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Fidel: El perfil de un personaje de los tiempos

Hugo Guzmán y R. Santiago

Viernes 2 de septiembre de 2016, puesto en línea por Barómetro Internacional

28 de agosto de 2016 - A la trayectoria, los hábitos, los hitos, los episodios y la palabra de Fidel Castro Ruz que cumplió sus 90 años.

Es un lector empedernido. Dejó de fumar puros para dar ejemplo en la campaña anti/tabaquismo. Gustaba de practicar la caza submarina, el básquetbol y el ajedrez. Contó que usar permanentemente el uniforme verde olivo le resultaba cómodo; la primera vez que apareció de traje y corbata fue para una Cumbre Iberoamericana. Trabajar y reunirse de madrugada era una característica peculiar, como aparecerse de sorpresa en centros de trabajo y escuelas.

Parte quizá superficial o intrascendente del perfil de Fidel Alejandro Castro Ruz, abogado, nacido en el poblado de Bitrán, zona campesina del oriente de Cuba, en la provincia de Holguín, hijo de padre gallego (Ángel Castro Argiz) y madre cubana (Lina Ruz González), y uno de los siete hermanos que conformaron el núcleo familiar.

Porque el perfil más conocido/reconocido de Fidel, es el de su liderazgo político, sus dotes de estratega militar, su condición de estadista, su lucidez intelectual, su elaboración teórica, su prestigio ético, su capacidad oratoria.

Cumplió 90 años el 13 de agosto, de los cuales 70 los dedicó a la luchas estudiantiles y políticas, al combate guerrillero, al diseño/construcción de la Revolución Cubana, a proyectos sociales/médicos/deportivos/culturales, al apoyo internacionalista a movimientos de liberación y a describir/escribir la historia que le tocó vivir en varias -pero pocas- entrevistas y libros que él escribió y colaboró en escribir sobre su vida y la gesta revolucionaria cubana, como el documentado y necesario “La victoria estratégica”, y el biográfico y profundo “Guerrillero del tiempo”. De pequeño se crio en el campo, entre animales, centrales azucareros, vegetación caribeña, amigos hijos de guajiros, y fue a parar a escuelas de los jesuitas (La Salle, Belén) en Santiago de Cuba, para luego dejar el albergue familiar para llegar a La Habana a estudiar derecho. Un profesor del entonces muchacho Fidel Alejandro, el sacerdote Armando Llorente, escribió de éste -en el anuario escolar- que “no dudamos de que llenará con páginas brillantes el libro de su vida”.

Cuando comenzó el perfilamiento

A mitad de la década de los 40, Fidel es elegido representante de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana y junto con impulsar demandas universitarias, inicia la que sería su lucha permanente contra regímenes autoritarios y represivos en su país. Allí se comenzó a perfilar como líder político y conoció a varios de quienes más tarde serían sus compañeros en la batalla guerrillera e incluso en la construcción de la Revolución Cubana.

La primera militancia política de Fidel fue en el Partido Ortodoxo que lideraba un hombre progresista y patriota: Eduardo Chibás. En esos tiempos, se asienta en el pensamiento del líder cubano la obra política, literaria y anti/imperialista de José Martí, Apóstol de Cuba, lo que gravitará durante toda su vida. Apremiado por presiones que recibía en su denuncia de la tremenda corrupción que existía en Cuba, Chibás se suicidó durante la transmisión de su programa radial, causando gran impacto en Fidel y la juventud. Ahí, y con la extensión de la represión, comenzó a germinar la idea de la lucha armada contra la tiranía, que se desarrollaría durante la dictadura de Fulgencio Batista.

