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La revolución y sus sucedáneos

VENEZUELA - Los “socialistas” contra Chávez

Ariel Zúñiga

Martes 6 de julio de 2010, puesto en línea por Ariel Zúñiga

A muchos convenientemente se les olvida que el socialismo, el comunismo y o el anarquismo constituyen una utopía, un punto lejano en el horizonte al que pretendemos acercarnos con nuestras acciones cotidianas.

Tiene razón Chomsky, para nombrar sólo a uno que lo ha dicho, que la política se ejerce en el mundo real y que, por lo tanto, no podemos estar permanentemente conspirando contra los válidos esfuerzos de transformación, aunque nos parezcan insuficientes, superficiales o estériles desde una teorización “pura”.

Hacer política es actuar en el mundo, y si estamos en el bando de quienes buscamos la transformación radical de lo existente es inherente a tal actuación el que la lucha sea consciente, que sepamos qué estamos haciendo y porqué, que podamos en todo momento dar razón de nuestros actos. La teoría, por lo tanto, no opera en un nivel superior sino que está embebida en lo mundano, subsumida en lo cotidiano o no es más que palabrería.

Por lo tanto no debemos estar atornillando al revés de los procesos que buscan la emancipación del hombre aunque caminen por senderos equivocados, ni menos conspirar contra las luchas que buscan, que intentan, aunque parezca un juego estéril. Nuestra energía debe dispensarse en aportar la lucidez que escasea, la crítica que se torna en obsecuencia cuando los “críticos” se hacen del del gobierno.

Prestarse para la caída del gobierno de Cuba o Venezuela es una actitud inaceptable, no sólo de un “socialista” sino que de cualquier ciudadano del mundo que respete los valores de la autodeterminación. Distinto es prestarse para lo opuesto, para defender lo indefendible, para inflacionar la moneda de la verdad o simplemente confundir poniendo todo en el mismo saco.

El informe de la “internacional socialista” [1] en contra del gobierno de Hugo Chávez constituye, en razón de lo expuesto, un grave atentado en contra de la verdad y la honestidad intelectual indispensable para relacionarse. Se debe aclarar que esta “internacional” no es más que una “marca” con la cual se abusa, no hace 20 sino que hace ya más de 100 años. La socialdemocracia no se transformó, parafraseando a Anthony Giddens, en un discurso de derecha para una audiencia de izquierda con la tercera vía sino que eso ha sido desde su fundación. La defensa irrestricta del orden republicano es, depurado de eufemismos, una acción conservadora del statu quo, es decir, se encuentra en las antípodas de la transformación social.

Las fuentes doctrinarias de la izquierda mundial coinciden en que la sociedad que vivimos no es democrática, que la separación en clases sociales y su antagonismo hace de la pax burguesa nada más que un fraude de etiquetas. La socialdemocracia al aceptar “las reglas del juego” en un sistema no igualitario se miente a sí misma y a sus potenciales militantes, máxime cuando la evidencia histórica apunta a que el macroempresariado transnacional no respeta dichos límites cuando sus intereses están amenazados. Como diría Nietzsche, el socialismo socialdemócrata no es más que una religión para esclavos, producto de la autocompasión de los necesitados y su desesperanza. Aceptar las reglas del juego es botar la reina, es capitular. Aceptar las reglas del juego es ceder frente a las condiciones del enemigo, es dejar de tratarlo como tal, es consentir en el dominio que el ejerce sobre nosotros.

Si la socialdemocracia no puede llamarse a sí izquierda, desde el momento en que se concibió, menos podrá hacerlo ahora cuando su política no sólo es conservadora sino que es progresistamente conservadora. El socialismo de balneario, o tercera vía (termino que finalmente no prevaleció) no es, cómo lo he explicado en un artículo escrito hace nueve años [2], un modo suave de hacer política de izquierda sino que el modo correcto de hacer política de derecha.

Cuando el mundo se conservaba estable hace milenios el rol de la derecha era el de contener cualquier cambio, sea desde la forma de los sombreros o de las carretas. En un mundo de vertiginosa transformación, crecimiento poblacional, desruralización, individuación, secularización, el modo -el único modo- , de mantener inalterables las relaciones de poder, que son económicas y políticas al mismo tiempo, es transformando las instituciones al ritmo de la sociedad. Quien impida los cambios sólo provocará un taco en la carretera del mítico progreso, y su acción majadera traerá necesariamente la rebelión con todos los altísimos costos que el sistema conoce que genera.

