Portada del sitio > Español > Latinoamérica y Caribe > El Estado ante la globalización

El Estado ante la globalización

Joseph Munzenmayer

Jueves 5 de mayo de 2016, puesto en línea por Claudia Casal

Hace aproximadamente 200 años, el Estado ha sido el principal estructurador constitucional de la sociedad y la política a nivel global en cada país, quien además ejerce plena soberanía y derecho sobre el territorio, con el fin de resguardar sus recursos y contribuir a la integridad y la seguridad de la población que reside en aquel espacio bajo un marco regulador de derechos y deberes al cual se deben someter. Sin embargo, esta función en los últimos 30 años fundamentalmente, se ha visto limitada por el progresivo rol determinante que ha ejercido el fenómeno de la globalización junto a sus diversas aristas desde económicas hasta políticas, las cuales han ocasionado una nueva reconfiguración en la relación población-territorio, a través de la incorporación del sector privado como actor primordial en los lineamientos de desarrollo local y global, develando así, el restringido accionar del aparto público en materias territoriales-sociales en diversas regiones del mundo, las que han podido ver las consecuencias de la desigualdad y fragmentación espacial que este fenómeno trae consigo, así como también, la nueva configuración en la relaciones sociales de segregación y a su vez, de integración.

El Estado moderno nace en Europa en el siglo XVIII, a partir los ideales de la revolución Francesa en oposición a las Monarquías Absolutas, el cual posteriormente comienza a proliferar manteniéndose hasta el día de hoy como ente congregador de naciones. Esta nueva configuración política naciente, significó para la población la individualización y las nuevas posibilidades de transición y movilidad socio-económica, bajo una política representativa arraigada en el soberano como afirmaba Rosseau, quien tiene la capacidad de elegir a sus gobernantes, destacando además el movimiento intelectual de la Ilustración como eje clave durante esta emancipación, que a través de la razón y el desarrollo de las ciencias buscaba aproximarse a la verdad y como decía Kant, salir del estado de dependencia y Puerilidad mental que provoca la indecisión y el no poder servirte de tu propio entendimiento.

De esta manera, se entiende este órgano como “Un instrumento resultante de la modernidad, de una nueva estructura social no aristocrática, pero clasista, de una cultura laica, de una nueva fe basada en la ciencia, en la razón y el progreso de una economía preparada para dar paso a la industrialización y al capitalismo de mercado” [1].

Posteriormente, ha inicios del siglo XIX, esos ideales invadieron Latinoamérica, en la cual los pueblos y colonias se independizaron de las Metrópolis debido al arraigo y pertenencia que paulatinamente comenzaron a sentir, lo que propiciaba el panorama perfecto para instaurar la nueva configuración de poder del Estado moderno sobre diversos territorios de la región, pasando además con el tiempo, por la configuración de este ente posterior a la Segunda Guerra Mundial en 1945, en África y Asia a través de la descolonización de parte de los aliados y posteriormente con la caída de los estados Soviéticos (URSS) en 1991, que por medio del tratado de Belavezha (1991), estos se reconstruyeron bajo el alero de una economía Capitalista y una política Neoliberal, dentro del contexto del triunfo del Capitalismo postguerra fría contra el Socialismo, causado por sus retrasos en capitales tecnológicos y los graves problemas internos desde ambientales hasta políticos que conllevaba aplicar una economía centralmente planificada. Esto significó un gran paso para consolidar a nivel mundial una sola política hegemónica, cuya génesis principalmente proviene desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En el caso de la región Latinoamericana, o semiperiferia de acuerdo a los postulados de Wallerstein, esta ideología influenciada por el “país de las libertades individuales” provino mediante dictaduras como lo ocurrido en Chile, Argentina y Paraguay que actuaron como Estados títeres o satélites ante la búsqueda de la expansión territorial del capitalismo, lo cual causo progresivamente que se desdibujara el panorama geopolítico mundial.

Este fenómeno situado en la guerra fría (1946-1991), originó que los proyectos de los Estados de Bienestar, la industrialización y los gobiernos desarrollistas culminaran entre la década de los 70 y 80, dando paso a un crudo proceso de privatización capitalista mediante transferencias de empresas nacionales a firmas extranjeras, desregulación económica y apertura comercial, en el cual el Estado tiene una capacidad casi nula de decisión e incidencia político-económica, donde además los territorios se configuran en función del mercado y no por las necesidades sociales.