Hay un paréntesis en esos tiempos, que tienen que ver con viajes que hizo el dirigente cubano a República Dominica y a Colombia, a fines de los 40. Fidel estuvo junto a Juan Bosch, histórico patriota dominicano, en acciones para derrocar al dictador Rafael Trujillo, y estuvo presente en el llamado “Bogotazo”, rebelión del pueblo colombiano por el asesinato del líder demócrata Eliécer Gaitán, que marcó el inicio de un largo periodo de violencia política en ese país; en esas jornadas, junto a quien sería un amigo de Fidel, Alfredo Guevara, en un momento de enfrentamientos, el dirigente universitario cubano estuvo a punto de caer en un cerco que pudo costarle la vida. En esos años Fidel conoció las realidades del peronismo en Argentina, de las luchas anti/imperialistas en Panamá, de la falta de independencia de Puerto Rico. Quizá de esa forma se comenzó a labrar su espíritu latinoamericanista e internacionalista.

Un hito señero

Probablemente uno de los hitos señeros del proceso revolucionario cubano fue la decisión de un grupo de jóvenes de propinar un golpe a la dictadura batistiana asaltando los cuarteles militares Moncada en Santiago y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, la madrugada del 26 de julio de 1953. La idea era tomar esas fortificaciones, llamar a una huelga general y terminar con la tiranía. En ese episodio, así como en la organización del grupo rebelde, participó un joven admirado por Fidel y con quien compartía la conducción del movimiento: Abel Santamaría.

El ataque rebelde fracasó, con la secuela de muertos, torturados, detenidos. Y se produjo un hecho puntual que sería decisivo. Fidel fue encontrado, día después, oculto en las montañas, por un grupo de militares que se dispusieron a asesinarlo. El sargento Pedro Sarría dio la orden de no disparar, gritando “las ideas no se matan”. En esas semanas se perfilaron como jefes y destacados revolucionarios, Raúl Castro, Juan Almeyda, Ramiro Valdés, Melba Hernández, Haydee Santamaría, entre varios otros.

Encarcelado y procesado, asumiendo él mismo su defensa, Fidel escribió su conocido y admirable texto “La historia me absolverá”. Se consagraba no solo como líder de la rebelión, sino como un sagaz político, un apasionado orador, sólido intelectual y asimilador de las tesis de Martí. Y, paradójicamente, en esas circunstancias de derrota, surgió y comenzó a desarrollarse el Movimiento 26 de Julio (M-26-7). Los combatientes presos fueron liberados por la presión popular y un grupo salió a México.

La gesta guerrillera

A mitad de los cincuenta, desde tierras mexicanas, comenzó a desarrollarse un vertiginoso caminar rebelde. Fidel organizó la travesía del yate Granma para ingresar clandestinamente 82 combatientes a la isla -él al frente del grupo-, encabezó la re/organización del contingente después del golpe recibido al ser detectados en el desembarco, y se puso a la cabeza de la organización de la guerrilla en la Sierra Maestra y en las ciudades de toda Cuba.

El líder cubano había estrechado lazos con el médico argentino Ernesto Guevara -que por su modo al hablar los cubano bautizaron como Che-, con Camilo Cienfuegos, y con varias combatientes que serían vitales en la batalla insurreccional y también en los primeros pasos de la Revolución Cubana: Celia Sánchez y Vilma Espín. En esos tiempos, según el periodista estadounidense Herbert Matthews, “Castro comenzaba a ser un personaje de leyenda”.

El primero de enero de 1958 triunfó político, social y militarmente el M-26-7 y Fidel se consolidó como el líder no solo del derrocamiento popular de la tiranía de Batista, sino como el conductor del proceso de liberación nacional de Cuba.

Episodios de prueba

Luego vendrían otros hitos determinantes en la fortaleza y características de la Revolución Cubana, y donde Fidel asumió roles protagónicos que lo situaron como un estadista, estratega militar, líder político y personaje incidente en la realidad internacional.

La declaración del “carácter socialista” de la revolución, la contención y propinación de una de las peores derrotadas de Estados Unidos y sus grupos anticomunistas al derrotar la invasión de Playa Girón (donde Fidel no solo dirigió, sino que participó de los combates), la Crisis de los Misiles que confrontó a la Unión Soviética con Estados Unidos teniendo en el centro a la isla, la creación en 1965 del Partido Comunista de Cuba, donde el dirigente puso todo su empeño unitario y capacidad de cohesión al interior de la Revolución, ya que ahí se integraron militantes de distintas organizaciones revolucionarias y de izquierda.

