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CHILE - Las elecciones presidenciales, ¿qué se juega realmente?

Fesal Chain

Viernes 11 de diciembre de 2009, puesto en línea por Ariel Zúñiga

Introducción

Cuando se realizan artículos que pretenden describir y analizar la realidad política, uno de los errores fundamentales de los analistas, es tomar una posición en el espacio de la lucha. Es decir, hablar sino como voceros de candidaturas, al menos desde sus propios deseos e intereses que se subsumen o mezclan con las fuerzas políticas y sociales en pugna.

No defiendo una posición «neutra» o «desde las alturas», y si bien como analistas tenemos deseos e intereses en la lucha política, es altamente necesario cumplir con describir los hechos lo más genuinamente posible. Esto significa ni mas menos, tal como lo escribí en un reciente artículo sobre uno de los candidatos a la presidencia y parafraseando a Pierre Bourdieu, que, "el sociólogo debe desprenderse de todas las adherencias, mediante las cuales un agente social se aferra a un grupo, sin renegar de las creencias constitutivas de toda pertenencia o identidad, pero renunciando a todo lazo de afiliación o filiación. Así, (...) puede denunciar la representación populista del pueblo (que no engaña más que a sus creyentes), y la representación elitista de las elites (construida para engañar a la vez a quienes a ella pertenecen y a quienes no pueden alcanzarla).

Lo estratégico

A mi juicio, lo que está en juego en Chile bajo las actuales elecciones, más allá de las declaraciones y arengas de las fuerzas políticas en pugna, son dos cuestiones fundamentales, por una parte el dominio mas o menos definitivo del modelo liberal en tres variantes: neoliberalismo, liberal populismo y liberal progresismo, acaso como único espacio donde los actores políticos y sociales puedan jugar y desplegar sus estrategias. Por otra, el comando político de dicho modelo, ya sea como el mantenimiento o cambio de las elites.

Del total de candidaturas, que son cuatro, tres de ellas o son de la Concertación o provienen de una escisión de ésta como bloque en el poder: La de Eduardo Frei que es propiamente la candidatura de la Concertación en descomposición y crisis. La de Marco Enríquez-Ominami, candidatura independiente pero que representa la mitad de la votación de la Concertación otrora unida y la de Jorge Arrate, de la izquierda histórica comunista, que hasta el año 2005 representó el voto refractario al orden concertacionista-derechista y neoliberal.

En Chile, a diferencia de otros países de la región, siendo la izquierda una fuerza importante aproximándose al 26 o 27%, está no se ha constituido en una alternativa autónoma, con una estrategia, un programa y una organización, que le permita liderar los procesos de cambio. No hay izquierda unida. Por una parte la candidatura de Enríquez-Ominami, que fuera sistemáticamente ninguneada por los líderes de los partidos de la Concertación, se ha constituido en una poderosa fuerza política, de corte socialdemócrata liberal o liberal progresista, más a la izquierda del neoliberalismo freista, y que en su constitución interna ha sabido agrupar prácticamente a la mayoría de la izquierda chilena anti concertación y ha sumado en sus filas a una derecha de carácter díscolo, anti Piñera, que es el candidato de la derecha pinochetista tradicional.

Jorge Arrate y el Partido Comunista, han dado un giro hacia el proyecto Concertación, aliándose en lista parlamentaria única y llamando indirectamente a votar por Frei en segunda vuelta. Tal como lo dijera un antiguo dirigente del MIR, Andrés Pascal Allende, hoy en el comando de Enríquez-Ominami, «...Para quien sea realmente de izquierda es incomprensible que, por estrechos intereses partidistas, el PC se comprometa a apoyar a Frei, se preste a darle oxígeno a una moribunda Concertación y se reste al esfuerzo común de construir la Nueva Mayoría Popular». Tomando los análisis del Director del Diario Digital El Mostrador, de una u otra manera el Partido Comunista y en ello ha arrastrado necesariamente al candidato Arrate, se ha convertido en la quinta fuerza política concertacionista.

Así, la izquierda dividida, no logra aprovechar la oportunidad de asestarle un golpe definitivo al proyecto concertacionista-neoliberal, en tanto si fuera unida, probablemente podría ganarle a la candidatura de Frei en primera vuelta y estar en condiciones muy mejoradas de triunfar sobre la derecha pinochetista.

