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VII Encuentro continental de teologia india Sumak Kawsay e Vida Plena

AMÉRICA LATINA - Explicación del Sumak Kawsay

Pbro. Roberto Neppas

Lunes 15 de febrero de 2016, puesto en línea por colaborador@s extern@s

14 al 18 de octubre de 2013 - Diócesis de Latacunga, Cotopaxi, Ecuador - Padre Nello - Me pongo contento de que estamos haciendo un camino, un recorrido. Pido al Dios de la vida, que avive nuestros corazones, que fortalezca nuestros compromisos, para que juntos podamos asumir la vida que Él quiere, que como gran regalo ha puesto en nuestras manos. Me permito compartir una palabra mayor, grande, para poder enmarcar este encuentro. Un encuentro que tiene esperanza, proyección. Hay algo que está emergiendo, hay un cántaro que está dispuesto a ser ofrendado, a abrirse a todos, con generosidad. Que estemos dispuestos a beber de esta sabiduría.

Sumak Kawsay, una apuesta por la vida digna

Es necesario precisar y defender lo que verdaderamente significa para los pobres y en este caso para los pueblos indígenas el Sumak kawsay [1]. Los pueblos indígenas, lo asumimos como una palabra vital; que no existe sólo en cuanto la verbalizamos; está contenida en la profundidad de la vida de todos los seres; en nuestro caso, como hombres y mujeres podemos sentirla, desearla, saborearla o soñarla. Así mismo, desde la sabiduría indígena afirmamos que todo tiene vida y es parte de una vida mayor, y cada una de las diversas formas de existencia tiene su manera de “hablar”; por lo tanto, el Buen Vivir, es comunicado a través de la música, la danza, la comida, los tejidos, la lluvia, la vida misma.

A este modo de vivir en armonía, interconectado, interrelacionado e interdependiente con los ciclos de la vida de toda, de la comunidad: humana, cósmica y divina, algunos prefieren llamarla “convivir bien” o simplemente “vivir es convivir”. Como pueblos indígenas presentamos entonces el sumak kawsay como una crítica al modelo imperante llamado de “desarrollo”, a sus estrategias, sus preceptos y fines. Denunciamos este modelo de tratamiento, que desde la perspectiva del consumo y la acumulación, reduce la tierra, el agua e incluso a las personas con sus sabidurías y culturas, a simples recursos que deben estar a disposición de los intereses de quienes ostentan el poder y se someten a sus placeres.

Aseveramos que es un sistema de escalada unilineal, desencarnado que aplica sus estrategias causando iniquidades, destrucción y muerte. Se la ha constituido a la perspectiva material como el único estandarte de la felicidad, para lo cual, se debe producir en la brevedad, manipular genéticamente lo existente, explotar al máximo, apropiarse de la sabiduría local para luego patentar en función de intereses privados. Se presupone que los recursos son infinitos y que podemos ir creciendo ilimitadamente en dirección al futuro; la preocupación principal es ¿cómo ganar más? “Y en razón de ganar más se ha creado un archipiélago de riquezas rodeado de un mar de miserias” (L. Boff. La ilusión del espíritu científico).

Desde esta perspectiva, se utiliza la religión, la biblia y los textos sagrados, para reforzar el poder. Por una parte, se presentan las religiones e iglesias en función de la prosperidad material; y por otra, se trabaja para adormecer las consciencias mediante milagros, sanaciones y expulsión de demonios. Se ha endiosado a los ídolos del mercado, se maximizan sus catedrales (center shoppings,) los más diversos representases del “la religión” del sistema buscan paliar todo tipo de necesidades en la felicidad del consumo y del tener. Los ministros del Dios de la vida, ceden cada vez más espacios ante estas nuevas propuestas y en más de unos casos se acomodan a sus maquinaciones. Finalmente, a nivel interno de los pueblos indígenas, nos corresponde estar atentos a “la presencia y la persistencia de la “paradoja india” del sentido comunitario de solidaridad por un lado y por el otro lado un marcado individualismo que amenaza estos vínculos de solidaridad”.

