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COLOMBIA - Negociaciones: un proceso difícil, tenso y disparejo

Miguel Guaglianone

Miércoles 19 de septiembre de 2007, puesto en línea por Miguel Guaglianone

Si bien el papel del presidente Chávez como intermediario para llegar a un intercambio de prisioneros entre el gobierno de Colombia y las FARC –que incluye la importante participación de la senadora colombiana Piedad Córdoba en el proceso- pareciera ser capaz de llevar los sucesos no sólo hacia lograr este acuerdo, sino además a acercarse a un proceso de paz en la nación colombiana, no todo es agua de rosas.

Se ha ido avanzando desde que el gobierno colombiano y las FARC aceptaran la facilitación. En principio el presidente Chávez hizo pública su voluntad de entrevistarse con Manuel Marulanda, comandante número uno de los insurrectos y el guerrillero más viejo del mundo. Según sus propias declaraciones, una respuesta indirecta de éste le comunicó su imposibilidad de hacerlo en Venezuela y Chávez se mostró dispuesto a viajar a la selva colombiana a fin de concretar esta entrevista. Rápidamente, el gobierno colombiano -a través de varios voceros- hizo saber su negativa a permitir ese encuentro en territorio neogranadino. El propio asesor presidencial del presidente Uribe, José Obdulio Gaviria, llegó a declarar que «No tiene sentido, de ninguna manera, que a un mediador que se presta de buena voluntad, con sentimiento humanitario, pero con rango de Presidente de la República, lo hagan recorrer selvas inhóspitas; si las FARC quieren hablar con Chávez, lo normal es que lo visiten en su país».

Aún así, Piedad Córdoba logró entrevistarse los días 13 y 14 de setiembre con Raúl Reyes, el hombre número dos de las FARC y viajó a Caracas el 18 a reunirse con el presidente Chávez y entregarle un video que fuera grabado en esa entrevista. Este fue un paso importante, ya que reiteró el deseo declarado de las FARC de seguir adelante con las negociaciones, dio información sobre el buen estado de salud de Ingrid Bentancourt y planteó la posibilidad de una reunión de un representante de la guerrilla con el presidente Chávez el 8 de octubre (aparentemente en territorio venezolano).

Sin embargo, el gobierno de Colombia (el día 17) volvió a reiterar su posición de no estar dispuesto a considerar ninguna zona de despeje militar para realizar el intercambio. El presidente Uribe declaró ante la prensa que esa posición era inamovible, y fue ratificada por su ministro de Defensa y por su asesor Gaviria.

Los diferentes movimientos de todos los factores que intervienen en este complejo ajedrez en el que está en juego la vida de numerosas personas, van dando cada día nuevas facetas al proceso, haciendo prácticamente imposible prever con algún grado de probabilidad su resultado final. Sin embargo sí es posible analizar la situación de algunos de estos factores de acuerdo a lo que se va haciendo público.

Por una parte, existe un movimiento interno en Colombia de sectores políticos, movimientos sociales, familiares de prisioneros y pueblo en general que presiona fuertemente por llegar a un acuerdo que signifique la liberación de personas que tienen hasta varios años detenidas. El rol que está jugando Piedad Córdoba en este momento la coloca como su representante más destacada.

Por otra parte están en el juego la derecha colombiana, parte de su oligarquía, de sus fuerzas armadas y el factor paramilitar, que no tienen ningún interés en que esto se concrete y que harán todo lo posible por trabar el proceso. Unido a estos últimos se encuentran factores internacionales (el más destacado es la Casa Blanca) a quienes tampoco les interesa una distensión en Colombia. Declaraciones de distintos voceros del gobierno colombiano son ejemplos de esta posición, las ya mencionadas del asesor presidencial y del ministro de la Defensa y manifestaciones públicas “pesimistas” del propio canciller de Colombia, Fernando Araújo.

Está además la mediación. El rol del presidente Chávez ha ido ganando apoyo internacional de numerosas personalidades e instituciones, entre las que se cuenta el MERCOSUR, varios presidentes latinoamericanos y el propio presidente de Francia, Nicolás Sarkozy quien se ha comunicado personalmente con Chávez para ratificar su apoyo y ofrecer su ayuda (aunque en este caso el canciller colombiano ha declarado de que debe existir una sola vía de negociación, que es la que encabeza el presidente Chávez, descalificando una intervención directa del presidente francés).

El factor más difícil de descifrar en todo este proceso es el propio presidente Uribe. Ha sido él quien nombró a Piedad Córdoba como mediadora y permitió la intervención de Chávez, dando un nuevo giro a la situación de negociación que estaba estancada. A la vez, continúa mostrándose absolutamente intransigente en sus posiciones y ha permitido (como acostumbra) que distintos voceros de su gobierno ataquen la mediación, descalificando sistemáticamente a las FARC como interlocutor válido. Mucho se ha podido especular sobre este aparente doble mensaje, desde el que su decisión de aprobar la facilitación significa una presión sobre Washington para conseguir la aprobación del TLC firmado por Colombia (que está detenido en el senado norteamericano), o un mayor apoyo para el Plan Colombia (que ya ha demostrado su inoperancia); hasta atribuirle maquiavélicas intenciones al comprometer a Chávez en una negociación destinada al fracaso. Si esto fuera así, si éstas fueran sus intenciones, ésta no parece estar resultando una jugada política acertada.

El creciente apoyo internacional a la mediación, agregado a la sistemáticamente declarada intención de las FARC de llegar a acuerdos negociados y su participación en pasos como la entrevista de Piedad Córdoba con Raúl Reyes y la reunión propuesta con Chávez, van paulatinamente dejando a la intransigencia del gobierno colombiano como el factor que puede hacer fracasar la mediación. Si así fuera, el saldo para el gobierno de Uribe no sería nada positivo a nivel internacional, ya que su imagen quedaría muy disminuida y no lograría ninguno de esos supuestos objetivos.

Sea cual sea el resultado final de este complejo proceso, lo cierto es que se ha abierto una esperanza en la difícil situación de Colombia y es nuestro deber apostar por ella.


Miguel Guaglianone es parte del equipo de Barómetro Internacional.

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