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Algunas objeciones al pensamiento de Immanuel Wallerstein

El colapso, los ciclos Kondratieff y el misticismo

Ariel Zúñiga

Lunes 14 de julio de 2008, puesto en línea por Ariel Zúñiga

Para Wallerstein el sistema mundo capitalista ya está construido en sus características definitorias en Europa para el 1450, antes de las conquistas en ultramar, de las revoluciones científicas, tecnológicas e industriales. Son esas conquistas consecuencias de la mirada capitalista de los europeos de ese momento y de sus posibilidades técnicas, capitalistas de entonces, en ningún caso superiores a las que disponían otras sociedades, como la China.

Desde entonces es posible distinguir fases de crecimiento, decadencia y crisis, las cuales son comandadas por una potencia económica, militar (principalmente naval). En las crisis se enfrentan la potencia en decadencia y dos posibles sucesores, la potencia se alía con una de ellas cifrando la victoria para la alianza. Cada una de estas crisis han sido resueltas en guerras de treinta años: La homónima, las napoleónicas y la primera y segunda guerra vistas como un sólo gran enfrentamiento entre EE.UU y Alemania por la sucesión de Inglaterra. Habría una lógica que gobernaría estos procesos y que su fundamentación Wallerstein nunca explica cabal ni adecuadamente. Todo el escepticismo que dilapida al criticar a los socialismos reales, a las teorías asentadas sobre el capitalismo y la modernidad, y al fetichismo de lo impreso, lo olvida cuando sentencia que magister Kondratieff dixit. Desde luego que las coincidencias son muchas pero lejos estamos para establecer alguna regla puesto que nos harían falta unos cuantos miles de años de seguimiento. Este elemento milagroso presente en la teoría de Wallerstein no logra invalidarla del todo pero sí constituye una seria objeción del mismo modo que el hegelianismo que exuda gran parte del marxismo.

Siguiendo el análisis de Wallerstein, el capitalismo es una forma social, política y económica inédita no sólo por haber arrastrado a todo el mundo hacia ella sino porque posee una estabilidad superior a la de cualquiera otra forma conocida. Esta forma se encuentra agotada en 1968 y desde entonces nos encontramos en una seria crisis definitiva del capitalismo. Independiente de la crisis que va enfrentar a Japón (gólem de los EE.UU), Europa (Alemania y sus vecinos resucitados también por los EE.UU), que seguramente vencería al Japón recargado, aliado de los EE.UU en decadencia como potencia subalterna, el capitalismo sucumbiría de todos modos llevándose la alianza una pírrica victoria. Según el conejo que ha sacado del sombrero (Kondratieff), el mundo experimentaría un auge industrial y comercial desde el 2005 al 2025, y al culminar ese auge se desataría la crisis industrial, comercial, financiera y por último, militar. Todo indicaría que la crisis definitiva acaecería por el 2050.