Conservar una sociedad en transformación implica una constante mutación institucional y discursiva. Cuando Alfredo Jocelyn Holt habla del gatopardismo [3] de la concertación a eso apunta pese a no comprender la razón. La concertación cambia todo para que nada cambie no porque los socialistas se hayan europeizado, o hayan sido cooptados por el sistema de poder global, sino porque siempre han sido socialistas, es decir, progresistas conservadores y el mundo post guerra fría les ofreció la oportunidad de hacer de su oportunismo la hegemonía.

Como dije hace nueve años, la tercera vía es el capitalismo posible en el mundo actual, la fusión patentada entre garrote y zanahoria que permite gobernar en el capitalismo global dejando indemne, y además protegido, al macroempresariado y contento al perraje.

¿La nueva forma de gobernar?

Gobernar ha sido desde tiempos inmemoriales asesinar y mentir, pero es crucial saber a ciencia exacta cuánto se puede matar y cuándo, y cuánto, mentir. El gobierno de Piñera no puede ser “más de derecha” que los que lo precedieron, no por alguna resucitada teoría ultra izquierdista o trostkista, sino porque debe mantener constantes las mismas dosis de asesinato y mentira que usó y abusó la concertación. Existe un sólo modo de gobernar, sea un emperador, un rey o un gerente no se debe mecer mucho el bote ¿cambiar? Lo justo y necesario para que nada cambie. Lo contrario los hace enemigos de los accionistas mayoritarios de los estados quienes no escatimarán recursos para derrocarles.

Piñera pretende pagar con dinero fiscal al macroempresariado el royalty por permitirle gobernar tal cual hizo Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, y antes que ellos Pinochet. El país le pertenece a ellos, a los Luksic, a los Matte, a unas cuantas transnacionales y lo “justo”, de acuerdo esta valoración, es que se les conceda ganar dinero a manos llenas y de tanto en tanto se les agasaje con prestaciones adicionales. Como queda muy poco, casi nada en la caja fiscal, Piñera hará cuanto esté en él en aras de privatizar la salud, la educación y la gran minería. Formulas fracasadas en todo el mundo, planes que no resisten el menor análisis. Políticas similares han originado una catástrofe sanitaria, y en términos generales, social en el primer mundo.

Desregular designando en puestos claves de supervisión a los mismos supervisados, convocar al macroempresariado para que meta la mano en el dinero fiscal, so pretexto de las crisis (seguridad ciudadana, terremoto, educación) no son políticas distintas a las ejercidas por la concertación por 20 años, lo que ocurre es que queda un esmirriado botín, con tal codicia ambicionado que hasta al rey Midas se le acabaría el oro.

Piñera quebrará el fisco, tal cual lo hizo Bush en los EEUU, alimentando cifras azules con la carne del propio cuerpo. La “derecha” partidaria, como podemos apreciar, es incompetente para gobernar en el mundo de hoy, sus cuadros están compuestos por diligentes ejecutivos incapaces de crear o agregar valor porque en eso se ha transformado la economía mundial en los últimos cuarenta años. El mundo se gobierna y debe gobernarse por los socialistas de balneario para evitar un descalabro social y económico por el mayor tiempo posible.

Los socialistas de balneario aplazan el inevitable colapso económico del sistema capitalista y es posible que inclusive lo sobrevivan gobernando. Su plasticidad, su open mind, los hace más efectivos que los torpes ejecutivos de la derecha tradicional. Como estos últimos en vez que contener a las masas conservando lo esencial se preocupan obsesivamente de estupideces ultraterrenales como la moral del poto, o produciendo crisis por la incontinencia bursátil, los socialistas (renovados siempre han sido), son los únicos capaces de conservar a un sistema capitalista cuesta abajo en la rodada.

Socialismo del siglo XXI.

El informe de la “internacional” socialdemócrata, por lo tanto, debe leerse como una recomendación bastante cercana a los intereses transnacionales del macroempresariado así como lejanas, e inclusive incompatible, con los intereses de los oprimidos. A lo que me refiero es que es absurdo pedir peras al olmo y sabiendo qué es dicha institución carece de sentido esperar una opinión diversa de sus postulados e intereses.

