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MEXICO - Política Migratoria Foxista: De la Enchilada al Muro (por Adrián Franco)

Miércoles 13 de septiembre de 2006, por Manuela Garza Ascencio

Sólo se puede decir una cosa de la política migratoria del sexenio foxista: ésta resultó un rotundo fracaso. Fuera de los intentos de algunos consulados que con un presupuesto magro y personal insuficiente apoyaron como pudieron a los emigrantes, los últimos cinco años se caracterizaron por discursos demagógicos sobre la importancia de los mexicanos en el exterior y por acciones que acabaron en fiascos. Empezamos el sexenio pidiendo la “enchilada completa” y acabamos con la posibilidad de que se edifique un muro en la frontera.

El tema migratorio durante la administración del presidente Fox se puede dividir en cuatro periodos. Durante el primer periodo, el ex-canciller Jorge Castañeda buscó presionar a los Estados Unidos para que México consiguiera la enchilada completa, es decir, un acuerdo migratorio que incluyera una legalización de los mexicanos indocumentados y un programa de visas para los trabajadores que quisieran emigrar. Castañeda logró priorizar el tema en la agenda bilateral, pero equivocó el camino al creer que el gobierno de Estados Unidos daría un giro de 360 grados a su política migratoria y abriría las puertas a los mexicanos. Este periodo terminó abruptamente el 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, desde antes de los ataques terroristas, los americanos ya habían anunciado que no iban a aceptar un acuerdo migratorio tan ambicioso (debemos recordar que una delegación del gobierno mexicano visitó Washington justo una semana antes de los atentados sin lograr ninguna concesión).

Durante el segundo periodo, la secretaría de relaciones exteriores y demás oficinas que tenían que ver con migración, se dedicaron a resaltar el tema migratorio. Cientos de políticos se pasearon por ciudades de Estados Unidos con el pretexto de conocer a la comunidad mexicana. Se ofrecieron muchos discursos, pero nunca se escucharon las necesidades de la gente; se sacaron muchas fotos, pero nunca se brindaron resultados. En ningún momento hubo un proyecto serio del Ejecutivo para mejorar la situación de los mexicanos en el exterior y sus familias en nuestro país. Ni siquiera se aumentaron los presupuestos de los consulados mexicanos, una demanda que tanto los cónsules como las organizaciones de emigrantes han solicitado por años.

En el tercer periodo de la política migratoria, el presidente Fox se concentró en una sola propuesta: el voto en el extranjero. Sin embargo, resultó que el gobierno sólo le estaba dando “atole con el dedo” a la comunidad mexicana. Ni se asignó un presupuesto adecuado para la implementación de campañas de promoción e información del voto en el exterior, ni se demostró la voluntad política necesaria para que éste fuera un éxito. Es decir, se dio una reforma en la ley, pero no los medios necesarios para que los emigrantes pudieran votar por el presidente de México en el 2006.

El último periodo de la política migratoria es el que estamos viviendo actualmente. A raíz de que el Congreso americano aprobó el famoso muro en la frontera, el Ejecutivo se ha pronunciado en contra de esta medida. A través de reclamos, discursos y viajes a Estados Unidos, los políticos aseguran que defenderán a sus compatriotas. Valdría la pena preguntarles a estos políticos en dónde estaban mientras ésta y otras propuestas se cocinaban. De hecho, el muro es un símbolo importante, pero resultará más dañina la propuesta de criminalizar a los inmigrantes y la penalización a organizaciones que los ayuden, medidas que los políticos mexicanos ni mencionan. Es muy fácil salir a los medios a protestar, pero el cabildeo para evitar la aprobación de estas leyes se hace con meses de anticipación, no cuando la ley está tan avanzada. Si el muro y demás propuestas se desechan, no será por las visitas del canciller Derbez a Washington en épocas navideñas (cuando la mayoría de los congresistas están de vacaciones), será por los propios intereses internos de Estados Unidos.

Podríamos resumir la política migratoria de la administración foxista de la siguiente manera: mucho ruido y pocas nueces. Lamentablemente, el mucho ruido son las interminables promesas de los políticos y sus discursos populistas, y las pocas nueces significan enormes estragos para millones de personas que lo único que hacen es buscar un trabajo digno. Ojalá la próxima administración nos ofrezca más nueces. Ojalá los políticos que no hacen nada ya no hagan ruido, es decir, cierren la boca en materia migratoria.

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