Algunas objeciones: Primera, la crisis cultural del 1968 ya había sido prevista por otros pero como una crisis económica derivada de un nuevo modo de producción que se apropiaría del industrial de chimeneas y lo subordinaría (Albin Toffler, “El Shock del Futuro”). En dicho texto el autor predice que los nuevos sistemas de información y de creación de valores intangibles subordinaría a la industria de mercancías tangibles y que sólo las economías dispuestas a grandes inversiones en recursos humanos podrían disputar la hegemonía del futuro. La tesis de Wallerstein descansa en que la crisis mundial de 1968 fue una crisis cultural generada por el propio éxito del sistema capitalista de pos guerra. Para Toffler, en cambio, se trata de una crisis del modo industrial material del capitalismo y sus sistemas de producción de cuadros que para 1968 ha producido millares de profesionales que no se pueden incorporar al mercado laboral y por lo tanto, esto lo agrego yo, se lanzan en picada contra el sistema que los alimentó y educó aprovechando su buen estado de salud y su entrenada capacidad intelectual. El mundo punk de la actualidad, en que no se espera nada, no necesariamente consiste en la incubación de una crisis sino quizá en la estabilización entre producción y reproducción de los cuadros convirtiendo a los grupos antisistémicos en oscuras notas al pie de página. La clase dominante sabe bien qué hacer para evitar nuevos 68, y ya en el 68 disponía de lo suficiente para vencer a estudiantes armados con piedras y buenas intenciones; Segunda, el colapso sistémico también ha sido anunciado por algunos científicos a propósito del calentamiento global quienes avisoran que el 2050 marcaría el punto de no retorno; Tercera, Nejed Diamond en su libro “Colapso” sugiere que la crisis que señalan algunos científicos que acaecería al 2050 podría implicar una extinción de la especie humana ya que para esa fecha se hubiera llegado a una situación en que la base material de la humanidad, indiferente para la modernidad durante cientos de años, hubiera sido dañada a tal punto que no permitiría la producción de alimentos, agua, y aire respirable. Gran parte de su tesis descansa en el ejemplo de la Isla de Pascua a la cual ha analizado ignorante de que la población isleña no murió a consecuencia de su colapso ecológico y económico sino que fue vendida, en calidad de esclava, a Tahití y a las guaneras del Perú. El resto fue exterminado in situ por las diversas bandas que se alternaron la explotación de la isla muchas de las cuales fueron estancias ovejeras que destruyeron los brotes nuevos de sus bosques nativos, afirmar que fue su religión y tozudez lo que los llevó a destruir su entorno para esculpir el granito hasta que los europeos llegaron a rescatarlos es una de las mayores blasfemias contemporáneas que se han proferido. Tales supuestos son compartidos por gran parte de los ecologistas que por lo general defienden a los pueblos originarios presentándose una insalvable contradicción; Cuarta, Wallerstein divide al mundo en centro, periferia, semi periferia y arenas exteriores. Esta tipología según algunos es una ocurrencia de Fernand Braudel y según el mismo Wallerstein se la tomó en gran parte prestada a los teóricos de la dependencia latinoamericana de la CEPAL. Lo que no se puede conciliar es la división del mundo por regiones en el ámbito económico y cultural y la constante referencia a otro mundo, dividido por países, en el ámbito político y militar. Las grandes guerras son enfrentamientos en el centro pero entre países claramente definidos. No existe una reflexión acerca de la irrelevancia de las divisiones nacionales en el mundo de hoy, lo que no necesariamente nos debe llevar a un idealismo insano como el de Antonio Negri, y sobre la persistencia de esa tipología en los ámbitos locales. El centro, la periferia, y la semi periferia se reproducen en cada barrio y en cada ciudad tanto en el primer como en el tercer mundo, es eso lo que explica la mayoría de las cuestiones criminales en la actualidad y la persistencia de movimientos de resistencia en el propio centro del sistema mundo. Parafraseándolo, utilizar a los países como unidades de análisis supone la especificidad y la autonomía social de los distintos estados nacionales del mundo, o al menos de muchos de ellos. Quizá sea posible admitir la vigencia parcial de la soberanía nacional en los estados centrales pero esa distinción no la realiza y sería ser más indulgente con el autor de lo que el respeto intelectual autoriza; Quinta, con fervor intenta demostrar que el capitalismo y lo moderno son un accidente histórico derivado de la acumulación de capital sin par que consigue Europa lo que le permite rebasar los autocontroles presentes en todas las demás civilizaciones. No le preocupan en demasía las brutalidades del imperio Azteca ni los sofisticados sistemas de control de multitudes a las que habían llegado los Hindúes, le preocupa tan sólo el más brutal, intenso y extenso de todos, el capitalismo, por lo tanto su objeción no sería de principio sino tan sólo cuantitativa; sería soportable o menos poder acumulado por la cúpulas o cúpulas más numerosas. El problema no sería la dominación de unos sobre otros sino que ésta debería respetar ciertos límites, ciertos mínimos, que el mismo considera DD.HH. Lo que cuesta es pensar es como pueden regir derechos universales sin un estado universal y esta acumulación de poder no ser opresiva. También es complicado sostener una transición hacia esas formas humanitarias de dominación, que me parece legítimo plantear como un sentido débil para la izquierda (algo así como una estrategia asumida por descarte ante la imposibilidad de acometer la abolición total de las jerarquías) pero no me parece honesto no explicitarlo de esa manera quedando muchos lectores incautos tentados a conformarse con proyectos civilizatorios alternativos, experimentales y ajenos con tal que no sean modernos, europeos, occidentales y capitalistas. Lo alternativo sería un cajón de sastre y sin fondo, y sólo importaría destruir el capitalismo – o presenciar su autodestrucción – sin que sea indispensable superarlo.