Las recriminaciones a Fulvio Rossi o Sergio Bitar, políticos chilenos que lo suscribieron, me parecen por lo menos ridículas habida cuenta que representan a una coalición de derecha a la cual rotulan ingeniosamente como “progresista”. Sólo alguien que haya estado en coma durante los últimos 25 años podría sorprenderse por la coincidencia entre los socialistas chilenos y los derechistas de todo el orbe.

Hugo Chavez consciente, por sí y mediante sus asesores, de este giro copernicano en el discurso, aunque no en la práctica, del socialismo internacional hubo de apellidarlo con un tímido, e insulso, XXI para hacer presente la diferencia. Y distancia entre lo que ha hecho Chavez y las políticas de sus “camaradas” de otros países sí que las hay. En Venezuela se ha tomado en serio ciertos principios olvidados, archivados después de la muerte de Allende en la Moneda, y que inscriben a dicho gobierno en una senda más cercana a Fidel Castro que cualquier gobierno socialdemócrata en el mundo. Es decir, Chavez ha acogido el principio marxista, aunque no genuinamente de Marx, de la socialización de los medios de producción. Esta receta se conoce con el término amarillista de “dictadura del proletariado” y a ella se podría arribar por las armas, como en Rusia, China o Cuba, o, tal cual lo intentara Allende (contra la opinión de toda la doctrina y además de la evidencia histórica) mediante la radicalización del sistema republicano, capitalista y burgués.

Cuando la internacional de quinto o sexto enjuague acusa al gobierno de Chavez de:

“Las actividades de la sociedad civil y de la oposición política no son prohibidas categóricamente ellas están controladas y limitadas, particularmente debido a un tipo de autocensura que se instala bajo la amenaza permanente de ataques verbales del Presidente y de los representantes del poder, y física por parte de grupos paramilitares, algunos de ellos manifiestamente a las órdenes del poder, otros que sobrepasan al Presidente «por su izquierda» y escapan de su control inmediato. ” [4]

“La prensa escrita, dirigida esencialmente a los intelectuales y a una parte limitada de la clase media, muestra una libertad de expresión asombrosa, a pesar de estar estrechamente vigilada y siempre bajo la amenaza de un agotamiento de las existencias de papel, al arrogarse el gobierno el control de la distribución.” [5]

“De esta manera son legalizados procedimientos de expropiación (empresas, bancos, medios de comunicación, propiedades de bienes raíces), la creación de nuevas entidades administrativas (a nivel de ministerios, provincias, municipalidades), representativas (sindicatos, organizaciones patronales y estudiantiles) y ciudadanas (comités de barrios, de empresas, de administraciones públicas) y, por supuesto, nuevas medidas en materia electoral, judicial y administrativa. Algunas de estas nuevas leyes contravienen la Constitución aprobada por la Asamblea Nacional, con mayoría absoluta del oficialismo.” [6]

Simplemente reprocha a Venezuela haber elegido un sistema, aunque parecido en lo sustancial, diverso en lo superestructural a una república burguesa. Además ofende la inteligencia de cualquier lector pues reprocha en un lugar lo que es práctica común en todos los estados “democráticos”, en especial sus vecinos. Sostiene que actúa agresivamente contra Colombia y soslaya que en este país se descubrió una fosa con al menos dos mil cuerpos asesinados en los últimos cinco años. [7]

En dicho informe se escandalizan por la inflación de 30% anual y no reparan en que esto no ha afectado macroeconómicamente al país ni ha empobrecido a su población, y además no se menciona sus tasas de crecimiento [8]. En este punto, el informe, no hace más que reprochar un dogma de los economistas neoliberales, las reglas impuestas por el FMI y el Banco Mundial, de mantener estable y baja la inflación. En Chile tales reglas se han cumplido al pie de la letra y pese a ello la mayoría de sus habitantes gana lo mismo que hace quince años habiéndose congelado las esperanzas de progreso individual, ascenso social o meritocracia.

La “internacional”, por lo tanto, fiel a lo que es hoy en día, le reprocha a Venezuela no ser Colombia o parecerse demasiado a Cuba pero en ningún caso le efectúa algún reparo socialista, o que podamos acomodar discursivamente bajo dicho rótulo.

Una crítica desde la izquierda.

Ha sido Chavez quién ha dado pábulo a que se asocie su gobierno con el de Cuba. Por más que sus políticas coincidan, en el esfuerzo de realizar un socialismo “real”, podría perfectamente haberse ahorrado la pesada mochila cubana y de que se cobraran sus deudas en el patrimonio de Venezuela.