Lo que vino después fue la consolidación del proceso de transformaciones en Cuba. Hasta hoy se reconoce el papel de Fidel Castro en el desarrollo científico/técnico de la isla, su cercanía y estudio de las ciencias médicas y desarrollo de proyectos como “el médico de la familia”, su preocupación por los derechos de los niños y los jóvenes, su aporte intelectual a las estrategias económicas y diplomáticas, su incentivo para convertir a Cuba en una potencia deportiva, su insistencia en la extensión de la educación.

En la década de los sesenta, setenta y ochenta, sobre todo, Fidel jugó roles protagónicos y de influencia -algo que siempre causó furia y reacciones virulentas desde las posiciones imperialistas, derechistas y reaccionarias en el mundo- en procesos de liberación nacional y revolucionarios, sobre todo en países africanos, particularmente Angola, donde llegó a dar criterios militares estratégicos para derrotar a las poderosas fuerzas racistas e intervencionistas de Sudáfrica. A pesar de que era un proceso que tuvo orígenes y desarrollo distintos al de Cuba, Fidel fue solidario y nunca dejó de respaldar al gobierno de la Unidad Popular y específicamente al Presidente Salvador Allende.

“Tal vez mi voz se escuche”

Sendos libros dan e irán dando cuenta del perfil de Fidel Castro Ruz marcado en la historia contemporánea. O documentales como “Comandante”, de Oliver Stone, libros/entrevistas como “Biografía a dos voces” de Ignacio Ramonet, “Fidel y la religión” de Frei Betto, “Un encuentro con Fidel”, de Gianni Miná, o la entrevista del periodista chileno Augusto Olivares a Allende y Fidel.

En algún momento, el líder cubano dijo que por ley biológica, a todos les llega la hora de la muerte. Más tarde afirmaría que “ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida”, demostrado en el seguir analizando y escribiendo, recibiendo a estadistas, dirigentes políticos y personalidades de distintos ámbitos y diversos países en la casa que lo aloja, y volviendo a reunirse con su pueblo en distintas circunstancias, como aquella reciente en que visitó una escuela y compartió con niñas y niños.

Fidel conoció y con algunos tuvo amistad, a varios escritores e intelectuales de la talla de Ernest Hemingway, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Alicia Alonso, Arthur Miller, Oswaldo Guayasamín, Eduardo Galeano, y Gabriel García Márquez. Este dijo en una ocasión que el líder cubano tenía un “poder de seducción” comprobado en la diversidad de personajes de todo signo que lo han tratado y respetado; lo calificó con “una paciencia invencible. Su disciplina es de hierro. La fuerza de su imaginación lo empuja hasta los límites de lo imprevisto”.

“¿Cómo cree que la historia lo juzgará a usted?”, le preguntó Ignacio Ramonet a Fidel. “Es algo que no vale la pena preocuparse”, le contestó. Y añadió: “Me interesa más el prestigio, que pueda tener por el país, por la lucha, por la batalla, pero no vinculado a mi persona”. Eso lo retrata.

No fue un atentado ni el retiro ordenado y pasivo lo que sacó a Fidel de sus funciones al frente de Cuba. Una dura enfermedad lo golpeó en 2006, hace diez años. Estrés y extensas y extenuantes jornadas de trabajo pudieron estar en el origen de una grave dolencia. El propio estadista escribió que “traicionaría mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer. Lo explico sin dramatismo”. Y dijo que no postularía ni aceptaría seguir como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, ni como Primer Secretario del PCC.

Dando cuenta de que, en efecto, no descansará de su compromiso y tareas que pueda cumplir, Fidel entregó un mensaje que subyace aun. “El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis.

Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte…No me despido de ustedes. Deseo solo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título “Reflexiones del compañero Fidel”. Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso”.


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