Su concepto de Estado y Sociedad

El uso indiscriminado de los estados nacionales como unidades de análisis se debe a la contaminación del pensamiento de Wallerstein de aquello que critica con ferbor: La separación entre las tres culturas (Ciencias físicas, sociales y humanidades) que le permite ser riguroso en su análisis económico pero muy vago y hasta superficial en su historia de las ideas (ideologías) y en la historia legal; y el inevitable eurocentrismo que mora en lo más recóndito de su pensamiento. Lo primero le permite confiar en el relato literario y dogmático de los abogados hasta creer que las teorías, siempre en disputa, siempre revistiendo al poder en vez que autorizándolo, poseen existencia independiente.

Entre los conceptos eurocéntricos que se han impuesto en las ciencias sociales se encuentra el de la dominación legal racional de Weber el que consiste en una fusión de este legalismo formalista con el eurocentrísmo. Tal concepto es la piedra fundacional de las teorías modernas del estado (o del estado moderno) y no es sino una descripción idealizada de lo que Weber piensa que es el estado alemán de su época o lo que debiera llegar a ser. Los teóricos foráneos mistifican sus propios desastres locales revistiéndolos con la autoridad prestada de los desvaríos weberianos.

El concepto marxista de estado, por ejemplo, lo considera como una herramienta al servicio del enfrentamiento de clases o más bien, la fachada de la clase capitalista. Sus normas carecen de la racionalidad que le atribuye Weber a no ser que comprendamos por tal el procedimiento de concreción del proyecto burgués. Hasta Adam Smith consideraba al estado como una herramienta al servicio de la burguesía ya que intervenía económicamente allí en donde el interés individual no era suficiente y desde luego, tales inversiones no incluían colegios, hospitales, salubridad pública o seguridad social. Incluso la institución de policías es un hecho reciente y excepcional en la historia de la modernidad.

Al instituirse la votación universal se tenía claro, por parte de la clase dominante, que no existía dominación legal racional salvo en los libros de Weber y sus seguidores, ya que la institución que monopolizó la violencia – si admitimos que esto al menos sucedió en un momento de Alemania - jamás alcanzó a utilizarla, en ningún lugar del mundo ni época, en contra de los intereses de los poderosos. Pero eso es llevar la teoría sociológica del estado al despeñadero puesto que se exhibe su inoperancia en los únicos casos en que la practica se acerca a la teoría pero como señalé eso ha sido excepcional: La mayor parte del mundo se descolonizó en el siglo XX y aún hasta hoy el concepto de dominación legal racional le es ajeno a la mayoría de la población del orbe salvo, claro está, que la asumamos como parte integrante de la ideología liberal hegemónica o geocultura.