Exteriorizando una palabra vital

El sumak kawsay, traducido neutralmente como buen vivir o bien vivir, parece no establecer ninguna diferencia en los discursos actuales, entre el vivir mejor. Desde esta perspectiva se le está constituyendo en un imperativo que motiva a seguir con el mismo sistema y estrategias del modelo llamado del desarrollo; por lo que, da igual justificar la minería a cielo abierto y a gran escala; explotar como necesidad nacional el poco petróleo que nos queda...a fin de alcanzar el buen vivir; vivir mejor, en ciudades del milenio, educarse en instituciones del milenio, todos bajo una misma lógica de, ser mejores, con nuevos esquemas de producción, para dejar de ser pobres, ¿pobres de qué y ricos en qué? ¿Podemos salir de la pobreza matando la vida? ¡Muerta la tierra se acabó la plata!

Quienes deseen beber de nuestra fuente, deben entender que El sumak kawsay es un modelo de vida; podemos afirmar es vivir como Dios manda; en familia, con todos y entre todo. Dios mismo goza con la vida que va manifestándose en toda la creación; El se encarna en Jesús su Hijo, y con él, en cada hijo, en los diversos pueblos y proyectos de vida. Asumimos con responsabilidad que la vida toda es un regalo del Dios de la Vida; lo que actualmente existe y que muchos los consideran recursos; nosotros lo reconocemos como bondades que Dios pone en la tierra para el bien de sus hijos, tal como atinadamente nos ha indicado Mons. Leonidas Proaño, y, lo que desde el corazón nos ha compartido nuestra hermana Francisca [2].

Dios quiere que vivamos alegres, por eso nosotros apostamos por un kushikuy kawsana, que vivamos dulcemente, confesando la bondad de la creaturidad y de la diversidad como proyectos de Dios, que sintamos la necesidad de los demás, seamos responsables y solidarios con ellos como causa común de todos los pueblos. Sumak kushikuy kawsana , vivamos en paz, vivamos bonito, sin alborotos ni confrontaciones, buscando un equilibrio y armonía personal, comunitaria, en complementariedad y reciprocidad entre todos.

Wiñak kausana, nos renovamos permanente, buscamos caminos nuevos, recreamos y dinamizamos nuestra identidad cultural, creemos y damos valor a nuestros procesos históricos y organizativos, llevamos nuestras propuestas y perseguimos las utopías de nuestros ponchos. Pakta kausana, garantizar el equilibrio individual, familiar y colectivo. Nada podemos ni debemos hacer solos, somos como la hebra del poncho, un hilo sólo fácilmente se rompe, pero tejidos aguantaremos. Mushuk kawsana, ás que personas individuales o colectivos, somos nosotros, somos ayllu, familia, comunidad. No somos solamente runas, somos pueblos (puruhaes, kayambis, salasacas, tsachilas, eperas...) somos nacionalidades. Tenemos años de recorrido, historia construida y derecho de decidir nuestro futuro.

El Sumak Kawsay y sus dimensiones: Vivir es convivir

En el horizonte de este encuentro, para buscar la vida plena de todo el ser humano y de todas las demás diversas formas de vida, nos corresponde asumir todas las dimensiones del ser de la persona tanto como individuo, con sus sentimientos, su capacidad de corazonar, sus acciones, sus fortalezas, sus posibilidades y limitaciones; y, como un ser social con sus procesos de vida, luchas, reivindicaciones, protestas y propuestas. Por otra parte, la de todos los seres, sus ciclos vitales, en correlacionalidad y mutua dependencia. Ante los interrogantes que se nos plantean sobre nuestra presencia e identidad; generosamente afirmamos que somos nosotros. Somos comunidad: humana, cósmica y divina en íntima relación y correspondencia. En la comunidad humana, somos pueblos y nacionalidades, llevamos la vida con identidad, desde cosmovisiones plurales, en corresponsabilidad a los procesos históricos, es nuestro Runakuna kawsay.

