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Opinión

HAITÍ - Crisis política: Las últimas iniciativas de la ONU son un gran obstáculo para el establecimiento del Estado de Derecho

Robert Berrouët-Oriol

Miércoles 20 de octubre de 2021, puesto en línea por colaborador@s extern@s

Todas las versiones de este artículo: [Español] [français]

En los últimos meses, el acelerado deterioro de la situación política y de seguridad en Haití ha puesto de manifiesto el macabro juego de contradicciones e intereses comunes de sus distintos protagonistas, actores nacionales y extranjeros, Estos últimos se agrupan en una benévola e hiperactiva camarilla internacional denominada “Grupo Central” [Core Group] (que incluye a los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia y la Unión Europea, así como al Representante Especial de la Organización de Estados Americanos y al Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas). Frente a las justas reivindicaciones de la población, llevadas a cabo por la sociedad civil, el cártel político-mafioso conocido como PHTK (Parti haïtien tèt kale, abiertamente neoduvalierista) cristaliza y organiza desde hace diez años, con el aval descarado del “Core Group”, una gobernanza del país caracterizada por el despilfarro de los fondos públicos y de los fondos del programa PetroCaribe (3.800 millones de dólares), el blanqueo de dinero a gran escala, la extinción programada de los derechos de los ciudadanos, la decapitación de las instituciones del Estado, la represión violenta de las protestas públicas mediante la instrumentalización de los cuerpos represivos de la Policía Nacional, la tolerancia y/o complicidad del Ejecutivo en los asesinatos selectivos y las masacres en los barrios populares, la banalización de la corrupción y el nepotismo instalados en todos los niveles del edificio social.

¿Cómo ha podido el cártel mafioso-político conocido como PHTK mantenerse en el poder ejecutivo durante los últimos diez años, a pesar de ser fuertemente contestado por la sociedad civil haitiana? Compuesto, entre otros, por un número indeterminado de “grandes comedores” –según la expresión popular dedicada a esta categoría de políticos de la pequeña y mediana burguesía–, entre los que se encuentran Michel Martelly, Laurent Lamothe, Jack Guy Lafontant, Evans Paul/KPlim, Jovenel Moïse, Ariel Henry, etc, El cártel mafioso-político del PHTK ha hecho metástasis y se ha mantenido en el poder porque ha sido capaz de proteger y asegurar la continuidad de los “negocios” de la oligarquía tradicional y de beneficiarse, además de la lucrativa “renta financiera del Estado”, de los jugosos beneficios del comercio de drogas y armas de capital nacional. Ya floreciente durante la dictadura de Jean-Claude Duvalier, el narcotráfico se ha convertido a lo largo de los años en un importante marcador social y económico en la gobernanza del país, y cuenta entre sus relevos con importantes figuras de la oligarquía tradicional y actores principales de la criminalización/pandilla del poder del Estado [1].

El lector curioso puede profundizar en el conocimiento de la configuración de los mecanismos actuales del poder gangsterizado del PHTK neoduvalista, así como, más ampliamente, en el de la situación política del país, leyendo los excelentes estudios de Frédéric Thomas, politólogo y profesor-investigador del CETRI, el Centro Tricontinental con sede en la Universidad de Lovaina-la-Nueva, en Bélgica. Es autor del libro L’échec humanitaire: le cas haïtien (coedición Couleur livres y Cetri, 2017) y de numerosos artículos sobre Haití, entre ellos “Haïti: entre catastrophe humanitaire et farce électorale” (Cetri, 21 de octubre de 2015); “Haïti: Las organizaciones internacionales se sustituyen a las autoridades” (Cetri, 7 de octubre de 2016); “La elección de Jovenel Moïse, “una catástrofe” para Haití” (Cetri, 30 de noviembre de 2016); “Haití: el expediente PetroCaribe en tres palabras” (Cetri, 18 de junio de 2019); “Haití: ¿por qué el país se hunde en la crisis? ” (Cetri, 13 de febrero de 2019); “La auditoría de PetroCaribe dibuja otra arquitectura de la corrupción en Haití” (Cetri, 13 de junio de 2019); “Cinco preguntas a Helen La Lime Meagher, Representante Especial del Secretario General de la ONU en Haití” (Cetri, 24 de junio de 2020). Asimismo, el lector curioso puede consultar con provecho las contribuciones analíticas de calidad de Erno Renoncourt, ensayista en ingeniería de sistemas de información, publicadas en su blog y en otros lugares, entre otras “Droits humains, cette obscure aubaine de réussite” (Médiapart, 3 de marzo de 2021), y “Le rire par-delà le deuil masqué : à qui meurt gagne!” (Le National, 3 de agosto de 2021). Véanse también las rigurosas contribuciones analíticas de Laënnec Hurbon, como “Pratiques coloniales et banditisme légal en Haïti” (Médiapart, 28 de junio de 2020). En este estudio, Laënnec Hurbon, sociólogo, autor de numerosos libros sobre Haití, director de investigación en el CNRS (París) y profesor de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Estatal de Haití, afirma que “las prácticas coloniales han sido un verdadero ‘habitus’ (en el sentido de la sociología de Bourdieu) de la ‘comunidad internacional’ en Haití desde, al menos, el año de la ocupación estadounidense en 1915. Es como si la soberanía adquirida sobre la base de los heroicos sacrificios de la Guerra de la Independencia (1791-1804) se hubiera erosionado gradualmente hasta quedar reducida a la nada en la actualidad.”

