17 de octubre de 2012 - Revista Atenea - Terminada la X Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas pareciera reiterarse el rito de reuniones formalistas, generalistas, con poca capacidad de innovar y atreverse a afrontar los nuevos y apremiantes desafÃos que demanda la seguridad multidimensional, predominando las lecturas ideológicas sesgadas y los compromisos internacionales en el marco de los respectivos intereses nacionales, y sin hacerse cargo de que la Defensa clásica y sus instrumentos corporativos tienen cada vez más reducidos espacios.
Veamos tres ejemplos
Se abordó la tensa situación de las islas Malvinas, acordando respaldar la declaración de la Organización de Estados Americanos (OEA) que apunta a continuar con atención este conflicto en la perspectiva de una solución definitiva, pero que contó una vez más con los votos en contra de Estados Unidos y Canadá, que insisten en que solo corresponde un abordaje bilateral, pero donde es casi imposible sustraerse a que su posición está sujeta a los compromisos que ambos paÃses tienen con Inglaterra en al marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), privilegiando intereses propios que superan a la importancia otorgada a un paÃs miembro de acuerdos hemisféricos, como es Argentina. Más todavÃa, cuando se observa con inquietud una creciente militarización de la zona por parte de Inglaterra, que pone en tensión a otros tantos paÃses, en una región importante en la geopolÃtica mundial y en el tramado de relaciones polÃticas y comerciales.
Por lo tanto, en este punto, lejos están los principios de soberanÃa, descolonización, unidad regional y otros tantos tópicos muy recurrentes a la hora de las intervenciones discursivas de las grandes potencias. El nuevo problema de los territorios locales se resuelve con el viejo método de apoyo a fuerzas colonialistas y de veto de los poderosos.
Pero lo más inaudito de la Conferencia, es que, simultáneamente, se vuelve a poner en discusión el debate sobre el Sistema Interamericano de Defensa, asunto que viene quedando pendiente para su resolución desde la Conferencia Hemisférica de Seguridad realizada en México en el año 2003, y que Estados Unidos insiste en su permanencia bajo una nueva codificación, ya que se hace insostenible mantener el TIAR con el mismo formato de mediados del siglo XX, sobre todo porque ya existen varios paÃses que lo han denunciado formalmente, desde ya México y todos los paÃses miembros del ALBA.
Hoy no existe condición alguna para plantearse la resurrección de un sistema interamericano de defensa, es una discusión extemporánea, tanto por el sistema internacional global como por el propio regional, que camina, a paso lento pero seguro, en la conformación de sus propios esquemas subregionales de defensa, donde el Consejo de Defensa Suramericano ha sido un muy buen ejemplo.
En este sentido, Estados Unidos no logra dar con una lectura adecuada de la región, y sigue manejándose con los viejos prototipos de respuestas, cuando la escena regional es tan distinta, dinámica y diversa, que ya no es posible encuadrarla a plenitud en una agenda hecha a la medida del hegemón del norte. El surgimiento de pequeñas alianzas de claras opciones ideológicas distintas al modelo estadounidense, asà como los liderazgos de México y Brasil, hacen de esta discusión una verdadera pérdida de tiempo.
Aquel formato de la defensa hemisférica ya es conocido y sus resultados fueron lamentables para los pueblos iberoamericanos.
Otra vez, el nuevo tema que se impone y que está dado por el surgimiento de unidades subregionales que buscan sus propios métodos y formas orgánicas de integración para dar respuestas especÃficas a sus agendas, quiere ser resuelto por el viejo método de imposición de las polÃticas desde un centro hegemónico con el cual no se comparten los mismos desafÃos, urgencias y metas.
Las respectivas instancias subregionales de integración deben seguir sus propios caminos, afinando sus respectivos diagnósticos y, sobre todo, sus particulares agendas y formas de abordaje, asà como sus instrumentos y perfeccionamientos democráticos.
El tercer ejemplo es la reiteración del apoyo de los instrumentos castrenses para eventos de desastres naturales en la región, apuntando a las polÃticas cooperativas. Este es un asunto que también se consolidó en los debates del año 2003 y que ha venido paulatinamente siendo parte de las agendas de gobiernos e instituciones militares, pero que también tiene una larga historia regional de realizaciones.
En la declaración final, esta propuesta solo fue aprobada por 19 de los 28 paÃses asistentes, quedando varias dudas sobre su aplicación, sobre todo porque los que se abstuvieron o votaron en contra insistieron en que cada estado evaluará su participación según su marco jurÃdico nacional.
Es indudable que uno de los temas más acuciantes para nuestra región tiene que ver con el impacto que producen en nuestras poblaciones los recurrentes y catastróficos desastres naturales asà como los susceptibles de ser originados por la acción humana. Estar preparados para enfrentarlos es uno de los desafÃos más importantes en el marco de la seguridad multidimensional, más todavÃa considerando que en esta región tenemos reservas naturales crÃticas que pudieran ser objeto de cuidado común.
Una vez más, este nuevo desafÃo de respuestas integrales para la protección humana y del medio ambiente, producto de catástrofes naturales o antrópicas, requiere de instrumentos ágiles, multidisciplinarios, equipamiento de primer nivel, capacidad de alistamiento y operativo de respuesta inmediata, logÃstica considerable, comunicaciones de calidad, recursos humanos capacitados y muchos otros aspectos más, que difÃcilmente puedan ser cubiertos solo con la consideración de la movilización de las fuerzas armadas, las que además no tienen esta preparación en profundidad. TodavÃa la respuesta es de viejo estilo, seguir sumándole misiones a las instituciones castrenses, cuando se requiere innovar en orgánicas, capacidades materiales y protocolos.
Es innegable que las fuerzas armadas de nuestros paÃses tienen muchas de las capacidades que se rprecisan para constituir una cooperación eficaz, como son su verticalidad, la disciplina, medios de transporte, comunicaciones y otros, pero la necesidad requiere de nuevas respuestas orgánicas. En el horizonte está la experiencia de la UME española.
Reproduccion por iniciativa del autor.
Carlos Gutiérrez Palacios es Licenciado en Historia por la Universidad Católica de Chile, director de la ONG Centro de Estudios Estratégicos, en Chile y magister en Ciencias Militares.
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