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Desastre nuclear y manipulación mediática

Miguel Guaglianone

Domingo 20 de marzo de 2011, puesto en línea por Barómetro Internacional, Miguel Guaglianone

La hecatombe acontecida en el Japón producto la serie de terremotos y maremotos que asolaran este país ha puesto y mantiene en primera plana de los medios internacionales –además de las imágenes y datos de las pérdidas de vidas humanas y materiales y de la devastación acontecida– la gravedad de los sucesivos accidentes nucleares que vienen produciéndose desde que la actividad sísmica ocasionó el colapso de los sistemas de control de varios reactores atómicos; y las posibles fatales consecuencias frente a las cuales nos encontramos.

Aún dentro del protagonismo noticioso de la alarma nuclear, es posible percibir la manipulación que el sistema corporativo de medios –y los intereses detrás de él– realizan con respecto a los hechos. Hay declaraciones contradictorias de dirigentes políticos japoneses, primero confirmando la gravedad de la situación, luego intentando atenuarla, hay declaraciones también contradictorias entre voceros de la Unión Europea o de la Agencia Internacional de Energía. Hay noticias contradictorias sobre la verdadera situación en Fukushima. ¿Suceden o no suceden el colapso y fusión de uno o más reactores, explosiones, nubes de partículas radioactivas libres en la atmósfera, aumento de la radioactividad ambiente? Es lo que no termina de quedar claro a través de una información en constante contradicción y que llega a cuentagotas, tanto por parte de las cadenas de medios como por parte de las autoridades japonesas.

La verdad que parece quedar como residuo, luego de recorrer todas las noticias al respecto, es que aparentemente cuatro de los seis reactores de la central están en colapso, que sus sistemas de refrigeración han dejado de funcionar, y que la temperatura sigue aumentando. No sabemos realmente cual es la situación de cada uno, pero sí de la dificultad que se tiene para enviar equipos de trabajo al lugar, ya que la fuga de radioactividad ha convertido a la planta atómica en un sitio muy peligroso para la vida.

Podría decirse que parte de esta desinformación y manipulación esta originada por una “preocupación” de no desatar el pánico generalizado (que sin embargo ya está actuando, una noticia reciente hablaba de la compra desesperada de Iodo y el agotamiento de sus stocks en los EE.UU. como prevención de la contaminación radioactiva). Sin embargo esto es como máximo, sólo parcialmente cierto.

Lo más importante es que la manipulación informativa que hoy puede percibirse respecto a estos graves acontecimientos, ha sido constante por lo menos en los últimos cincuenta años, en lo relativo a la producción de energía a través de reactores nucleares. La primera consideración que debemos tener en cuenta es que todo aquello relacionado al desarrollo e instalación de reactores nucleares, está asociado indisolublemente al complejo militar-industrial. Como el resto de sus actividades, todo lo que realiza y difunde es aquello que conviene a la comercialización y desarrollo de su producción y a su propio crecimiento.

Por ello, el complejo militar-industrial, además de realizar una constante actividad de lobby en todo lugar de poder, gasta mucho dinero y esfuerzo en mantener una imagen de la energía nuclear como la energía del futuro, una forma de liberar a la humanidad de la dependencia y contaminación que producen los combustibles fósiles. Hasta llegar a apologías, por parte de una visión supuestamente “progresista” tales como: “Es preciso entender claramente las razones por las que la energía nuclear es tan detestada en la mayoría de los países, y por qué al falso movimiento ambientalista creado y costeado por el Club de Roma se le pidió que declarara la guerra a dicha fuente energética. Generando fuerza eléctrica barata y abundante a partir de reactores nucleares, los países en vías de desarrollo se volverían poco a poco independientes de la ayuda externa norteamericana y podrían consolidar su soberanía. La electricidad producida a partir de la energía atómica es la clave para que los países atrasados salgan del subdesarrollo en el que el Club de los 300 les ha ordenado permanecer”.

Para los intereses que están detrás de la instalación de centrales nucleares es necesario, con la complicidad de la red internacional de medios corporativos, deformar y ocultar información y descalificar a quien afirme lo contrario a la “pureza” de la energía nuclear.
Nunca hemos estado contra el desarrollo del conocimiento. Creemos que es necesario que cada país conozca de ciencia nuclear. La investigación y la producción de isótopos tanto para la medicina como para la aplicación en diversas tecnologías, es un recurso necesario de desarrollar. Sin embargo, entre esto y creer que los problemas energéticos que enfrenta nuestra sociedad productivo-consumista van a resolverse a través de la producción de energía eléctrica con centrales nucleares, hay una gran diferencia.

Cualquiera que estudie con un poco de profundidad lo relativo a este tema descubrirá cuanto se oculta y cuanto se deforma a partir del control de los medios corporativos. Algunos ejemplos:

1) Seguridad de las plantas atómicas: Se nos vende la imagen de que las plantas atómicas son hoy absolutamente seguras, se sugiere que lo sucedido en Chernobyl fue producto de la incompetencia de la Unión Sovietica (sin tener en cuenta por ejemplo que el segundo accidente en importancia sucedió en plenos Estados Unidos). Sin embargo la verdad es que a pesar de la soberbia tecnológica, ninguna planta nuclear está libre de accidentes graves. Recuérdese que a pesar de que la NASA utilizaba el “infalible” método de la Triple Redundancia (todos los procesos se planificaban por triplicado en forma independiente) y su mayor preocupación desde su fundación ha sido –por razones políticas– evitar los accidentes, le fue imposible prever lo sucedido con el Challenger. Los accidentes inevitablemente aparecerán, por error humano, por fallas técnicas, por colapsos sísmicos, por inundaciones o por razones no posibles de prever. Es una simple cuestión de estadísticas y probabilidades en un universo en constante crecimiento de centrales nucleares que operan durante mucho tiempo ininterrumpidamente.

