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BOLIVIA - Cirugía petrolera

Andrés Soliz Rada

Lunes 1ro de octubre de 2007, puesto en línea por Andrés Soliz Rada

Si un grupo de cirujanos realiza con éxito un transplante de corazón, el
paciente no está aún fuera de peligro, ya que necesitará de rigurosos
cuidados hasta su lograr su rehabilitación total. Con la nacionalización
de
los hidrocarburos del 1-V- 06, el país cambió su anquilosado corazón
neoliberal y lo sustituyó por otro, lleno de renovada energía.

Infelizmente,
como en el ejemplo inicial, el tratamiento post operatorio fue
deficiente.
Después de la histórica medida, voceros del despojo nacional, entre
ellos un
ex presidente de la República y agentes de las petroleras, sostienen que
el
nuevo corazón es idéntico al anterior y que, por tanto, la
nacionalización
fue una farsa. Lo que no se dice es que el Decreto del primero mayo puso
los
cimientos para que el país recupere la propiedad de los hidrocarburos,
lo
cual, como establece su artículo séptimo, debió concretarse, de manera
inmediata, con el control accionario del 50 por ciento más uno de las
empresas “capitalizadas” por Sánchez de Lozada (Chaco, Andina y
Transredes),
de las refinerías y de los depósitos de almacenamiento, enajenados por
Hugo
Bánzer y Jorge Quiroga. Año y medio después de la medida, YPFB no
controla
ninguna de las “capitalizadas”.

En cumplimiento del Decreto, la poderosa Petrobrás depositó en la cuenta
de
YPFB la participación adicional del 32 %, con lo cual los ingresos de
Bolivia en los mega campos de gas ascendieron del 50 al 82 %. La
consolidación de la misma dependía de auditorias a los campos, las que
debieron ser la base para suscribir contratos de operación, que
convertían a
las transnacionales en prestadoras de servicios por el trabajo en pozos
en
producción, en tanto que los campos en exploración y en retención debían
retornar a YPFB. Infelizmente, sin esperar sus resultados se
suscribieron
contratos de producción compartida, no previstos en la legislación
vigente,
por los que se reconoció a las empresas derecho propietario sobre parte
de
la producción, no se las obligó a cumplir un programa de inversiones
para
exploración y desarrollo de campos, a fin de industrializar al país,
abastecer el mercado interno en condiciones adecuadas y cumplir los
compromisos de exportación a Brasil y Argentina. ¿Pero cómo la débil
Bolivia
podía imponer sus condiciones a Petrobrás? La respuesta reside en que
Brasil
no podía prescindir de nuestra materia prima. Y así como el caos mundial
sería inevitable ante la súbita desaparición del petróleo, el monstruo
industrial de San Pablo se desplomaría sin el gas boliviano que lo
abastece
en un 50 %. Esta situación está cambiando de manera acelerada. Brasilia
ha
adoptado medidas para ser autosuficiente también en gas, lo que
conseguirá
con el incremento de agro combustibles, explotaciones submarinas de
petróleo
y energía nuclear, ya que, como se sabe, no hay energía más cara que la
que
no se tiene.

Bolivia debió completar la nacionalización mediante la refundación de
YPFB.
Para ello, el gobierno pudo recurrir a los mejores técnicos que
trabajaron
en las auditorias, en lugar de descabezarlas. Estaba en condiciones de
aceptar la inversión de 1.300 millones de dólares ofrecida por Argentina
y
dirigir las ofertas venezolanas a la explotación de los campos
recuperados
por YPFB en zonas tradicionales. Evo fue engañado cuando le dijeron que
el
gran logro de la nacionalización fue la suscripción de malos contratos y
que
las auditorias debían ser manejas de espaldas a la ciudadanía por un
miope
entorno palaciego. También se equivocó al impedir que las petroleras
sean
enjuiciadas por los graves delitos que cometieron. El retroceso
pretendió
ser encubierto con actos de beneficencia y enarbolando la existencia de
36
naciones, con autodeterminación y territorios propios, con lo cual la
histórica lucha del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) en favor
de
los excluidos ha caído en una espantosa confusión. Vuelve a equivocarse
al
aceptar la donación de ambulancias del reino de España, patrocinador de
Repsol. El trueque de espejitos por oro, como en la colonia, es la
antítesis
del Decreto de nacionalización. Sin embargo, la nacionalización puede
ser
revitalizada con los acuerdos suscritos con Irán, siempre que no se
reduzcan
a meros anuncios como ha sucedido, hasta ahora, con los convenios entre
YPFB
y PDVSA.

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