Sin cambiar un ápice de su política, sin por ello abandonar a Cuba, el gobierno venezolano se ha comprado un gran problema. La isla del Caribe no es un paraíso, quién quiera afirmar aquello, desde el prisma que desee, tropieza con la verdad y con su kilométrico prontuario.

Y si bien, es inaceptable que cualquiera conspire contra un gobierno que no sea el propio, distinto es oponerse con la razón a aquello que nos parece injusto o insostenible.

Ni Venezuela ni Cuba, teniendo en cuenta las radicales diferencias entre ambas, son regímenes criminales a los que haya que derrocar en aras de la paz mundial. Cuba no es una democracia, pero, paradojalmente, no existe ningún lugar en el mundo que sea sustancialmente más democrático que Cuba. Si nos vamos a las estadísticas la isla caribeña, y qué decir de Venezuela, sólo se comparan con el primer mundo, es un logro sin precedentes obtener esas cifras con presupuestos tan acotados.

Ni en Venezuela ni en Cuba se producen las atrocidades que son comunes en gran parte del mundo y en especial en México, Colombia o Perú.

Pero ¿Bastarán estos argumentos para absolver a estos gobiernos de todo cargo?

A mi juicio no. De lo que se debe exonerar, y eso debe afirmarse de modo tajante y sin matices es de cualquier “crimen” que justifique la pena de asesinato para sus gobernantes, derrocamiento o invasión “humanitaria”.

La “internacional” juzga a Venezuela de ser poco capitalista, me parece que el cargo debería ser el contrario, el reproche que le hago al proceso bolivariano es el mismo hacia el cubano, no veo ahí ninguna revolución, ni en ciernes, ni contenida, ni siquiera un principio, un andamiaje para que se erija.

Admitiendo que la política se hace en el mundo real no veo en dichos procesos, resciliantes, porfiados, más que experimentos fracasados de construir sobre la marcha, y sobre todo lo existente, algo distinto. Eso siempre y cuándo concedamos el beneficio de la duda a Castro y a Chavez de que en su fuero íntimo son revolucionarios que conducen un desarrollo nacionalista a su pesar.

Si vamos a juzgar a una revolución no lo podemos hacer por el logro en los índices burgueses o por la disminución de los asesinatos que produce la inveterada industria de gobierno. El que no mueran niños de hambre en Cuba o que cualquiera pueda ser médico no compensa las iniquidades que su sistema produce y reproduce. El utilitarismo burdo que se utiliza para defender a estos gobiernos desde la izquierda es tanto y más ofensivo para la inteligencia que la majadera propaganda en contra.

Estos gobiernos, que “socializan” -estatizan- los medios de producción, que no son sólo económicos sino que también culturales, si es que son de izquierda, deberían hacerlo sólo como un medio de revolucionar a la sociedad de modo de disolver aquel estado hipertrofiado que han construido. Es la receta tantas veces probada como fracasada de la “dictadura del proletariado” como fase necesaria previa al comunismo. ¿Qué posibilidades existen que se disuelva el estado cubano? ¿Que como todo lo sólido se evapore? ¿Que rija el comunismo? En fin ¿qué posibilidades existen de que se supere la “fase” “dictadura del proletariado” y se “avance” hacia el comunismo?

Ese es el quid de la discusión, es absurdo defender a Cuba en tanto una sociedad de clases mejor administrada que las demás.

Las posibilidades de que Cuba y Venezuela sean realmente comunistas, es decir, se suprima la lucha de clases, se termine la explotación del hombre por el hombre, nos emancipemos de jefes, patrones o gobernantes son las mismas que existen, y quizá menos, que eso pase en todo el resto del mundo. Los caminos que han emprendido estos países, por lo tanto, no son más revolucionarios, y añado, no son en ningún caso revolucionarios, ese es el reproche que se les puede hacer.

La práctica de los “revolucionarios” cubanos y venezolanos está tan enemistada de las fuentes teóricas que nominalmente defienden como la de los opus dei respecto del cristianismo. He ahí otro reproche posible de hacer. Y tal cual la extrema derecha del catolicismo, se suple con la histeria del espiritualismo y el culto al líder las contradicciones de una fe ciega escindida de la doctrina que la justifica.

