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VENEZUELA - Racionalidad y democracia versus irracionalidad y dictadura neoliberal

Victor H. Ramos

Jueves 13 de marzo de 2014, puesto en línea por colaborador@s extern@s

En la situación actual de Venezuela, en donde manifestaciones violentas están tomando espacio y con objetivos de “salida” del gobierno elegido democráticamente, hay importantes contradicciones económicas y políticas internas y grandes intereses geopolíticos en juego. Como en toda confrontación fuerte y violenta, la primera víctima es la información objetiva y la racionalidad. Esto genera a su vez más polémicas, más reacciones irracionales y confrontaciones en el país y una campaña de manipulaciones mediáticas de nivel nacional e internacional. Las noticias, hechos e imágenes que escuchamos y vemos en los medios de comunicación y en las redes sociales, simplificadas, sesgadas y falseadas en su mayoría, ¿rinden cuenta de esa situación compleja o son justamente la expresión de esos intereses en confrontación que utilizan estratagemas no necesariamente guiadas por la ética y la preocupación de la objetividad? Si no queremos caer en esta dinámica en donde la ética ha dejado lugar a la estrategia calculada de ganarse adeptos y la opinión pública de cualquier manera, la manifestación pacífica y lo racional a la violencia y lo irracional, debemos tomar una cierta distancia de todo lo que recibimos. Conservemos nuestro espíritu crítico y racional. Tomemos una posición serena. Esto se intenta hacer en esta reflexión que tiene como punto de partida varios años de observación de la vida política venezolana. Hemos cotejado y verificado las noticias e informaciones más importantes recibidas y leídas de Venezuela tanto de la parte oficial como de la oposición que corresponden sobre todo a los últimos 12 meses. Las partes en conflicto han caído en las simplificaciones señaladas, tendencia común en política. Sin embargo, hemos constatado las informaciones dadas por la oposición venezolana tienen características particulares bien definidas y sistematizadas. Observamos que no se trata de los típicos ataques contra adversarios políticos en momentos de elecciones y de agudos conflictos ocasionales. Es más bien una práctica permanente y sostenida que combina acciones y “bombardeo” mediático por todos los canales disponibles y siempre utilizando eficazmente las cuerdas sensibles de las personas para crear miedo, condenación de actos divulgados siempre como injustos y estimular la exasperación ante problemas reales de la vida cotidiana como la violencia delictiva y últimamente de aprovisionamiento. El blanco en donde se concentran los “tiros” es el gobierno, presentado como único y exclusivo causante de todos los males y problemas. Tiene como evidente objetivo deslegitimar el gobierno como una primer paso a otros a seguir. Y esto se viene practicando y repitiendo desde los inicios del gobierno bolivariano. Si se sigue la lógica de esta concepción, se podría ver como que el gobierno es toda Venezuela, que controla todo, es responsable de todo como único ente actuante. La simplificación perfecta para aplicar métodos maniqueos. Dentro de esta perspectiva unidimensional se ha desarrollado el “arte” de la desinformación masiva y permanente de una manera eficaz, pero que despliega el peligro que todo discurso maniqueo y estigmatizador trae consigo: odio irracional del “otro”, pérdida de la noción de la realidad, culpabilización exclusiva del adversario y justificación de cualquier acto por más violento, ilegal e inhumano que sea. El escenario está listo para pasar a otros niveles de confrontaciones en los cuales el pueblo venezolano será el perdedor y terminará dividido profunda y duraderamente e inmersos en un clima de confrontación permanente. Ahora bien, ¿que busca más concretamente la oposición con sus actuales acciones? Los manifestantes tienen por claro objetivo “sacar” el gobierno de Nicolás Maduro con acciones “calentando la calle”, según declaraciones de su dirigente Leopoldo López, de otros voceros y repetido frecuentemente por los manifestantes y que está bien documentado. Por lo tanto, lo que está en juego, siguiendo esta posición, es la legitimidad del gobierno. Entonces, es necesario preguntarse dos cosas en esta parte: primeramente, ¿el gobierno bolivariano es legítimo o no? Segundo, ¿qué soluciones legales se pueden tomar si se lo considera ilegítimo o que se cree que ha perdido legitimidad? Examinemos con cabeza fría ciertos puntos fundamentales para comprender un poco más lo que está en juego en Venezuela.
 

¿Gobierno legítimo o ilegítimo?