¿Es pertinente y útil interrogar la configuración de la fabricación del “consentimiento” político en Haití? ¿Cuál es el papel y cuáles son los objetivos de la fabricación del “consentimiento” político en Haití?

Tomamos prestado el concepto de “consentimiento” del filósofo Michel Foucauld, autor de Les aveux de la chair (Histoire de la sexualité, IV, colección Bibliothèque des histoires, Gallimard, 2018). “Consentimiento”, pues, en el sentido de que la aceptación de un cuerpo de ideas es un hecho construido, a la vez fabricado y manufacturado, de modo que lo consentido se percibe, en el cuerpo social, como justificado y legítimo –como explora y analiza Michel Foucauld al interrogar la cuestión del consentimiento sexual en los Padres de la Iglesia. El “consentimiento” concedido al cártel político-mafioso del PHTK neo-duvalierista es pues, a la luz de este concepto, una construcción dada que pone en juego un dispositivo narrativo local combinado con el de la Internacional: Por un lado, un “nacionalismo” verbal fosilizado y congelado en la adoración estéril del pasado glorioso de Haití mientras el Estado, despojado e incruento, se disloca criminalizándose un poco más cada día, y por otro lado, un alegato fraudulento de la Internacional que aboga por la entrada del país en la “democracia” a través de una receta mágica que ha fracasado en todas partes, a saber, elecciones a toda costa, “libres, honestas y transparentes”... Es en el entrelazamiento de la narrativa local con la internacional donde se sitúa e instituye la fabricación cegadora e imperial del “consentimiento” político en Haití.

La captura/domesticación del poder ejecutivo por parte del cártel mafioso-político conocido como el PHTK (Parti haïtien tèt kale), aunque responde principalmente a imperativos locales, pronto se benefició de un fuerte apoyo externo, el apoyo público del Departamento de Estado estadounidense. Este apoyo se inscribe en una lógica institucional, geopolítica y estratégica, la de la ocupación estadounidense de Haití de 1915 a 1934, y se ha manifestado de diferentes maneras a lo largo de los años, en particular a través del apoyo disimulado y negociado de la administración estadounidense a la dictadura de Duvalier y a la deriva autoritaria del poder del Estado en marcha y en funcionamiento desde la derrota de la dictadura de Jean-Claude Duvalier en 1986. A través y a pesar de las convulsiones propias de las tradicionales luchas por el poder político en el país, sigue habiendo una constante con la que la Administración estadounidense está comprometida: El apoyo a los actores antinacionales carentes de legitimidad política y constitucional (Namphy, Regala, Avril, Cedras, Martelly, Moïse, Henry...) bajo el pretexto de apoyar la instauración de la “democracia” en Haití, una especie de pócima mágica que es válida, en su versión tercermundista, para los países del Sur pero que nunca se ha aplicado en las grandes democracias de Occidente. Este es el sentido profundo de las maniobras políticas puestas de manifiesto por un valiente artículo publicado en la edición del 31 de enero de 2011 del periódico de Montreal Le Devoir, “Haití: Clinton aboga por la solución de la OEA”, en el que se afirma que “Hillary Clinton llegó a Puerto Príncipe para entrevistarse con el presidente saliente René Préval y los principales candidatos presidenciales. Explicó que Washington quiere que las autoridades haitianas apliquen las recomendaciones de la OEA de que Jude Célestin, un candidato apoyado por Préval, sea eliminado de la segunda vuelta en favor de Michel Martelly, un cantante popular que obtuvo sólo 7.000 votos menos que Célestin en los controvertidos resultados preliminares. (...) “Además de Estados Unidos, las Naciones Unidas y los principales donantes occidentales, como Francia, Gran Bretaña y la Unión Europea, han expresado su apoyo a la propuesta de la OEA”. El desastroso y depredador “reinado” del PHTK/Michel Martelly comenzó así bajo la coacción de la Administración estadounidense, omnipresente en los asuntos del país desde 1915... La intervención de Hilary Clinton marca así un paso importante en la fabricación cegadora e imperial del “consentimiento” político en Haití. Le siguieron otras iniciativas de diverso alcance y en registros afines y complementarios, en particular el “globo sonda” del politólogo Ricardo Seitenfus, luego la imposición por el Grupo Central del Dr. Ariel Henry como Primer Ministro tras el asesinato de Jovenel Moïse y después la campaña pro-PHTK dirigida por Helen La Lime, Representante del Secretario General de la ONU en Haití. Cada una de estas iniciativas adoptó la forma de un dispositivo narrativo en consonancia con los objetivos singulares pero convergentes del Grupo Central, la OEA y el cártel mafioso-político del PHTK.

