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CHILE - Terminó la huelga de hambre: ¿Y ahora qué?

Ariel Zúñiga

Jueves 31 de enero de 2008, puesto en línea por Ariel Zúñiga

Si algo teníamos claro cuando comenzó la movilización de Patricia Troncoso es que llegaría el día de su fin. Para el gobierno era necesario que terminara en cuanto antes y con el menor costo; otros hubieran preferido capitalizar del peor desenlace.

Si de algo sirvieron tantos días de ayuno fue en sincerar la hipócrita relación que algunos aún mantenían con su excelencia la presidenta Bachelet en que la exculpaban de todo lo que ocurría en el país con todo tipo de piruetas argumentales; la indolencia exhibida en este caso hizo perder la paciencia a tantos que sentían un enfermizo amor platónico con la hija del general.

Quien se llevó nuevamente todas las fichas arriba de la mesa fue la iglesia católica ¿Cuándo podremos liberarnos de esa piedra en el zapato? La iglesia católica fue cómplice del franquismo y de las dictaduras latinoamericanas con excepción de la chilena y eso es lo que le da la carta blanca para inmiscuirse en las sábanas de todos nosotros. La iglesia, que nos invita a aceptar las condiciones actuales como la voluntad de su dios, al mismo tiempo para la galería discursa sobre un sueldo ético y sobre una solución política al conflicto mapuche. En ambos casos ellos se ofrecen como mediadores lo que les permite seguir haciendo su negocio y les da la autoridad suficiente como para tener que seguir aceptando sus sermones en la política contingente.

Pero Jovino Novoa, quien está compelido a encontrar pésima cualquier acto u omisión de La Moneda por una parte y por la otra darle en el gusto a los derechistas más recalcitrantes que son quienes votan por él y los suyos, dijo que el gobierno había actuado con debilidad.

Esperemos que el enojo de Novoa no sea tomado por algunos como un triunfo ya que el molestar al ex ministro de Pinochet es bastante sencillo.

Viera Gallo, por su parte, señaló que el gobierno no pedirá la aplicación de la ley antiterrorista mientras no se genere daño físico a personas; también dijo que Patricia Troncoso y sus compañeros fueron condenados injustamente ya que por el mismo hecho otros involucrados se les había condenado por la mitad de la pena. La diferencia entre unos y otros es la aplicación de la ley antiterrorista. Si el gobierno considera injusta las condenas por qué no usan la facultad heredada de las monarquías e indultan a los involucrados. Es obvio que el gobierno sólo pretende aumentar la confusión, dejar que el tiempo pase, los sucesos se enfríen, y en el intertanto pretender estar bien con dios y el diablo.

¿Pero cual es el balance de los movilizados? Se supone que la movilización de Patricia Troncoso no estaba dirigida para conseguir beneficios legales para obtener una comodidad adicional a su frugal vida carcelaria. Si fuera así el riesgo y el sacrificio fue muy alto para lo poco obtenido. Ella misma, al menos según los mensajes que se les adjudican, señaló que su interés era seguir dando la lucha por la causa mapuche. En lo que respecta a la situación mapuche extra Patricia Troncoso no se obtuvo ningún cambio, ni siquiera un ofrecimiento serio de estudiar alguna reforma de la situación de parte de la autoridad; el gobierno nombró a un «alto comisionado para el tema mapuche», nombre de fantasía que se une al Zar del Transantiago y al Rey de Mote con Huesillos.

Creo que el mayor problema, y que es el asunto más difícil de tratar, es que esta nueva derrota de la izquierda - puesto que ha sido la izquierda quien se ha vestido con la ropa de la causa mapuche - ya está siendo vendida como un triunfo. Lo ocurrido puede capturar una débil adherencia de personas que tienen una débil formación o una aversión enconada con los acontecimientos, pero difícilmente consigue una substancia aglomerante que la salve de la actual bancarrota y que permita aventurar un crecimiento.

Algunos exhibicionistas pudieron lucir sus nombres en listas que circulaban por la internet; intelectuales profesionales tuvieron su momento para reciclar sus precarios conocimientos sobre Chile y el conflicto mapuche en particular. A todo eso los idólatras del fracaso lo llaman haber obtenido «la visibilidad internacional del conflicto mapuche», y ese producto obtenido por defecto es lo que se considera un gran triunfo para la causa.