Frei y las fuerzas políticas concertacionistas, vienen al menos desde las elecciones municipales pasadas, en franca baja, aún cuando sus personeros, comunistas incluidos, hayan querido mostrar los resultados de dichas elecciones como un triunfo, celebrando en el Palacio Presidencial juntos.

Sólo una muestra de la elección anterior, tal como lo plantié el año 2008: Si trabajamos un conjunto pequeño de índices de la elección de alcaldes, tenemos que la alianza por Chile, la derecha, el pinochetismo remozado, sacó un 40, 49% de los votos en alcaldías, y la Concertación gobiernista, un 38,43%.

La alianza derechista hoy gobierna un total de 140 alcaldías y la Concertación 147 y si consideramos la cantidad de personas que estos dos bloque gobiernan desde las comunas, tenemos que la alianza influye sobre 3.697.070 ciudadanos y la concertación sobre 3.152.415, es decir la derecha tiene influencia local sobre 600.000 chilenos y chilenas más, en un período altamente crítico de la campaña presidencial.

Una de las explicaciones de la baja concertacionista, es que el conglomerado no se ha diferenciado suficientemente en su concepción de sociedad y en sus política económicas de la derecha pinochetista, por mucho que trate de mostrarse distinta desde sus políticas asistenciales (la llamada Red de Protección Social de Michelle Bachelet) o en su visión y vocación democrática. En el sentido de lo anterior, la ciudadanía al no diferenciar entre Concertación y derecha en su modelo de crecimiento y desarrollo y formas elitistas de hacer política, no duda en castigar a la Concertación votando preferencialmente derecha.

Es cierto, y no podemos dejar de hacer distinciones, que la política concertacionista no es de un neoliberalismo a ultranza, en tanto justamente se preocupa de manera gradualista de mantener niveles de ayuda a los sectores más desposeídos y marginados de los procesos de modernización, desarrollando políticas asistenciales y focalizando el gasto social a estos sectores, pero en término globales, se ha movido en la reforma y optimización del modelo de crecimiento y desarrollo legado por Pinochet.

Una muestra de lo anterior, es que los empresarios de los distintos sectores y sobretodo la burguesía financiera, han celebrado a los gobiernos concertacionistas como aquellos en los que han obtenido mayores oportunidades de inversión interna y externa y las más altas tasas de ganancia. El conglomerado, durante los últimos 20 años, ha realizado una política sistemática de apertura al exterior con la firma de grandes tratados de libre comercio y ha generado enormes oportunidades de inversión extranjera en la minería, en el sector pesquero y forestal, realizando además las privatizaciones del agua, la energía y telefonía entre otras, gran parte de ellas hechas por Eduardo Frei cuando fue Presidente. Si es posible definirlo en pocas palabras, los chilenos y chilenos hemos vivido bajo los gobiernos concertacionistas la variable «de justicia social en libertad» del liberalismo pinochetista.

Finalmente tenemos a la derecha chilena hoy representada por Sebastián Piñera. Es esencialmente el proyecto tradicional del pinochetismo, libre mercado a ultranza y paternalismo y exclusión política, escenario que hemos vivido desde el año 1990 hasta hoy, bajo la Constitución del 80 y el sistema binominal creado por la misma derecha.

Sumado a esto y más allá de la necesaria renovación de sus cuadros, gran parte de los que eventualmente serían los personeros del gobierno derechista, fueron estrechos colaboradores y gestores de la dictadura. Finalmente Piñera ha defendido la Red de Protección Social y dice que la desarrollara aún más. En cualquier caso a esta especie de populismo pinochetista, si bien no logrando cumplir ciertas ofertas, no le será difícil moverse en una mixtura entre las políticas asistenciales de la Concertación y la propia concepción de una sociedad de libre mercado. Una especie de variable neoliberal extrema de la «justicia social en libertad» concertacionista.