De esta manera, con el término de la polarización mundial de parte de las potencias y con la consecutiva caída del bloque de la URSS en al año 1991 se inicia el periodo de globalización, que no es más que la última etapa del capitalismo iniciada en el siglo XVI por los Españoles al descubrir y explotar América por medio del capitalismo mercantil, continuando con el capitalismo industrial Inglés del siglo XVIII y finalmente el capitalismo financiero del siglo XX. Así, la globalización se caracteriza por una parte, en la búsqueda de la interdependencia a través de Tratados de Libre Comercio (TLC) y la libre competencia entre entes privados-multinacionales que van plagando o deslocalizándose por el globo, favorecidos por un Estado limitado en roles económicas-territoriales, donde se vulnera desgraciadamente y se ven las consecuencias más nefastas en los sectores periféricos en función del sistema-mundo propuesto por Wallerstein, que más adelante ahondaré. Al igual que en su dimensión político-económica, podemos encontrar la arista cultural de vital importancia, la cual hace referencia a los modos de producción de identidad y consumo que las poblaciones van adaptando, donde los medio de comunicación y los flujos de información mediante internet juegan un rol crucial en la configuración de los ciudadanos globales, los cuales van asimilando nuevas prácticas de comportamiento y consumo. Esta homogenización cultural-global genera nuevas reconstrucciones a nivel local de significancias para los individuos, es decir las identidades locales se conjugan con las globales, en la que “estimula la consolidación de lo local a la vez que genera un mecanismo de homogeneización” [2]. Sin embargo, nacen nuevos grupos humanos locales en contra de este proceso, donde como se afirma [3], surgen las reivindicaciones de identidades culturales regionales junto a su autonomía dentro del marco del fenómeno globalizador.

Así, podemos comprender que la globalización es un proceso de diversas dimensiones, el cual se encuentra articulado por múltiples redes interconectadas, cuya principal característica es la apertura de los mercados que reduce considerablemente la autonomía y decisión de los gobiernos al diseñar sus políticas economías, donde toman vital importancia las instancias y organismos internacionales como la Unión Europea, encargada de establecer los lineamientos político-económicos de los Estados de la Eurozona. Del mismo modo, debilitan el poder del Estado los organismos internacionales como la OMC, el Banco Mundial y el FMI, los cuales buscan centralizar el poder económicos e imponer los modelos de desarrollo occidentales, tecnológicos y humanos al resto del globo, siendo estos entes cruciales para efectuar los negocios financieros y gestionar el comercio internacional a través de la privatización de sectores públicos, facilitando así los procesos de transnacionalización de capitales, con el objetivos que estos no se vean obstaculizados por los Estados. Ante esta situación, los Estados deben verse rentables y prósperos para atraer la inversión extranjera y firmas multinacionales obedeciendo a la estructura económica mundial y desregulando los mercados de bienes y servicios, lo que de alguna manera significa una mayor libertad para el capital de atravesar fronteras, favorecido por el desarrollo de nuevas técnicas que permiten una mejor y eficiente interconexión de los flujos tanto monetarios, tecnológicos y humanos, lo cual causa una interpretación flexible y rugosa de las fronteras territoriales de los Estados, donde ya sus decisiones tienen que ser acatando el panorama global y de esta forma, da paso a la instauración como ente de poder territorial a las ciudades, las cuales se articulan como redes de complementariedad económica siguiendo el principio de regionalización y compiten por constituirse como polos de desarrollo, a través de la inversión privada y la innovación. Así, surgen como se afirma [4] las ciudades globales, o llamada ciudad alfa o centro, caracterizadas por ser los grandes centros de aglomeración urbana y económica, como las Metrópolis de Nueva York, Paris y Londres, las que ponen en evidencia una desnacionalización del Estado y una nueva reorganización de la hegemonía espacial. Esta idea, sería interesante relacionarla con la tesis del sistema-mundo, la cual comprende el globo como un sistema de constantes relaciones de subordinación de los modos y medios de producción capitalista, en la cual se encuentra el centro, semiperiferia y periferia. El centro se caracteriza por la innovación tecnología, la decisión en sus procesos productivos y una compleja manufactura, la periferia como regiones vulnerables ligada a la producción de materias primas principalmente y con manufactura poco elaborada y finalmente, la semiperiferia donde interactúan las dos formas de producción tanto industrializadas, pero donde predomina la exportación económica.

Así, como se menciona [5], la economía-mundo Capitalista produjo desde sus inicios el establecimiento de los procesos productivos integrados que tienden a traspasar los limites políticos existentes, donde algunas áreas se ven más beneficiadas que otras en base a la especialización de la producción y los mecanismos de acumulación. De acuerdo, a la idea de ciudad global y sistema mundo impartida por estos dos autores, me parece que es necesario hacer una relación muy directa con el fenómeno de la globalización, ya que se encuentra proliferado y difuminado por todo el mapa, entonces se podría establecer por algunas especificidades que paulatinamente comienza a desaparecer la estructura productiva-económica la que permite discernir una diferenciación clara entre el centro y la periferia, ya que estos territorios nuevos de aglomeración y competitividad comienzan a disgregarse en el espacio mediante la deslocalización que hacen las transnacionales por el mundo. Entonces, esta asociación de ciudades, clusters, distritos empresariales y polos de desarrollo, se ve dispersa y es ahí cuando aparecen en el caso de Latinoamérica, ciudades como Sao Paulo, Santiago o Buenos Aires, las cuales comienzan a ser visibles internacionalmente y atractivas para la inversión financiera, convirtiéndose de esta manera en territorios de competitividad, cuyas características se asocian a las regiones centrales.