Respondiendo a la primera pregunta, constatamos que el gobierno de Nicolás Maduro fue elegido en las elecciones de abril de 2013 con una diferencia a su favor de 224.000 votos. En democracia representativa, la diferencia de un voto es válida por principio para ser elegido como el ganador de una contienda electoral. Es evidente que Maduro no tuvo la cantidad de votos que normalmente Chávez y su movimiento venían teniendo en la 18 votaciones anteriores en donde el apoyo era muy por encima de el de Maduro. En octubre de 2012, Chávez ganó por una diferencia de 1.500.000 votos, en términos redondos, y con un total de más de 8.000.000 de votos. En diciembre de 2012, el movimiento bolivariano ganó 20 de las 23 gobernaciones. En las elecciones municipales de diciembre de 2013, que el MUD presentó como “plebiscitaria”, el Gran Polo Patriótico Bolivariano ganó 242 municipalidades sobre 337 con una diferencia de votos a su favor de 842.612 y el MUD 75 alcaldías. Voluntad Popular, el partido que encabeza las manifestaciones y acciones violentas ganó en 18 municipalidades, tiene 1 parlamentario y 0 gobernación, un partido marginal. Por lo tanto, por donde se analice, el movimiento bolivariano tiene un apoyo muy mayoritario de parte de la población expresado por las urnas recientemente, a pesar de los problemas actuales de escasez de los productos básicos, especulación, acaparamiento, etc. Desde el punto de vista de las reglas democráticas, el gobierno bolivariano de Maduro tiene una indiscutible fuerte legitimidad.

¿“Salida” pacífica o violenta?

Aquí cabe hacerse la segunda pregunta. Si el gobierno tiene legitimidad en las urnas, pero que perdiese el apoyo de la ciudadanía de una manera mayoritaria, ¿qué medidas legales se tienen para deshacerse de un gobierno que “perdió su legitimidad” o la única “salida” es la violencia? La respuesta se encuentra en la Constitución venezolana con la figura jurídica del “referendo revocatorio” que puede realizarse a la mitad del mandato. Pero como la oposición, aún unida, no tiene en este momento la representación democrática de utilizar esta posibilidad legal y por el apoyo mayoritario del pueblo venezolano al proceso bolivariano, es ahí donde entra a jugar Vanguardia Popular la carta de la violencia que busca una confrontación creciente de la población con el gobierno, lo que podría generar una guerra civil entre venezolanos, un golpe de Estado y/o la intervención militar del gobierno de los Estados Unidos reclamada desde hace tiempo por algunos miembros de la oposición más extremista. En cualquiera de estos casos, el primer perdedor es el pueblo venezolano, sea cual fuere su preferencia política. Esto sería una tragedia económica, política, social sangrienta para Venezuela. Además de la pérdida de los avances sociales en diferentes planos que beneficia a diferentes sectores, en particular a los sectores humildes y que son reconocidos por organismos internacionales. Pero también para el resto de América Latina que están avanzando en la puesta en marcha una serie de instituciones que unen los pueblos de nuestro continente para su bien, en justicia y paz. Me refiero a UNASUR, ALBA y ahora la CELAC y otras que son organizaciones plurinacionales difíciles de formar, pero necesarias para nuestros países que, unidos solamente, pueden realizar el bienestar y el desarrollo sin hegemonías y democráticamente. Es sabido que las tres organizaciones nombradas funcionan en base al consenso, lo que imposibilita el control y dominación de un país sobre el resto, por más potente que sea. La constante que caracteriza históricamente estas organizaciones continentales independientes de las potencias es justamente el de no ser hegemónicas. Otra razón más para que los gobiernos de países poderosos hagan todo lo posible para impedir y destruir uniones e integraciones que no controlan, como se ha verificado a lo largo de nuestra historia desde la independencia de España hasta hoy. La historia de los esfuerzos integracionistas postergados lo atestigua. Una guerra interna en Venezuela sería una excelente arma para el gobierno de los Estados Unidos para volver a controlar este país y su petróleo y desbaratar todo intento de integración continental independiente ayudando a tomar el gobierno a gentes afines a sus intereses y acostumbrados a ponerse al servicio de las potencias. La “solución final” puesta en marcha por la rama violenta de la oposición no es la solución y el 90% de los venezolanos no está de acuerdo con esta estrategia, según los últimos sondajes consultados. Veamos qué es y cómo funciona esta estrategia conocida como la “Matriz Sharp” y que se combina con otra inmensamente más violenta y que la estructura.