2) Resultados de los accidentes: Otra cosa que se esconde son las consecuencias de los accidentes graves. . El núcleo del reactor es el lugar donde –una vez que se la inicia– se produce una reacción de fisión atómica en cadena que debe mantenerse controlada, tanto en su completo aislamiento del exterior, como en su temperatura. Cuando se produce un colapso en los sistemas de enfriamiento del núcleo, nos encontramos en la situación de los reactores de Fukushima. Es realmente muy poco lo que se pueda hacer a partir de allí para detener el aumento progresivo de temperatura de la reacción nuclear. Y ese aumento progresivo lleva a la destrucción del contenedor del núcleo, sean cuales sean sus características de ingeniería. Si eso sucede, se produce primero la emisión de una nube de partículas radioactivas que se diseminan en la atmósfera, quedando sujetas a las variaciones meteorológicas locales y generales. Es lo que sucedió en Chernobyl y cuya nube radioactiva llegó a Europa, y es lo que hoy más preocupa respecto a Fukushima. Pero también sucede algo de lo cual nadie habla. Si el contenedor colapsa, el material radioactivo del núcleo, ultradenso, comienza a hundirse lentamente en la tierra. Este es un proceso frente al cual no tenemos ninguna tecnología capaz de detenerlo. Una masa de material radioactivo penetra al subsuelo, y seguirá hundiéndose hasta que llegue a una profundidad de igual densidad a la suya (posiblemente cerca del núcleo de la Tierra) y contaminando con radioactividad la corteza terrestre mientras dure su vida media, que es del orden de los 50.000 años.

3) Resultados de su producción: Finalmente, hablemos de la situación que más se mantiene oculta respecto a los reactores nucleares, y por la cual más se desinforma y más se desacredita a quienes la denuncian. Se dice que los reactores nucleares tienen la ventaja de que no lanzan directamente a la atmósfera CO2 ni otros gases que aumenten el efecto invernadero y el calentamiento global, pero lo que nunca se dice es ¿Qué sucede con los residuos radioactivos producto del funcionamiento normal de los reactores nucleares? Los reactores de antigua data consumen uranio radioactivo y dejan como residuo plutonio radioactivo. Los de nueva generación son capaces de reciclar parte del plutonio –cosa muy publicitada por los defensores de la energía nuclear– pero dejan como residuo torio radioactivo o plutonio radioactivo no reciclable. Imagínese el número creciente de reactores nucleares –que hoy está alrededor de los 300 en todo el mundo– produciendo constantemente materiales de residuo radioactivo en forma progresiva. La verdadera realidad es que no existe un modo seguro y no contaminante de manejar ese material una vez que ha sido producido. La humanidad está entonces acumulando una cantidad cada vez mayor de material radioactivo altamente contaminante, y como dijimos con una vida media (tiempo en el cual se mantiene radioactivo) del orden de los 50.000 años. Esto es algo que se oculta constantemente. Ante las denuncias, además del silencio y la descalificación, algunos de los países desarrollados se han “comprometido” a “controlar” el material de desecho. Esto se ha convertido en parte del peligro en las centrales nucleares, que conservan –generalmente a la vista– los contenedores con ese material. Pero la verdad es que hay una constante circulación clandestina de este material, desde el centro (donde está la mayoría de los reactores) hacia los países periféricos (que tienen un menor control de la contaminación radioactiva) e igualmente que parte de él se sumerge clandestinamente en aguas oceánicas (sabiendo que no importa en qué se empaque, ese material de empaque durará menos que el material radioactivo, y a la larga producirá una inevitable contaminación del lecho oceánico). De la misma manera sucederá con el material radioactivo que se entierra clandestinamente. Esta es la consecuencia más grave del uso creciente de centrales nucleares y sin embargo, nadie habla ni discute sobre ella. La imagen de este tema que transmiten los medios corporativos a instancias de la Agencia Internacional de Energía y el Complejo Militar–Industrial, es que toda alarma al respecto es producto de las ideas descabelladas de los ecologistas radicales. Nadie dice tampoco que la contaminación radioactiva es mucho más fulminante que el resto de las contaminaciones ambientales, que produce directamente el aumento de enfermedades mortales y que es capaz de producir alteraciones genéticas a mediano y largo plazo.

En definitiva, un ejemplo más del poder que hoy tiene el sistema corporativo transnacional de medios masivos de comunicación, y de la loca carrera suicida en la cual nos mantiene el sistema productivo-consumidor manejado por el neocapitalismo corporativo, sólo dependiente de los intereses del mercado.

Dentro de este panorama bastante oscuro, la buena noticia final es que el gobierno de Venezuela, por anuncio del Presidente Chávez, acaba de dejar en suspenso los planes de desarrollo nuclear que se venían llevando a cabo en el país, hasta tener un panorama más claro de todo el tema.


miguelguaglianone[AT]gmail.com

Notas:

“El club de los 300” John Coleman, citado en http://www.aporrea.org/internacionales/a119519.html

Ver “Capítulo XI del libro Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y en el medio ambiente”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=124143 dónde se habla no sólo de las verdaderas consecuencias de Chernobyl, sino de cómo y porqué se las oculta.

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