En los EE.UU por ejemplo, se superponen policías municipales, estatales, federales, de la moneda y del presidente (servicio secreto), y todas las policías privadas que se puedan imaginar en un país en donde es lícito portar armas, es decir, donde jamás ninguna institución ha expropiado la totalidad de los conflictos de relevancia jurídica ni ha monopolizado la violencia física. En gran parte del mundo, y eso incluye a la idílica y breve Alemania de Weber, se autoriza (o autorizaba hasta hace muy poco) que los padres golpeen a sus hijos, que incluso el profesor o cualquier adulto lo haga para corregirlo, y que los hombres golpeen a sus mujeres lo que en algunos sitios se extiende a que cualquier hombre puede golpear a cualquier mujer para corregirla. La coexistencia de distintas policías de los EE.UU debe conjugarse con el dominio ejercido por las mafias, situación que se extiende a gran parte del mundo, del mismo modo que los cacicazgos en sectores rurales de todo el orbe. Separar estado y sociedad parece una tarea que supera las capacidades humanas o bien carece de toda relevancia científica el hacerlo, del mismo modo distinguir entre distintos estados ya que, de acuerdo a los elementos de juicio disponibles, debiéramos admitir forzosamente que existe un gran estado federal que impera en todo el mundo al que Wallerstein eufemísticamente denomina sistema mundo, y en que la violencia, sin necesidad de ser ejercida directamente por la institucionalidad formal de éste, al menos es tolerada ya que se dispone de la suficiente capacidad para avocarse de cualquier conflicto (expropiándolo ad hoc) en cualquier parte del planeta. Esa expropiación delata al gobierno mundial el cual carece de toda legitimidad liberal ilustrada. Las distinciones entre centro, periferia y semi periferia pueden aplicarse siempre y cuando se acepte que no consisten en divisiones geográficas o geopolíticas sino que se superponen espacial y personalmente relacionandose más bien con el desamparo (vulnerabilidad) que las personas tienen frente al poder (que generalmente se confunde con el capital), puesto que algunas personas en Zimbabwe viven mucho mejor y más seguras que otras en Alemania a pesar de todos los indicadores estadísticos que parecieran afirmar lo contrario.

El ejemplo de la propia Europa sirve para ilustrar el punto: Las relaciones comerciales de la burguesía no respeta fronteras políticas ya que no sólo tiene sus mercados de compra de insumos y de venta de chucherías en el extranjero sino que además, se surte de mano de obra inmigrante, e invierte sus ganancias en cualquier sitio, y por defecto en el sistema financiero mundial. La Union Europea no se construyó por los tratados de Maastricht sino que gracias a ellos se consolidaron las relaciones inveteradas. Del mismo modo los EE.UU proclamaron su independencia porque ya actuaban con ella y el poder sin autoridad británico se les presentaba un lastre. En cambio latinoamérica siempre ha confiado en la teoría y en los papeles europeos creyendo que la independencia nominal bastaría para ejercer el dominio sobre sus territorios. Casi doscientos años después de la parodia independentista unos crean el Mercosur confiando en que un nombre, una teoría y kilos de papeles bastarían para europeizar – nuevamente – a latinoamérica. Integración comercial sin integración cultural y peor, sin integración productiva ni energética. El fracaso latinoamericano y el éxito europeo hablan muy mal de la teoría sociológica del estado ya que en un caso se siguieron todas las recetas foráneas y de todos modos Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay se encuentran indemnes frente a la explotación y expoliación foránea y la de sus propias burguesías poseyendo estados nominales sin soberanía externa ni soberanía popular o nacional que les permita imponerse sobre los capitalistas locales; y el viejo continente evidencia que no se necesita ni un ejército, ni el monopolio de los castigos para consolidar lo más similar que se haya conocido por estado. Y por último, qué duda cabe que no habiendo ningún poder que se lo impida el ejército de EE.UU puede invadir Iraq a pesar de todos nosotros, de los iraquíes y la población estadounidense. Muy distinto es señalar la existencia de un estado global a defender su legitimidad, ese es el grave error en que se incurre con los estados nacionales y que nubla el juicio a la hora de comprender nuestro mundo.