La Matriz del Golpe suave a las “dictaduras”... combinado al Golpazo del “Joint Vision 2020”

Entonces, si la mayoría está con el gobierno actual, hasta prueba de contrario, y la gran mayoría de la ciudadanía no acepta la vía violenta, ¿quiénes y por qué promueven estas acciones de pequeños grupos, por ahora, que se están volviendo de más en más violentas? Por un lado, se está utilizando la “Matriz del Golpe suave de Sharp” a las “dictaduras” que ha servido en los últimos veinte años al intervencionismo exterior occidental contra gobiernos no alineados a su política. El libro que inspira esta matriz desestabilizadora se intitula De la dictadura a la democracia” de Gene Sharp, politólogo estadounidense, escrito en 1993 y que propone métodos no violentos. Los métodos de este manual de los amigos de “la democracia” bajo influencia de la Casa Blanca, es utilizado en muchos casos justamente por esta “casa”, combinado a la violencia planificada dentro de una estrategia de conjunto y con objetivos bien definidos según sus intereses y los de las élites amigas. Sharp no propone en su libro métodos violentos [1]. Pero el gobierno de los Estados Unidos ha utilizado la combinación de métodos no violentos de Sharp y los violentos. Para su propagación se ha servido de diversas organizaciones, como por ejemplo de la serbia “Otpor”. La matriz Sharp combinada ha sido utilizada en Georgia, Bielorrusia, Ucrania, Egipto y en Venezuela en el 2013 y ahora en 2014. Este organismo serbio, como otros, están apoyados financieramente por la fundación estadounidense “National Endowment for Democracy” (NED), la “Freedom House” y la “Open Society Institute” de George Soros, todos alineados sobre la estrategia geopolítica del gobierno de los Estados Unidos.

Fuente : http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/Ediciones95/nota01.htm.

De hecho, el “Albert Einstein Institute” (AEI), organismo fundado por Sharp y editor de sus obras, tiene como uno de sus tres empleados al coronel retirado Robert Helvey, antiguo miembro del DIA, “Defense Intelligence Agency” del Pentágono y miembro de “Freedom House”, “Open Society” y de otros de este género como el Instituto Republicano Internacional (IRI) [2]. Este coronel, especialista en guerras clandestinas y reciclado como especialista de métodos no violentos del Instituto Albert Einstein de Sharp, estuvo en Venezuela según el reportaje del periodista Pascal Fletcher de la agencia de noticias Reuters del 30 de abril de 2003 y titulado: “Experto en democracia de EEUU enseña a la oposición venezolana”. “El miércoles 27 de febrero de 2013, Vanessa Eisig, integrante del movimiento Juventud Activa Venezuela Unida (JAVU), creado hace seis años bajo el modelo de Otpor (Canvas), declaró a la Agencia Venezolana de Noticias (AVN) sobre la participación directa del AEI, Sharp y Canvas en las estrategias que ese grupo adelanta para boicotear la marcha del país y corroer la legitimidad del Gobierno Bolivariano” [3]. En 2013, Henrique Capriles Radonski utilizó luego de las elecciones de abril el mismo libreto de desconocer el gobierno elegido y llamó a “derramar la harrechera” (frustración, rabia) en las calles, lo cual causó destrozos en Centros de Diagnóstico Integral (CDI), locales del PSUV y la muerte de más de una docena de personas, en su totalidad afines al proceso bolivariano. CANVAS: Center for Applied Nonviolent Action and Strategies

