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La amenaza mundial de lo T.T.I.P

Jesús Arenas

Jueves 15 de septiembre de 2016, puesto en línea por Barómetro Internacional

07 de septiembre de 2016 - Los ciudadanos europeos están próximos a ser cocinado sin ser justamente gallinas. Diríamos que están en la olla hirviendo ante las ambiciones y el agiotismo económico de las transnacionales. Ese Tratado de Comercio e Inversiones entre la Unión Europea y los Estados Unidos no es más que un simulado golpe de estado económico contra el derecho a la vida de los pueblos. Y el tema es vital porque afecta no solo a los europeos directamente sino a todo el mundo. Es una estrategia de las corporaciones para aumentar sus ya abultadas ganancias. La excusa conlleva a afectar las legislaciones de cada país involucrado.

Situación a la que no se escapan los suscritores, por cuanto, de ¿qué otra manera se van armonizar esas relaciones legales para ajustar sus intereses? Esto evidencia a leguas que es un tratado más político que económico. Innegable, dada la vinculación existente entre los personajes que ejercen el poder, practican la economía y están sujetos a los mandatos de las corporaciones. La conspiración se denota cuando están negociando tras las puertas, a escondidas y en forma muy restringida. Aunque la apariencia refleje que nosotros nos hallamos lejanos de Europa, no es cierta tal afirmación dada la vinculación global existente.

En primer lugar una de las garantías en pico de zamuro es la referente a la soberanía alimentaria. Por cuanto los procesos de importación y exportación van a ser afectados. Agreguemos el peligro de mengua en los derechos sociales y laborales, el medio ambiente y demás ramificaciones de la vida económica mundial. Ya lo dijo en cierta oportunidad el comandante Chávez, que cualquier ruido en Europa se oye en Venezuela porque no estamos ausentes, formamos parte del sistema integral humanitario. Todo lo que las corporaciones secuestran hace temblar las buenas relaciones comerciales de las naciones con recursos menores porque afecta el verdadero espíritu democrático de sus pueblos.

Dentro de las exigencias del tratado, se asoma la posibilidad de un sistema arbitral que deja en manos de abogados privados el arreglo de las controversias. Recordemos el caso de Egipto que al tratar de aumentar el salario mínimo fue atacado por las corporaciones que alegaban supuesta disminución de su ingresos. Tuvo que recular el gobierno por las presuntas demandas corporativas. Esa decisión afincó el poder hegemónico de las corporaciones poderosas y estableció, en forma contundente, un sistema moderno de esclavitud para el trabajador. Ese tratado puede suscitar una tranca para los reclamos ambientales.

Como la ambición es el objetivo principal de esos empresarios, cualquiera puede continuar quebrando la tierra con la práctica del Fracking u otro medio de explotación contra la naturaleza. La salud y la educación son otros servicios atacados al privatizarse. Las pensiones y demás beneficios sociales se tratan de regular mediante los llamados fondos de inversión privada. Los países más desarrollados en tecnología devorarán mediante la adaptación de barreras arancelarias, y políticas de subsidio desiguales a sus víctimas. El presunto aumento de la productividad en beneficio de los intereses particulares, el consumo de alimentos “hormonicos” acrecentará los problemas de salud y en consecuencia, una recurrencia al negocio de los laboratorios.

Además de violar los derechos a la vida de sus pueblos, también se soslayan tratados ambientales como el acuerdo de Paris. Es otra forma de acabar con la civilización. A pesar de encontrarse las naciones ya amenazadas por tratados agiotistas como el CETA y el NAFTA, esta otra manera de negociados corporativos somete y subyuga a la especie humana. Y repito, esas decisiones nos afectan por lo que debemos protegernos a través de los proyectos humanistas que, el proceso revolucionario en Venezuela estudia y aplica. Tomar con indiferencia esa alevosa arremetida de las transnacionales corporativas es vivir ciego ante la proximidad del desastre. Ya apreciamos como los países neoliberales suramericanos, entre los que se cuentan Argentina, Brasil y Paraguay están arrimando sus brazos para cobijarse en esos tratados sin importarles la disminución de la vida económica de sus connacionales. El primer paso es destruir la unión suramericana que Chávez propuso con Mercosur. Los pueblos cuentan para evitarlo. Esperemos los acontecimientos con los ojos abiertos para salvaguardar los beneficios que el proceso revolucionario venezolano ha logrado con la voluntad de sus actuales gobernantes. Venceremos.


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