Es muy distinto tomar conciencia de la explotación de la que somos objeto que ser educados, concienciados, para que culpemos a una entelequia (burgueses, gusanos, contrarevolucionarios o lo que sea) de nuestros problemas sociales e individuales.

La transformación radical de la sociedad, la aniquilación del estado, la supresión de las jerarquías, la emancipación sin matices sólo se producirá cuando nos avoquemos de modo serio a tal tarea colectiva y seamos capaces de superar todos y cada unos de los atavismos que nos conducen de vuelta al orden tras cada rebelión.

No existen atajos, ni fórmulas mágicas que nos emancipen automáticamente. Y tampoco existen caminos intermedios a la emancipación que debamos padecer antes de llegar a la tierra prometida. Si supiéramos que el camino cubano o venezolano conduce necesariamente a la utopía, aún cuando haya que esperar quinientos años en el mientras tanto, aún valdría la pena pero no es así. No se trata de impaciencia, tampoco de “infantilismo”, toda la evidencia histórica enseña que el poder corrompe, que la acumulación de poder sólo empeora la situación de los dominados, que una dictadura no es el punto intermedio entre una dictablanda y una democracia real.

En suma, el reproche que es posible hacerle a dichos regímenes no es que sean poco capitalistas sino que no implican una conquista, por no ser un avance, para la izquierda. Se trata de regresiones, de retrocesos que no es posible defender, menos sentirse orgulloso por ello.

Pese a ello, insisto, decir aquello no implica defender a quienes intentan, por motivos deshonestos, desestabilizar a los gobiernos de Cuba y Venezuela.

Que unos cuantos niños menos mueran de hambre en un mundo en que al menos treinta mil mueren al día de inanición, no es mucho mérito mientras no nos encaminemos a la supresión completa de dichas injusticias. Aunque sea un camino largo y arduo la forma en que transformamos el mundo, lo revolucionamos, es emprendiendo su tránsito. Los socialismos “reales” no nos acercan, su reino es el eterno mientras tanto, y sólo desvisten el santo de la libertad para vestir el del estómago.

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Portafolio


[1Informe de la Misión de la internacional socialista a Venezuela , 20-23 de enero de 2010 http://www.socialistinternational.org/images/dynamicImages/File/InformeMisi_nVenezuela.pdf

[2Criminalización de tercera vía, violencia de última generación: http://violenciaycontrol.blogspot.com/2007/11/criminalizacin-de-tercera-va.html

[3En su ensayo “Del avanzar sin transar al tranzar sin parar.”

[4Informe de la Misión... página 5.

[5Informe de la Misión... página 3.

[6Informe de la Misión... página 4.

[7Hallazgo que debiese haber producido un escándalo pero que no ha implicado un cambio en el modo en que todos los estados se relacionan con Colombia. Se impone en lo mediático la doctrina de que el fin justifica los medios, o doctrina de la seguridad nacional, que hace necesario los crímenes perpetrados por EEUU, Colombia e Israel, al tiempo que se condena a los estados “canallas” ya que su sola perseverancia es una “amenaza a la paz mundial”. El capitalismo precisa de estos actos de violencia cotidiana en muchas zonas, debido a que la mugre que guarda tras las alfombras emerge en muchos puntos, por lo tanto la “Fosa de Macarena” no debería sorprendernos, aunque es inevitable la indignación: “En el pequeño pueblo de La Macarena, región del Meta, 200 kilómetros al sur de Bogotá, una de las zonas más calientes del conflicto colombiano, se está descubriendo la mayor fosa común de la historia reciente de Latinoamérica, con una cifra de cadáveres «NN», enterrados sin identificar, que podría llegar a los 2.000, según diversas fuentes y los propios residentes. Desde 2005 el Ejército, cuyas fuerzas de élite están desplegadas en los alrededores, ha estado depositando detrás del cementerio local cientos de cadáveres con la orden de que fueran inhumados sin nombre.”

[8Ver el artículo “Venezuela busca una estrategia de desarrollo” de Mark Weisbrot, Le Monde Diplomatique edición chilena, abril de 2010. En él se respalda con cifras el éxito económico venezolano, y más, en vez que analizarlo como una revolución socialista se entiende al proceso, del modo correcto a mi juicio, como un nacionalismo desarrollista. Diario Público.es 26 de Enero de 2010. http://www.publico.es/internacional/288773/aparece/colombia/fosa/comun/cadaveres

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