Llama la atención que estos “demócratas” no se dan el trabajo de reflexionar seriamente ni de definir con precisión lo que es un gobierno dictatorial y menos aún si el que combaten lo es realmente. El accionar de la oposición, que puede tener consecuencias muy graves para el país, no está fundamentado en una reflexión responsable ni de los conceptos de dictadura y ni de democracia y tampoco sobre la veracidad de las informaciones difundidas. Todo esto parece importarles poco, puesto que lo que combaten en realidad es un adversario político, por definición no demócrata, pues ellos se presentan como los depositarios únicos y absolutos de la “democracia”, aquella que se ajusta al canon estadounidense y al de la élite criolla a quienes beneficia. Entonces, se parte del supuesto que se está combatiendo una dictadura real. Y por principio, nadie puede estar de acuerdo con una dictadura. Y es aquí que el sofisma [4] que convierte gobiernos democráticos en “dictaduras” y acciones violentas en “pacíficas” entra a jugar su rol de primera plana para poder poner en práctica su matriz desestabilizadora de “recuperación” de la democracia confiscada por “la dictadura” en el poder. Como toda dictadura no tiene legitimidad, la prestidigitación sofista transforma todo gobierno democrático que no se conforma al modelo elitista e imperial en dictadura, lo que a su vez justifica llamar a manifestaciones “pacíficas” para derrocar dicha “dictadura.” Manifestaciones pacíficas que pueden ser parcialmente tales al comienzo, pero que necesariamente se “desbordan limitadamente”, al principio, a causa de la “represión injustificada” del “gobierno dictatorial” como se lo presenta. Y allí entra a jugar la dialéctica de la violencia-represión de la parte de las fuerzas de la policía que cualquier gobierno, por más demócrata que sea, no puede dejar de ejercer su autoridad del momento en que los manifestantes violentos están perturbando el orden social y los derechos de los ciudadanos a vivir y trabajar en paz como lo desea la amplia mayoría venezolana, sea o no opositor. Imaginemos ¿qué haría un gobierno democrático cuando enfrenta manifestaciones cada vez más violentas que reclaman su partida y que no pararán hasta que el gobierno caiga, como lo afirman estos grupos? Imaginar la respuesta no es difícil: serán reprimidos como la ley indica ante tal sedición violenta. En Canadá, Estados Unidos y Europa los movimientos sociales en varias ocasiones han sido reprimidos brutalmente sin haber tenido ningún objetivo sedicioso ni el nivel de perturbación del orden y del derecho a desplazarse libremente como en Venezuela. Esta dialéctica de violencia sediciosa-represión impuesta por la ruptura del orden por grupos pone en situación embarazosa y delicada al Gobierno venezolano que, ejerciendo su derecho y obligación de defender la paz social y su legitimidad, va apareciendo en este proceso de confrontaciones como cada vez más represivo, por lo tanto confirmando así la tesis de partida de su “intrínseco carácter dictatorial. Paradojalmente, las dictaduras eran presentadas como “democracias” por el mismo sofisma de la democracia desde arriba, por definición todo gobierno que se somete al modelo de gobierno propicio a los intereses de las élites locales, aliadas de las potencias y de las transnacionales. Esto lo sabemos muy bien los latinoamericanos porque durante décadas el gobierno de los Estados Unidos a apoyado, fortalecido y defendido política, financiera y militarmente las feroces dictaduras del continente o las “democracias” de la “gente bien” a condición de defender sus intereses económicos y geopolíticos. Entonces, con un concepto “maleable” al