El liberalismo se impone

Todos los sectores políticos más allá de sus programas o dichos, son de cierta manera variables del liberalismo. Piñera su representante más duro, el neoliberalismo original, Frei el liberal-populismo o el neoliberalismo en equidad y justicia social, que ha tratado de frenar hasta cierto punto, la concentración de la riqueza inherente al modelo, y Enríquez que no es sino en su propuesta, una cierta vuelta atrás a la promesa inicial de la Concertación, de mayor justicia social y equidad hacia el mundo de los trabajadores, y una crítica descarnada y justa a la élite concertacionista (que de alguna manera ha capturado al Estado y a clientelizado las relaciones, tanto con sus propios partidarios como con la sociedad civil) En suma, un liberal progresismo más radical que el de la Concertación. Y finalmente Arrate, el que representaría la crítica más pura de la izquierda histórica contra el liberalismo, expresada en su Programa, pero que borra con el codo lo que escribe con la mano, en el sentido que ha llamado a votar en segunda vuelta por el candidato más derechista de la socialdemocracia, Frei y se hace partícipe de la estrategia comunista de co-gobierno y unidad parlamentaria con la Concertación. Al respecto, lo que está haciendo Arrate y el PC en particular bajo la justificación de romper la exclusión de los comunistas en el parlamento y de derrotar a la derecha, es una clara demostración de lo peor de la antigua política de palacio, en que los candidatos y las fuerzas políticas creen poder plantear consignas maximalistas o críticas radicalmente democráticas, justamente para de manera pragmática actuar en el sentido contrario.

Algunas proyecciones

Dada la totalidad de las encuestas políticas realizadas, la derecha se impone sobre los dos candidatos socialdemócratas, Frei y Enríquez, y este último hasta hoy no logra acumular más votos que la propuesta freista. La suma de los dos es superior a la votación derechista pero no alcanza al 50% y está muy por debajo del 48% o 49% histórico en primera vuelta.

Por otra parte, las encuestas sobre la segunda vuelta, muestran un triunfo claro de la derecha sobre Frei y un empate técnico de ésta con Enríquez-Ominami. De esta manera se ha impuesto en el debate de las últimas semanas, que si Enríquez-Ominami gana en primera vuelta, podría efectivamente dar una pelea mano a mano a la derecha pinochetista y derrotarla. No así si gana Frei, puesto que ha sido un candidato extremadamente débil, que no ha sido capaz de superar la distancia de 10 puntos que tiene con Piñera y a su vez porque en segunda vuelta, los votos de Enríquez-Ominami no irían a la Concertación, ya que un 30% de ellos es de derecha y el resto de una izquierda probadamente anti concertacionista, que jamás votaría por Frei o por un conglomerado en plena descomposición.

Mirando el escenario de este modo, la actitud de la izquierda histórica minoritaria, cercana al 6%, al tener candidato propio y unirse estratégicamente al freismo en lista parlamentaria y apoyo presidencial, realmente lo que hace, es restarle la posibilidad a Enríquez-Ominami de ganarle a Frei para competir y eventualmente ganarle a la derecha pinochetista de Piñera en segunda vuelta. Por que finalmente, lo que se está jugando al menos para la izquierda histórica arratista y la Concertación, es el triunfo o la derrota de una derecha en franca alza. Pero las acciones realizadas por estos actores, han sido incluso en está lógica, absolutamente erráticas.

La contradicción derecha-democráticos, es a estas alturas, una falsa disyuntiva, al menos en lo que se refiere al modelo de desarrollo y crecimiento y al tipo de democracia construida, pues de ganar cualquiera de los tres candidatos fuertes, es decir Piñera, Frei o Enríquez-Ominami, será el triunfo de las variaciones del modelo de mercado y de una democracia más o menos excluyente.

Sin embargo, si bien no está en juego el modelo mismo en toda su extensión, si está en juego su comando político y en ese sentido no da lo mismo quien lo lidere, puesto que de los tipos de destacamento que dirijan el aparato del Estado, dependen las variaciones más reaccionarias o más progresistas del modelo en su conjunto. De dirigirlo la derecha será el extremo del modelo neoliberal, de ganar la concertación, el mantenimiento y conservación de lo actual, un liberal populismo y de ganar Enríquez-Ominami, la posibilidad de la reunificación de la izquierda, si no bajo propuestas socialistas, al menos organizacionalmente, y a su vez la probabilidad del cumplimiento de una nueva promesa a la sociedad chilena, de la creación de un modelo socialdemócrata liberal progresista, estilo Correa en Ecuador o Lula en Brasil.

Tal cual está el escenario político electoral chileno y de mantenerse así, con la crisis de la izquierda que marca mucho la contienda y sumándole a esto la crisis de la concertación, la crisis económica y la crisis del conjunto del sistema político electoral, que se expresa en que entre 5 y 6 millones de chilenos y chilenas no adscriben a ninguna fuerza política y candidaturas, es altamente probable que gane la derecha pinochetista en las próximas elecciones presidenciales.


Fesal Chain es Sociólogo. Corresponsal en Chile, Especial para Agencia Servipress.Info.

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