Cada vez que se incurre en el “error” de distinguir estado y sociedad, se llega a extremos como los del propio autor en comento, de decir brutalidades tales como que en los últimos años ha existido una retirada del estado lo que ha producido un aumento de la inseguridad pública. Primero, como ya he señalado, surgen serias dudas acerca si en algún momento se ha establecido algún estado en algún territorio si lo definimos en los términos weberianos; Segundo, si el estado lo constituye el ejercicio del poder, en vez que la formalidad legal, todo indica que en vez que haberse retirado el estado este rige con más fuerza de lo que lo había hecho nunca en la historia de la humanidad, porque además lo hace en todo el territorio al mismo tiempo con muy pocas islas desestatizadas (fronteras) pero lo suficientemente civilizadas para estar allanadas para la explotación y el consumo; Tercero, ¿desde qué óptica calificamos que tal guardia es privado y tal otro público? ¿o si tal o cual es un guardia privado, un delincuente, un mafioso o un terrorista? desde luego la única manera de producir en el papel esas distinciones es echando mano a otras pre fabricadas en el eurocentrismo y en la complacencia capitalista del liberalismo; Tercero, solamente el “estado” avanzó en las prestaciones sociales durante los gloriosos treinta años 1945-1968.

Futurólogos y Místicos

En cuanto a la futurología, Wallerstein comparte varias ideas con Nejed Diamond aunque derivadas de razonamientos diversos, por ejemplo: Que se ha rebasado el límite de expansión geográfica del capitalismo en el siglo XIX, con la guerra del Opio y la anexión de China al sistema mundo y luego, sumando a África a la periferia quitándole su lugar de arena exterior. La expansión económica del capitalismo también llega a un límite con los altísimos niveles de desruralización y urbanización a los que hoy asistimos. Los pobres, sin control más que los de mercado, se reproducen propiciando una crisis demográfica, pero tal crisis no es tal mientras exista la posibilidad de alimentar, vestir, calefaccionar y educar a esos millones de pobres que incrementan la población mundial día a día. La crisis demográfica se produce por la incapacidad del crecimiento económico de absorberla lo que conduce necesariamente a una crisis social y ecológica al sobre explotar recursos en forma desesperada con ansias de supervivencia. Pero la crisis ecológica se había incubado desde mucho antes, es parte de la crisis sistémica, al seguirse un modelo que implica crecer o perecer. Todo esto lleva a Wallerstein a pronosticar que la próxima crisis, derivada de un periodo de baja al cual necesariamente nos llevan los ciclos económicos de largo aliento, será la definitiva.

Sabemos que la economía capitalista consiste en el acto de malabarismo más complejo que se tenga registro y que dentro de su aparente estabilidad late la crisis. El mercado, y el capitalismo por consecuencia, oscila, y cada pendular lo coloca al borde del abismo. Sabemos entonces que habrá una crisis, y una crisis mayor a las conocidas. Sabemos que una de esas crisis o dará el golpe de gracia, hará más fuerte al capitalismo o permitirá que emerjan otras fuerzas que impongan un nuevo modo de producción. Pero nada de esto ocurrirá por sí solo. La extinción, o colapso, no será la desaparición de todos los humanos sino que de una mayoría, del mismo modo que una crisis terminal del capitalismo no significa el retorno a un pasado idílico o la necesaria instauración de un futuro esplendor. Sospecho de cualquier teoría que nos dé la opción de quedarnos en nuestra casa cosiendo y cantando mientras alguna fuerza sobrehumana se encarga de todo. Además, sospecho de todas estas predicciones tomando en consideración que los místicos, en las fechas que los futurólogos mencionados ven la crisis definitiva del capitalismo o de la humanidad, anuncian el fin de la era de piscis y el comienzo de la de acuario ¿rigurosos cálculos científicos o una vuelta a la superchería cabalística? ¿Razonamientos complejos y sofisticados o parte del ombliguista humano – centrismo y sus vicerales temores al fin del mundo? ¿o la confusión etnocéntrica del fin de nuestro mundo o de nuestra civilización con el fin del mundo y de la humanidad?

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