cuántos trabajan de actores o de periodistas sin haber pasado por una universidad, y cuántos actores y periodistas desempleados existen. Si existe un empleador que confía en ellos o clientes que pagan por sus servicios, el título es irrelevante.

El empresario quiere ganar dinero y contrata a aquellos que tienen las capacidades que le permitirán hacerlo, por eso es el principal interesado en que el sistema educativo produzca su «mano de obra» con la mayor calificación posible.

Si necesita a diez sicólogos al año le da lo mismo que las universidades egresen a mil, incluso le ayuda a subir sus estándares. El problema está para los novecientos noventa restantes que invirtieron dinero, tiempo y esperanzas.

Si vemos a las universidades como empresas a ellas también les conviene ofrecer cupos en las carreras que son demandadas, independiente que existan plazas laborales para los titulados.

Lo dicho explica porqué el mercado no puede (no es que no deba, sino sencillamente no puede) regular por sí mismo a la educación.

El costo de la formación de un profesional, aunque no lo asuma el Estado en nuestro país, lo asume alguien mediante estoicos sacrificios, y no puede ir dirigido sólo a enriquecer a una empresa que crea tantas externalidades negativas como las Universidades: Se enriquece a unos a expensas de la riqueza del gran parte del país.

Además, el dinero invertido en una carrera que no se ejerce debería emplearse en la formación de otras capacidades que sí se van a emplear, de este modo se incrementaría la riqueza de toda la sociedad.

Si se ha de regular la educación se debe tener presente que no es algo sencillo debido a las profundas transformaciones se han producido en el mercado laboral en los últimos cuarenta años. Pero la no regulación produce generaciones de jóvenes y padres esperanzados estafados por aquellos que ocupan un lugar de respetabilidad en nuestra sociedad.

La mayoría de los jóvenes que hoy ingresan al sistema de educación superior provienen de familias que no la tuvieron: Y a esos jóvenes y a esos padres, se les exige que tomen una decisión tan compleja como qué estudiar y dónde. El Estado ni siquiera se preocupa de exista una información adecuada y además permite que se haga publicidad de las instituciones sin ninguna limitación cómo si qué estudiar y dónde fuera una decisión de consumo como qué zapatilla se compra y dónde.

Se puede entender que en un principio se quiso este sistema de educación superior para salvaguardar parte del aparataje ideológico de la dictadura pero su perseverancia demuestra que no es incoherente nuestro sistema educativo con nuestro modelo económico sino que son las caras de la misma moneda.

No existe un sistema productivo de excelencia y por lo tanto no se requieren profesionales ni técnicos competentes.

Chile, Japón y Alemania

Muchos dicen que a Chile le hacen falta habitantes, ser nacionalistas o haber sobrevivido a un par de guerras para aspirar a tener una economía desarrollada.

En parte se tiene razón pero muchos países han conseguido desarrollarse sin esas condicionantes en las últimas décadas. Todos los que lo han conseguido pusieron en práctica algunas de las lecciones aprendidas por los Alemanes y los Japoneses esto es, investigación científica, aplicación tecnológica de la investigación científica, divulgación de los avances al sistema educativo y un sistema educativo capaz de formar tanto a los futuros investigadores, tecnólogos, académicos como técnicos y administrativos. Eso ocurre gracias a una estrecha colaboración entre lo que se conoce como sector público y sector privado.

En todos los lugares del mundo sólo algunos sujetos pueden actuar en los cargos directivos del sector público y el sector privado, y son sujetos emparentados entre sí, y que son dueños del capital o sus agentes. A este conjunto de personas los denominados elite y por lo tanto la estrecha colaboración público - privado no es sino la demostración de el consenso nuclear que existe entre los intereses conflictivos de los capitalistas que explotan determinado territorio.

En Japón y Alemania los ricos se proponen metas de aquí a veinte o hasta cien años. Sueñan con sus banderas ondeando con dignidad décadas, siglos, milenios después de sus funerales. Los ricos basan su poder en el dominio de la técnica, en la guerra pacífica del comercio, en el milenario arte de saber mandar e imponer respeto.

Nadie entiende a la educación como un favor que le hacen unos a otros sino que se asume con la naturalidad de un poblado agrícola el que la siembra y el riego están relacionados con la cosecha. Y la cosecha es lo que aspiran: Un Japon y una Alemania cada vez más poderosas.

¿Y Chile? Bueno... en Chile tal consenso nuclear entre los capitalistas nacionales existe y es más sólido que el que tienen todos nuestros posibles competidores tercer mundistas. Es incluso más sólido que el que tienen algunos países desarrollados.

Lo que ocurre es que nuestra elite no sueña con su bandera ondeando con dignidad en veinte, cien o mil años sino en que todo se mantenga tal cual está.

No quieren pobres ilustrados o que aprendan el milenario arte de luchar o de mandar o de imponer respeto: Les basta que sientan el miedo, la impotencia, la frustración, la indignación y que no tengan herramientas intelectuales para superarlas más que la mendicidad laboral del servilismo.

Así como un fundo, con el sopor y el mosquerío, se administra nuestros país y cualquier política es de inmediato resistida y tachada de quimera.

No invertimos en educación porque no necesitamos más educados ni mejores educados: invertimos en policías, cárceles y aspirinas porque debemos mantener a los inquilinos y a los peones tranquilos; invertimos en sofistas porque necesitamos inculcarles, junto a todo lo dicho, la desesperanza.

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