Es lógico que los primermundistas quieran expiar sus culpas coloniales y cómo dice Gellner, los estadounidenses nacieron modernos y por ello asumen que el individualismo es una condición innata en el ser humano, el conocer otras realidades les produce un efecto «embriagador», lo que los hace hipersensibles a muchas historias fantásticas que circulan sobre los pueblos originarios. Las aburridas vidas de muchos gringos se condimentan con una representación romántica de conflictos políticos que a veces son tan modernos, racionales y civilizados como los de ellos mismos.

En la edición chilena de «Le Monde Diplomatique» circula un dossier de CLACSO sobre conflicto, marxismo e indianismo en Bolivia. En él se señala que la imposibilidad de absorber dentro de la economía industrial a los migrantes campesinos, y la de darle acceso a la movilidad social a los que sí fueron incorporados, forzó a que los marginados re inventaran la historia para identificarse en un pasado común alterno al de la clase dirigente y a la burgesía mestiza. Otros, como Felipe Quispe, extendieron el concepto de las dos Bolivias a todos los excluidos por el sistema por una parte y la clase dirigente por la otra.

Creo que las posibilidades en que pueda prosperar el movimiento mapuche, en tanto movimiento de izquierda, está en poder hacer algo similar a lo de Quispe. La dificultad se encuentra en que los apellidos mapuches se extinguieron por acciones gubernamentales y por la acción sostenida de los propios mapuches de cambiarlos por otros huincas; fenotípicamente, aunque sea anacrónico hablar en esos términos, tampoco los chilenos podemos hablar de que somos indígenas con tanta facilidad como en Perú, Bolivia o Ecuador. Sí es posible al menos en la araucanía, en dónde existe una clara división al mismo tiempo «racial» y de clase. Pero construir una ideología que sólo permita movilizar a la araucanía en desmedro de la organización de los mayores centros poblados del país, asegura trabajo y discursos a algunos por algún tiempo pero nada más. Además estamos lejos para que se pueda articular algo así, prospera el discurso del pueblo guerrero jamás vencido, que se mantiene intacto a pesar de la modernización en parte forzada y en parte voluntaria que ha afectado a todo el mundo, que es superior moralmente al chileno y que está siendo cercado por empresas multinacionales que son los únicos malos en el conflicto junto con la policía. Desde luego que se trata de mitos, como también lo es en gran parte la historia oficial de Chile: nuestra estabilidad institucional, que existió una transición a la democracia y la misma conquista militar sobre la araucanía y Rapa Nui.

Si la historia nacional se sustenta en mitos o en hechos reales que se mistificaron, como el combate naval de Iquique, es lícito preguntarse entonces, ya que no hay mucho interés en decir las cosas por su nombre, qué mitos vamos a defender, esto último está relacionado con nuestro norte político: la historia que queramos re escribir es aquella que nos permita vehiculizar nuestros anhelos políticos, el problema es entonces la falta de claridad en esos anhelos al menos a largo plazo.

Defender el escalamiento del conflicto mapuche por la inercia de ponernos en el lugar de los débiles o por el deporte de ponernos en contra del gobierno que sea, sin siquiera proponer conducirlo en consonancia con un proyecto emancipador de alcance más general, es una muestra más del actuar movimentario de la izquierda que cual escualo cree que dejar de nadar es hundirse y fallecer.

Si en enero la prensa es una porquería, el «verano tonto» en febrero se hace aún más intenso: Era preciso terminar este asunto antes de este jueves, el desenlace que fuera debía ocurrir antes que finalizara el mes.

El gobierno ganó al mantenerse firme pese a las presiones, y actuó hasta indolentemente a pesar de las pataletas de Novoa; la Iglesia Católica ganó al mediar una vez más en los conflictos políticos desdibujando cada vez más la división de iglesia y estado escrita en 1925; el movimiento mapuche recibió aplausos de todo el mundo pero se encuentra cercado por la represión policial - militar - judicial; la izquierda se siente una vez más victoriosa en la derrota.

El Siglo titulará «Ganamos» como cuando finalizó el conflicto con los subcontratistas de CODELCO. Y no dudarán en la canonización civil de la Chepa como lo han hecho con tantos otros.

No entiendo cómo existen tantos generales y tantos héroes si aún no se gana ninguna batalla.

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