Somos ayllu, estamos asociados a la vida en comunidad. Vivir es convivir, por lo que no es posible concebir al individuo solo, ser persona es ser con los otros, en familia y en comunidad más amplia. Para la sabiduría indígena el mismo concepto de persona incluye la relación, la comunidad. De esta concepción se desprende la ética y la economía de la solidaridad, donde no se comprende el acumular, el guardar, el retener para sí, ni es admisible la carencia. Se trata de una economía-ética de la reciprocidad y el equilibrio donde se comparten los bienes generosa y austeramente a la vez. Para ir construyendo este nosotros como ayllu, cada familiar nuclear, comunitaria o pueblo, va dando posibilidades de emergencia de sus miembros, desde la integralidad de las dimensiones de la persona:

➢ Allí munaywan, capacidad de corazonar, no es suficiente la razón dominante que es funcional e instrumental; necesitamos enriquecerla con la razón sensible, emocional y cordial, mirar con los ojos del corazón, y en lo más hondo del corazón es Dios mismo quien habla, con el corazón creemos y compartimos lo que en él tenemos.

➢ Alli yuyaywan,; un pensamiento equilibrado, de reflexiones y experiencias a favor de la vida, es decir sabiduría, saber discernir los acontecimientos y siempre garantizar la vida;

➢ Allí ruraywan, la vida se aprende haciendo; es la experiencia que nace del compartir la ejecución de los proyectos de vida, siembra, cosecha, sufrimientos o alegrías; somos energía que fluye en el construir la vida;

➢ Allí ushaywan, la fuerza transformadora, el poder, la autoridad debe ponerse a favor del kawsay, como servicio, donación y entrega.

En la comunidad cósmica, somos nosotros en estrecha relación con la Naturaleza; ella, no es concebida como un recipiente lleno de recursos inagotables, ni tampoco naturaleza salvaje que debe ser dominada; sino, como Pachamama, como la Madre tierra con la que estamos en indisoluble relación. Allí florece la vida con belleza y bondad, allí crecen los dones que nos alimentan, que nos sanan, que nos permiten vivir nuestra espiritualidad. Es por eso que desde nuestra relación de hijos, le correspondemos con el cuidado, el respeto, la atención, el trabajo colectivo, la “minga”. Se vive el cultivo y la crianza de los animales, así como la danza y la fiesta. Todo supone respeto a los ciclos naturales, y una relación sacral permanente, es asi que terminado las siembras o cosechas, y sobre todo en las situaciones de conflictos o dificultades, los pueblos indígenas buscan sitios especiales, donde depositan sus ofrendas, contemplan el horizonte, respiran catan o danzan, y concluyen afirmando ¡kawsarishkanimi!. He vuelto a vivir.

Consideramos a la tierra nuestra madre, porque es generadora de la vida de todos los vivientes, ella tiene vida y por eso puede producir vida en sus más diferentes formas, por lo que nuestra relación con ella necesariamente es filial, de cuidado mutuo e interrelación fecunda. Más que como pueblos, naciones y razas, debemos entendernos como criaturas de la tierra, como hijos e hijas de la Madre común.

En cuanto comunidad divina, aceptamos la vida toda es sagrada, nuestra cosmovisión está atravesada por una dimensión religiosa o trascendente; las ceremonias religiosas están integradas indisolublemente a la vida y tienen un carácter integrador. En las ceremonias de siembra y cosecha o ciclos agrarios, se interconectan el hombre y la madre tierra; en los distintos momentos o ciclos de la vida individual o comunitaria, se juntan como hijos de la misma tierra (no sólo de pertenencia geográfica sino de origen y destino) en ceremonias reconciliadoras y sanadoras (la enfermedad es concebida como falta de armonía, por lo tanto se necesita volver al equilibrio). La espiritualidad lo impregna todo, por eso que cada pueblo tiene establecido las más diversas celebraciones religiosas que no necesariamente implica la división entre mundo sagrado y mundo profano, ni tiempos ni espacios.

Por “la estrecha relación con la tierra y sus ciclos, por el contacto con la naturaleza y por la intensidad de la vida social, el sumak kawsay supone otra visión del tiempo, donde el tiempo lineal y cíclico coexisten, donde la palabra, la música y el canto tienen su tiempo, tanto como el silencio, el trabajo y el descanso. Así como plantean un equilibrio con la tierra y sus ciclos, también hablan de un equilibrio con la historia. Vivir Bien supone una cultura de la paciencia y el cuidado atento. Paciencia que no es comodidad, ni indiferencia ni falta de compromiso histórico”.