extremo de la dictadura, una de las primeras tareas es de fabricar esa “dictadura” con estrategias eficaces y una de las mejores es la “Matriz Sharp.” Mantener y propagar la imagen de “manifestaciones pacíficas” contra toda evidencia y “reprimidas injusta y brutalmente” por las fuerzas de la “dictadura” venezolana. Ni una palabra sobre el permanente caos, el atropello al derecho de libre circulación con las barreras puestas ilegalmente en calles y avenidas, incluso extendiendo alambres de púa poco visibles y a niveles letales que causaron ya la muerte de tres personas, los ataques con armas de fuego a trabajadores que apoyan el gobierno bolivariano o a los ciudadanos que sacan los obstáculos que les impiden desplazarse, ataques a las residencias de políticos y personas afines al chavismo, el hostigamiento y provocación a las fuerzas del orden, y las muertes originadas con estos actos violentos. Está además el asesinato de policías y de simples ciudadanos por los “manifestantes pacíficos” que junto a los otros atropellos graves no entran en la lista de la defensa de los derechos humanos de la oposición. Esta etapa del “golpe suave” abre el camino para las otras fases más duras de la sedición que encuadra y dirige el conjunto de la operación “salida” del gobierno elegido democráticamente. Completa el “golpe suave” el “golpazo” que está contemplado en el Plan Estratégico “Joint Vision 2020” del comando conjunto del Pentágono cuya doctrina central es la “dominación de espectro completo” [5]. Dominación del imperio del norte diseñadas para el siglo XXI: una acción global desplegada en todos los dominios: el militar con su poder letal, pero también en el plano político, económico, ideológico y cultural, sin condicionamiento jurídico ni ético de ninguna especie. Es lo que hicieron en Irak, en Kosovo, en Ucrania en 2004 y ahora en 2014, en Libia en 2011, etc. y lo están queriendo implementar en estos momentos en Venezuela. País que entra perfectamente dentro de los objetivos del “Joint Vision”: “No es ninguna novedad que los objetivos primordiales del despliegue hegemónico en esta guerra económica, política, cultural y militar sean esencialmente de dos tipos: o bien se trata de recursos, riquezas y mercados, o bien de obstáculos, resistencias e insurgencias.” [6] Frío Plan de hegemonía y dominación planetarias construido sobre el paradigma de guerra del “Hegemón” [7] global en el cual el campo de batalla es el mundo y los enemigos los diferentes pueblos, incluidos los de los países hegemónicos. Leyes liberticidas han sido aprobadas en estos países que criminalizan los organismos y las acciones ciudadanas pacíficas con el pretexto de lucha contra el “terrorismo.” A la tecnología de punta se acopla viejos métodos como el “Divide et impera” de Roma y Maquiavelo o el de “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en verdad” de Joseph Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania nazi, muy utilizada hoy en las redes sociales que multiplican no por mil, sino por diez y cien mil veces mensajes falsos o deformados. Verifique simplemente cuántas veces fueron reenviados los mensajes de este tipo que se convierten en verdaderas a fuerza de repetirse en eco y bucles en Internet. Es importante señalar que la mayor parte de los que propagan estas informaciones deformadas o falsas, lo hacen de buena fe, convencidos de hacer algo bueno, pues creen que es una acción por la libertad y la democracia y los reciben de amigos o parientes. No así los que las producen, quienes saben muy bien que mienten y utilizan las relaciones basadas en la confianza para divulgarlas lo más posible y desinformar al máximo.