1. El dispositivo narrativo de Ricardo Seitenfus

En una “Tribuna” publicada en Haití en Le National el 4 de mayo de 2021, “El ‘referéndum de opciones múltiples’ de Ricardo Seitenfus en la cabecera del proyecto de ‘Constitución’ neoduvalierista del PHTK en Haití”, destacamos el dispositivo narrativo de Ricardo Seitenfus, ex enviado especial de Brasil a Haití y, en 2008, Representante Especial del Secretario General de la OEA y Jefe de la Oficina de la OEA en Haití. Examinando el artículo que publicó en Le Nouvelliste el 30 de abril de 2021 bajo el título “Débat constitutionnel, la proposition de Ricardo Seitenfus”, demostramos que su “globo sonda” preordenado era claramente penoso, carente de rigor analítico y, en definitiva, escandaloso y ofensivo para todos los haitianos preocupados por el futuro de su país. Hemos demostrado que la “propuesta” de Ricardo Seitenfus era una mirada deliberadamente sesgada, por no decir cegadora, del “kadejak constitucional” que Jovenel Moïse y el partido neoduvalierista de extrema derecha PHTK pretendían imponer en Haití con el apoyo de la OEA, la Oficina de las Naciones Unidas en Haití, el Departamento de Estado de los Estados Unidos y el Core Group: la adopción mediante un falso referéndum, cosido de antemano, de una nueva “Constitución” redactada a hurtadillas por la CPI, el llamado Comité “independiente” y que, al observarlo, resultó ser una camarilla de porteros apadrinados por el PHTK [2]. Nuestro análisis de la “propuesta” de Ricardo Seitenfus destaca el hecho de que ha adoptado el punto de vista contrario a la opinión jurídica de una institución nacional, la Federación de Colegios de Abogados de Haití, que, en su “Declaración” del 2 de febrero de 2021, analizó sabiamente el carácter ilegal e inconstitucional de la estafa del PHTK. A la luz de la empresa de “consentimiento” político implementada por la Internacional en el drama haitiano, Ricardo Seitenfus se ha esforzado así por asegurar el reconocimiento de facto de la pseudo “legalidad” del Consejo Electoral Provisional, títere de Jovelel Moïse, y del CCI (Comité Consultivo Independiente), ambos ilegales e inconstitucionales: La ilegalidad y la inconstitucionalidad de estas dos oficinas del PHTK neoduvalierista han sido demostradas por varios juristas y varias organizaciones de la sociedad civil haitiana, que Ricardo Seitenfus ha decidido ignorar deliberadamente (véase el excelente análisis del jurista Patrick Pierre-Louis publicado en Le Nouvelliste bajo el título “¿Ha dicho: ‘Colapso del orden constitucional existente’? ” – Comunicación de Me Patrick Pierre-Louis, miembro del Consejo del Colegio de Abogados de Puerto Príncipe, Hôtel Montana, 21 de abril de 2021). La historia ha demostrado que Ricardo Seitenfus sirvió de teaser, una especie de correa de transmisión del proyecto de retorno premeditado de la OEA como interlocutor “creíble” en el dossier haitiano y que, para ello, tuvo que aportar su garantía intelectual y política al dispositivo narrativo consistente en legitimar el poder que ostenta el PHTK reconociéndolo como interlocutor institucional y estatal, pasaje obligado en la fabricación del “consentimiento” político en Haití. Esta es la razón esencial de la amalgama hábilmente inculcada en su texto por Ricardo Seitenfus, que confunde deliberadamente la reforma constitucional con el intento de imponer de forma radical y fraudulenta una nueva Constitución “hiperpresidencialista” inspirada en Tonton Makout, en un contexto de confusión mantenido por políticos de diverso signo, entre la inaplicación comprobada de la Constitución de 1987 y la necesidad de instituir en el futuro un verdadero debate nacional destinado a colmar las lagunas de la Constitución de 1987, que Ricardo Seitenfus, desde la altura de sus conocimientos pontificios, calificó de “profundamente antidemocrática”, en particular “en lo que respecta al proceso de adaptación a los tiempos y a los nuevos desafíos”.