Me permito concluir que la perspectiva anotada, para una lectura de fe nos puede ayudar a comprender que la irrupción del pobre en la sociedad y en la Iglesia Latinoamericana es, en última instancia, una irrupción de Dios en nuestras vidas. Por otra parte, invita asumir esta irrupción como el punto de partida, y también el eje de la nueva espiritualidad.

Si la fe de los pueblos indígenas, les permite convivir con la pachamama como la manifestación maternal de Dios, como nuestra casa común y lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación (CELAM, Documento Aparecida, AP 125,. es fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano (AP 472), la creación es casa de todos los seres vivos y matriz de la vida del planeta”. (AP 474 a).Pues es en ella que logramos contemplar, celebrar y reverenciar al Dios de la Vida; las elaboraciones teológicas no pueden seguir prescindiendo de esta matriz de vida.

El mundo de babel en el que la gente no quiere tener ningún límite, todo se hace bajo el impulso del la fuerza del poder, fama competencia y protagonismo egoísta, El ún co lenguaje que hablan los hombres de babel es la uniformidad, en el que nadie tiene derecho a pensar ni ser diferente. Terminará por confundir todo horizonte de vida, el otro será un peligro, ya no su hermano, sino su enemigo.

Estamos llamados a vivir el espíritu del Padre Nuestro, Dios nos llama a reconocerle en la pluralidad. Es padre de todos, el autor de la vida, todo existe gracias a su bondad, el mismo es comunidad, en diferencia y pluralidad, y signo de la más plena comunión y participación. La fuerza del Espíritu, presente en todas las culturas, posibilita entender en su propia lengua las maravillas y los planes de Dios [3] “Es el mismo Espíritu quien esparce las semillas de la Palabra, presentes en los ritos y culturas, y los prepara para su madurez en Cristo” (Redemptoris Missio - RM 28).

En el mismo espíritu de Dios que en su Hijo nos haces sus hijos, “porque con el hombre -cada hombre sin excepción alguna- se ha unido Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello” (Redemptor Hominis - RH 14); y, “ mediante el Espíritu, por la fe llegar a contemplar y saborear el misterio del plan divino” (RM 28) que es la vida en abundancia para todos.


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[1Sabemos que no es una propuesta local sino del ámbito global. El sentido del Buen Vivir, contemplado constitucionalmente en el Ecuador y Bolivia, inspiró a qué otros pueblos indígenas se preguntasen sobre el sentido que intenta transmitir. Sumak Kawsay, Suma Qamana, Vimarey (tierra sin mal), Ñandereko (vida armoniosa), Teko kavi (vida buena). En el mismo sentido y ampliando el horizonte podemos citar nuevas voces de los diversos
pueblos: Iroo k’acharik, Imb’utz’ bixirar, Yakera Jakitane, Ura’ Chunu, Lec oayucotic, Lequil cuxlejal, Teko Katu, Mba’e porảra, Biia bai, Imáaloob Kuxtal, Da Nca’alaxa ‘Enauac, Inh Fẽ Tupẽ, Xochitlalpan, Endanazaaca, Kme llaguaymi, Guendanabani Sicarú, Ndaaya Mísá, Tlan latamat, Cuale Nemilis, Ju kri ko koinbiti, N’Diose sua’a ya’a in, Teko katu, Ch’ab’il wank,(ver memoria del Vi encuentro de Teología India Berlin. 2009)

[2“Los pueblos indígenas piensan con el corazón que la tierra es su madre. Es su pensamiento fundamental, de allí nace el concepto de fraternidad extensa, de familia extensa, de igualdad entre todos. Si la tierra es la madre de los hombres, los hombres son sus hijos y entre sí, son hermanos llamados a construir una gran familia. Así como una buena madre no establece diferencias entre sus hijos, la tierra es para todos y todos tiene iguales derechos” Mons. Leónidas Proaño. Las palabras de la hermana francisca constan como cita inicial

[3LP 490; DP198-199; 204-206; 250-251 etc

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