Siguiendo la estrategia de la “Matriz Sharp”, en su etapa I, II y III es entonces fundamental crear situaciones de descontento: escasez artificial de productos básicos, acaparamiento, disminución de la producción, aumento de los precios, especulación máxima, inseguridad, temor, acusación sistemática de “totalitarismo” y pasar a “calentar la calle” dosificando manifestaciones pacíficas con acciones violentas aunque guardando siempre la pantalla del “pacifismo.” Estas tres primeras etapas que busca preparar el terreno para la caída del gobierno legítimo de Maduro, pero tratado y presentado sistemáticamente como “dictatorial” ha sido relativamente fácil en el caso venezolano. ¿Por qué? Primeramente, porque los principales líderes implicados en el golpe de Estado del 2002 y en los intentos del 2004 están libres por perdón de Chávez. En segundo lugar, porque la producción, la importación y comercialización mayor de productos están en manos de la gran burguesía que crea artificialmente el desabastecimiento. En tercer lugar, porque los grandes medios de comunicación, que realiza desde hace años una sistemática campaña de desinformación y de manipulación, están controlados por la misma burguesía y transnacionales. Basta con leer los periódicos como El Nacional, El Universal, escuchar las radios y ver los canales controlados por las corporaciones, uno constata cómo deforman sin mucha finesa los hechos a su conveniencia y afirman cualquier cosa con poca ética periodística buscando crear reacciones irracionales, desprestigiar y deslegitimar el gobierno actual. Cualquier problema real lo sobredimensionan y atribuyen al gobierno todo tipo de problemas. Esto no quiere decir que el gobierno no cometa errores ni que no haya fallas, incluso casos de corrupción, práctica tradicional y en gran escala de los gobiernos anteriores y de la burguesía venezolana. Claro, de esto no se habla y parece que para la oposición todos los “males” nacieron con Chávez y el gobierno bolivariano. Típica perspectiva maniquea que se alinea con el tristemente famoso “eje del mal” de Bush. El chavismo también cae en estas simplificaciones peligrosas pero no al nivel de la oposición con su “diluvio” de desinformación masiva gracias a los medios de comunicación con que cuenta localmente y el apoyo de las potencias y de las redes de medios de difusión masiva, mundialmente. Además, los sectores medios y más pudientes cuentan abundantemente con los medios tecnológicos para difundir su propaganda. Por otro lado, la oposición minimiza los logros sociales e incluso niega toda realidad o efectividad de los avances en el plano de la salud, la habitación, la alimentación, la educación, los pensionados, etc. aunque sean avalados por organizaciones internacionales. Afirman sin pestañear que “es pura propaganda” aunque diversos indicadores socioeconómicos lo atestiguan. “Todo es malo” en este gobierno según la oposición, por lo que ellos también monopolizan todo lo bueno... Otra arma muy eficaz es el cuco comunista en la versión cubana que según los opositores “controla” las fuerzas armadas e incluso el gobierno según los más extremistas. Contra toda verosimilitud, afirman que el proceso bolivariano lleva al “comunismo” que hoy día nadie propone, menos el gobierno bolivariano a quien reprochan diferentes críticos, al interior y al exterior del gobierno, de no haber ni siquiera construido un sector económico productivo suficiente y eficiente que pueda responder a las necesidades básicas de la población sin depender de la producción y de la importación controladas por la burguesía. Desde luego, ni una palabra sobre la influencia que tiene el gobierno estadounidense ni de los organismos que trabajan con él sobre sus principales líderes y sobre la orientación de los objetivos estratégicos de la burguesía venezolana y de las actuales manifestaciones. Pero no toda la oposición a perdido el sentido de la mesura y la cordura, pues una parte importante de ella, en este intento por lo menos, no está de acuerdo con las manifestaciones violentas y sus trágicas consecuencias posibles para toda Venezuela. Sobre todo porque sabe que en este momento este tipo de acciones no tiene la adhesión de la mayoría de venezolanos y menos de los sectores populares como se evidencia y lo expresó recientemente Henrique Capriles. Hasta hoy los hechos confirman esta lectura de la realidad venezolana en donde solamente un grupo minoritario está en la violencia. Sin embargo, Capriles no es un pacifista como ya lo demostró en varias ocasiones. Está esperando el momento más propicio para jugar sus cartas de “salida” del gobierno de Maduro utilizando todos los medios como ya lo hizo anteriormente. Pero el “golpe suave” con manifestaciones violentas y los males causados, no se ha extendido más allá de un grupo reducido de extremistas y en unas 18 municipalidades sobre 337. Esto coloca a sus instigadores en mala posición. Sin embargo, la situación puede evolucionar hacia escenarios difíciles de prever ahora.