En términos generales, aún se mantienen las estructuras jerárquicas del centro-periferia dentro de la actual globalización capitalista, en la que el proceso de producción y desarrollo postfordista de las transnacionales son cruciales, la cual permitió globalizar la producción y hacerla más eficiente, con especialización de los puestos de trabajo e innovación tecnológica. Así, siguiendo con la lógica de sistema-mundo, las zonas periféricas como África y sectores del Sudeste Asiático, se ven afectados por la sobreexplotación que realizan las multinacionales de su trabajo y sus recursos, favorecidos por escazas políticas laborales y ambientales, mientras que en las regiones centrales poseen una industria compleja, desarrollo tecnológico y estabilidad laboral, donde además predomina una tercerización de la economía. Un claro ejemplo de esto es la deslocalización de la transnacional Nike de origen Estadounidense que lleva su planta de producción a un territorio periférico como Vietnam que es inestable en materias laborales y ambientales, así podemos ver que cuando compramos nuestras zapatillas, dice detrás de la “lengua”: “Made in Vietnam”.

De esta forma, vemos que las grandes corporaciones globales se movilizan por el mundo, buscando mejor inversión y rentabilidad de sus medios de producción, fragmentando espacios y territorios, donde generan un crecimiento vertical de acumulación de capital en manos de grupos económicos, así como también, se apropian de los recursos territoriales que poseen los Estados, evaden impuestos y compensan con una cantidad mínima a éste, quienes además manufacturan las materias primas a través de una industria innovadora y los devuelven hacia el mercado de consumo de la población a un coste mucho más elevado, generalmente ubicado en la semiperiferia y el centro, generando así, cantidades considerables de excedentes.

“Se comprende fácilmente que la liberalización ha sido condición para la globalización de la producción, descentralización selectiva de los procesos de producción” [6]. Así mismo, también podemos ver grupos de resistencia que han aparecido como respuesta a las desigualdades socio-económicas y territoriales que ha ido dejando la globalización y a la falta de gestión del gobierno que no hace nada más que facilitar el sector privado y la desregulación económica.

También, la globalización ha ocasionado que se refuercen los organismos supraestatales para ser competitivos como Las Naciones Unidas, Unión Europea, el G-8, OTAN, y el G77 constituyéndose como entes geopolíticos de la nueva era, las que han fortalecido sus relaciones políticas y han configurado un ambiente propicio para los negocios y la privatización. En consecuencia, los Estados han dejado de ejercer el rol benefactor o mediador primordial de la economía incluyendo a su vez el Keynesianismo, en el cual habían participado como intermediario y motor de la sociedad y que actualmente esa funciones recaen sobre la base de regiones, ciudades o espacios globalizados que ejercen su propia dinámica en función del mercado y la economía. Actualmente, estos conglomerados territoriales donde transitan los flujos de capital, constituyen una fuente política, social, económica y cultural que estructura y direcciona los nuevos rumbos de las sociedades inmersas en este segregador sistema mundial.

Esta nueva panorámica en el contexto global geopolítico que pareciera imparable, indisociable y que dibuja una nueva cartografía ocasionado por el sistema productivo, la revolución informática los intercambios económicos internacionales, la concentración de poder y la desregulación constante del Estado, tanto en vertientes internas e interestatales, hace necesario que no solo realice una asociación entre la esfera pública y privada que tanto le gusta para especializar capital humano, si no que también se haga cargo de las necesidades de la población mediante una intervención en sectores estratégicos, a través de una efectiva economía mixta que permita estar inserto dentro de una espacio integrado en educación, salud, seguridad laboral, así como también asegurar ante los abusos un Estado de Derecho que sea ágil y rápido en materia de justicia social-territorial. Considerando que este sistema fuera inamovible, algo que no creo, también deberían coordinarse intensamente en temas de justicia social-laboral y medioambiental el sector privado y el ámbito de la administración pública. Además, se podría dar paso a una institucionalidad global surgida entre las regiones competidoras supraestatales para que puedan regular activamente el capital monetario, humano y tecnológico de aquellos territorios para brindar un desarrollo sustentable, amigable con el medioambiente y las sociedades.


Bibliografía

- Castells, Manuel, “La era de la información: economía, sociedad y cultura”, 1998, editorial Alianza.
- Nogue, Joan, “Geopolítica, identidad y globalización”, 2001, editorial Ariel.
- Sassen, Saskia, “The Global City: New York, London and Tokio”, 1991. Princeton, Nueva Jersey.
- Wallerstein, Immanuel, “The Modern World-System”, 1974, New York.

Las opiniones expresadas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de sus autor@s y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la redacción de AlterInfos. Comentarios injuriosos o insultantes serán borrados sin previo aviso. AlterInfos es un medio de comunicación plural con enfoque de izquierda. Busca difundir informaciones sobre proyectos y luchas emancipadoras. Los comentarios apuntando hacia la dirección contraria no serán publicados aquí pero seguro podrán encontrar otro espacio de la web para serlo.


[1Nogué, 2001

[2Nogué, 2001

[3Carina, 2003

[4Sassen, 1991

[5Wallerstein, 1974

[6Nogué, 2001

¿Un mensaje, un comentario?

moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Su mensaje

Para crear párrafos, deje simplemente líneas vacías.