Un líder controvertido y un partido marginal

El dirigente principal de esta campaña de manifestaciones de carácter declaradamente sedicioso es Leopoldo López, conocido por sus tendencias violentas y golpistas (participó en el golpe de abril 2002). ¿Pero quién es Leopoldo López Mendoza? Este señor es miembro fundador del partido de derecha Primero Justicia, que anteriormente era una asociación civil financiada ilegalmente con fondos de PDVSA. Está estrechamente relacionado con el Instituto Republicano Internacional (IRI), que financió y asesoró la transformación de Primero Justicia en partido político. Leopoldo López encabezó 11 de abril la marcha de la oposición para dirigirla hacia el Palacio de Miraflores, lo que generó la muerte de decenas de personas y el golpe de Estado de abril de 2002. A finales de febrero de 2004, fue uno de los dirigentes de la oposición que encabezó las acciones violentas en el municipio Chacao para crear pánico y caos en la sociedad, como lo hizo de nuevo ahora. Esas acciones tenían como objetivo, totalmente irrealista, forzar la renuncia del Presidente Chávez que dejaron a varios ciudadanos heridos y muertos. Fue alcalde del Municipio Chacao desde el año 2000 al 2008 y pesan sobre Leopoldo López dos sanciones administrativas emanadas de la Contraloría General de la República, por estar incurso en irregularidades administrativas y de malversación de fondos durante su gestión como alcalde. Ulteriormente, renunció a Primero Justicia y se unió a otro partido de derecha, Un Nuevo Tiempo de Manuel Rosales. Finalmente, abandonó también este partido y creo Voluntad Popular, partido de extrema derecha. Como puede verse, Leopoldo López tiene un ya largo historial de acciones violentas contra el gobierno bolivariano. Es un personaje controvertido dentro de las mismas filas de la oposición. Esto es innegable. Pero tiene apoyo financiero de sectores muy ricos del país y tiene buenos contactos en los Estados Unidos. Pero con su incitación de “calentar la calle”, llamados manipuladores de “salida” del gobierno legítimo (sedición), con mezcla de discursos ambiguos “pacifico-violentos” y acciones violentas de sus seguidores, su campaña mediática caracterizada por el odio, las medias verdades o mentiras enteras, con apoyo financiero y político de la extrema derecha y de los medios de comunicación y apañado por el gobierno de los Estados Unidos, despierta cierta reacción en particular sectores de clase media y adinerada. Tiene impacto sobre todo en las redes sociales que a fuerza de repetir en bucle los mensajes con acusaciones en su mayoría falsas se presentan como verídicas. Fotografías y videos trucados o usados fuera de contexto acusando al gobierno de todo lo peor es una de sus “armas de distorsión masiva” preferida. Las grandes agencias de noticias y periódicos agregan otras desinformaciones del mismo género que tienen impacto sobre el público nacional e internacional. El señor López se encuentra ahora detenido por orden judicial y tiene que responder por los llamados a sedición y las acciones violentas de las últimas semanas de su organización política, muy minoritaria en el espectro político venezolano. La perspectiva de profundizar la IV etapa de la matriz subversiva de combinación de formas de luchas pacíficas intensificando las acciones violentas y tratar de llegar a la etapa V de fractura institucional del gobierno que abren las puertas a una confrontación de niveles de guerra civil son los objetivos de estas acciones. Promover una confrontación de dimensiones incontrolables habiendo la posibilidad un acuerdo negociado entre el gobierno y la oposición, como también la salida democrática del referendo revocatorio a mediano plazo es suicida para Venezuela. Solamente irresponsables e irrealistas pueden creer que desalojar al gobierno bolivariano, democráticamente elegido, por la vía de la confrontación se hará sin un gravísimo enfrentamiento entre venezolanos y un altísimo y duradero costo social y geopolítico. La etapa final ya no será el “golpe suave” que orientará las acciones desestabilizadoras, sino “el golpazo” de la fuerza de las armas, el sabotaje y el terrorismo en gran escala según la estrategia diseñada por el gobierno de los Estados Unidos y ejecutada por sus brazos armados internos, más la “intervención democratizadora” del exterior, si necesaria, para acabar el “trabajo” empezado con la pantalla “pacífica.” Como la triste suerte de los pueblos “liberados” nos enseña y que incluso Sharp lo dice en la página 7 de su libro evocado antes: “Algunos estados extranjeros actuarán contra la dictadura, pero sólo a fin de ganar para sí mismos el control económico, político y militar del país.” Lúcida reflexión pero que no es utilizada para comprender la implicación de la primera potencia militar del mundo en estas desestabilizaciones y cómo el “Joint Vision 2020”, con su doctrina de la “dominación de espectro completo”, es el eje estructurante oculto del “golpe suave.” Estrategia hegemónica que pone al día las viejas intervenciones de la “pax americana” imperial que nuestros países vienen sufriendo desde la declaración de la doctrina Monroe en 1823.

Institucionalidad y democracia versus caos y dictadura corporativa

Terminamos señalando de nuevo que el gobierno de Maduro goza del apoyo de una mayoría importante de la población, aunque con problemas de abastecimiento por las razones evocadas antes y otros comunes a muchos países como la violencia. Por su parte, la oposición tiene muy pocas posibilidades de tomar el poder por las vías democráticas, en estos momentos, y no ofrece ningún real cambio a su tradicional política económica DE beneficio a la élite y de usufructo sectorial de la renta del petróleo por las clases dominantes dentro de la ortodoxia neoliberal que tiene de rodillas a los pueblos y últimamente en particular a los europeos. Se presentará, si triunfa, como la victoria de la libertad cuando en realidad será la imposición de la “horca caudina” de la dictadura corporativa de la burguesía venezolana y transnacional. ¿Cuál es el pueblo que ha salido beneficiado con las políticas neoliberales elitistas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial y de las intervenciones “humanitarias” de las potencias occidentales? No lo hay. Al contrario, lo que han globalizado en el mundo ha sido desigualdad, pobreza, inseguridad, zozobra y violencia, muy lejos de la “nueva era de paz y prosperidad” que prometían en los años 80 y comienzos del 90. El mismo espejismo neoliberal le está queriendo imponer la oposición a Venezuela con la desinformación sistemática, el sabotaje económico y ahora con la salida violenta. Pero Vanguardia Popular, el principal promotor de las acciones actuales, el partido de Leopoldo López, tiene muy escasa fuerza política y él, a causa de sus líos con la justicia acusado de malversación, no tiene ni la más remota posibilidad de ser elegido para ningún cargo y menos como presidente de Venezuela como parece está aspirando, según miembros de la oposición, con su accionar anticonstitucional y en contra de la posición de otros líderes con más realismo. En otras palabras, es un marginal político con mucha ambición y actúa con osadía y sin respeto de las instituciones y la ley, como un marginal. Si se sigue el libreto sedicioso a la Sharp, conducido por la estrategia de la hegemonía de espectro completo del gobierno estadounidense y de las transnacionales, con la complicidad de una burguesía venezolana servil, se podría caer en la dinámica de las confrontaciones a gran escala, que es lo que buscan, en donde lo racional dejará paso a lo irracional y el diálogo democrático quedará asfixiado por la fuerza bruta en donde todo vale, sea el grupo que sea. En este cuadro violento de ya un mes, hasta este momento el Gobierno de Maduro ha hecho uso moderado de la fuerza, con pocos excesos teniendo en cuenta el carácter abiertamente sedicioso de las acciones. Algunos le critican de ser muy tolerante con estas acciones subversivas, en particular de no intervenir para despejar las vías de circulación trabadas por obstáculos de todo tipo que impiden desplazarse normalmente a la ciudadanía. Además ha multiplicado los llamados a la paz, al diálogo y a dejar la dialéctica del odio, como lo dijo varias veces, en particular en la grande manifestación en apoyo al gobierno la semana pasada y en esta. A propuesto y se puso a funcionar la Conferencia Nacional por la Paz con diferentes sectores de la sociedad. Hace unos días hizo un especial llamado a las fuerzas del orden para no reprimir las manifestaciones. El miércoles 26 de febrero fueron detenidos cinco miembros del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), por su presunta vinculación con la muerte de Bassil Da Costa, estudiante y de Juan Montoya militante chavista ocurridas el pasado 12 de febrero, en la capital y otros policías más han sido puestos a disposición de la justicia acusados de uso abusivo de la violencia. Aquí cabe preguntarse si estas medidas correctivas, el uso restringido de la fuerza y los llamados al diálogo y a la paz lograrán calmar los ánimos de los más violentos o, al contrario, serían interpretados como debilidad y titubeo del gobierno de Maduro para aplicar la ley. Esto podría dar fuerzas a continuar las actos violentos y cortes de calles y avenidas que están entrando en su cuarta semana y está perjudicando al país y cansando a la población. Por otro lado, en la última semana del mes de febrero y el 5 de marzo manifestaron con alegría y llamado a reconciliación miles de personas y en apoyo al Gobierno bolivariano. Un cartel decía “Los venezolanos necesitamos estar unidos y no divididos por el odio.” La oposición organizada en la MUD hizo el sábado 22 de febrero una gran manifestación pacífica repudiando “la represión y la violencia” y estuvo ausente de la Conferencia Nacional por la paz, siguiendo así su propia agenda de confrontación con el gobierno. Cabe subrayar que ante la incitación a una ilegal y violenta “salida” hecha por un partido marginal y un dirigente irresponsable que, si se amplifica, generará una tragedia inconmensurable al pueblo venezolano, está la salida democrática del diálogo y la medida constitucional y pacífica del referendo revocatorio. Es en este sentido democrático y pacífico que debemos apoyar al pueblo venezolano para que soberanamente, sin injerencias externas, decida libremente de su futuro. Con más razón todavía cuando optar por la violencia es embarcar en la estrategia confrontacional de la desesperada élite económica venezolana y es darle oxígeno a la estrategia guerrerista del gobierno de los Estados Unidos que ha apostado a la imposición de su hegemonía mundial, como está claramente expresado en su plan “Joint Vision 2020” y sus injerencias e intervenciones, posiciones que cierran las posibilidades de acuerdos pacíficos y soluciones válidas y duraderas. Seamos solidarios, no de la barbarie de la confrontación, de la guerra y de la vuelta a viejos modelos económicos que crean pobreza y miseria sino de la consolidación del Estado de derecho, de una democracia efectiva y participativa y de una economía al servicio del pueblo de Venezuela. El camino es el imprescindible diálogo, la participación ciudadana, la consolidación de la Venezuela justa y el respeto de las instituciones democráticas por todos. A partir de ahí, todo es posible para el bien del pueblo venezolano y de la integración latinoamericana libre y solidaria que se intenta construir en donde Venezuela juega un rol fundamental.


Victor H. Ramos es antropólogo.
Vramos[AT]videotron.ca

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[4Del griego “sophisma” (artificio, razonamiento capcioso). Se denomina sofisma a un argumento falaz con el que se pretende defender algo falso.

[6Ceceña, Ana Esther, 2004, “Estrategias de construcción de una hegemonía sin límites” en Ceceña, Ana Esther, coord., Hegemonías y emancipaciones en el siglo XXI, Buenos Aires, CLACSO.

[7Idem, p. 4.

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