2. El dispositivo narrativo de Ariel Henry, Primer Ministro de facto teletransportado por el Core Group

El lanzamiento en paracaídas de un antiguo ministro de Michel Martelly/PHTK, el Dr. Ariel Henry, al puesto de Primer Ministro de facto por el Grupo Central, unos días después del asesinato de Jovenel Moïse, marca una nueva etapa en la fabricación del “consentimiento” político en Haití. Frente a las luchas internas que aún prevalecen entre las diferentes facciones del PHTK neoduvalierista, y con el objetivo de mantener en jaque cualquier iniciativa de la sociedad civil organizada para promover una transición verdaderamente democrática en el país, el Grupo Central eligió a un viejo conocido de la clase política haitiana capaz de mantener a raya al “incontrolable” PHTK del que, sin embargo, es fiel servidor, y que aparentemente sería capaz de “restablecer el orden para organizar las elecciones exigidas por la población [sic] y la comunidad internacional” [3]. Bajo el liderazgo del Grupo Central, el dispositivo narrativo de Ariel Henry –que ahora ostenta todas las prerrogativas de un Presidente, un Primer Ministro y el Parlamento aunque carezca de la más mínima legitimidad constitucional–, puede resumirse en un mantra inteligentemente aprendido de sus tutores internacionales: “Una de mis tareas prioritarias será tranquilizar a la población de que haremos todo lo posible para restablecer el orden y la seguridad” (...) pues afirma que “la solución a la crisis haitiana debe venir de los haitianos” (...) Además, “todo es negociable, excepto la democracia, las elecciones y el Estado de derecho [4]”. Este mantra, vociferado por un Primer Ministro de facto desprovisto de toda legitimidad política y constitucional, aunque no inspira más que desprecio entre la población, se repitió una y otra vez durante su virtual comparecencia en la 76ª Asamblea General de la ONU, celebrada en septiembre de 2021, así como en el “Acuerdo Político para una gobernanza pacífica y eficaz del periodo interino”. Este “Acuerdo”, urdido “anba pay” por Ariel Henry en compañía de... 550 organizaciones y personalidades políticas, tan numerosas como virtuales y ciertamente “zombi”, y firmado el 11 de septiembre de 2021, fue publicado ilegalmente en el número 46 del periódico oficial Le Moniteur, una forma de convertirlo en un texto oficial destinada a coger desprevenidas a las organizaciones de la sociedad civil firmantes del “Acuerdo de Montana” (30 de agosto de 2021). Es a través de estos mantras que se establece la narrativa de la fabricación del “consentimiento” político, la versión Ariel Henry/PHTK3 como bien dicen los analistas más objetivos de Haití, y es a través de esta narrativa bajo el control del Grupo Central que el neo-Duvalierista PHTK (3ª versión) pretende dar prendas a la oligarquía tradicional haitiana, Es a través de esta narrativa, controlada por el Grupo Central, que el PHTK neo-duvalierista (3ª versión) pretende dar prendas a la oligarquía tradicional haitiana, a los beneficiarios históricos de la “renta financiera del Estado”, a las bandas armadas afiliadas y/o cercanas al PHTK y a ciertos proxenetas de la oligarquía tradicional, con el telón de fondo de un interlocutor que se mantiene a distancia pero al que se dirige ya que dice hablar en su nombre y promover su bienestar: la población haitiana.

Guiado por las “potencias amigas de Haití”, el “Acuerdo político para una gobernanza pacífica y eficaz del período interino” del 11 de septiembre de 2021 es, en la hoja de ruta impuesta por el Grupo Central a Ariel Henry, un eslabón clave en el dispositivo narrativo de la fabricación del “consentimiento” político en Haití. Concebido como una respuesta concertada a la crisis política agravada por el asesinato de un presidente ampliamente denostado, incompetente e ilegítimo, Jovenel Moïse, y cosido a toda prisa para dar la máxima credibilidad y legitimidad al poder neoduvalierista del PHTK3 , el “Acuerdo Político para una gobernanza pacífica...”, más allá de su supuesto carácter unificador e inclusivo, tiene en realidad una función estratégica de primer orden: para bloquear y deslegitimar el diálogo público ciudadano iniciado por los sectores organizados de la sociedad civil haitiana. A pesar de que Ariel Henry profesó recientemente que “La solución a la crisis haitiana debe venir de los haitianos”, los padrinos internacionales de este Primer Ministro de facto y la facción del PHTK3 puesta a su servicio por ciertos caïds de este cártel mafioso-político han construido una estrategia de evasión y bloqueo frente a la iniciativa ciudadana que condujo al “Acuerdo de Montana” (30 de agosto de 2021), resultado del trabajo público de la “Comisión Ciudadana para una Solución Haitiana a la Crisis (CCSHC)”. El “Acuerdo de Montana” fue firmado por numerosas organizaciones de la sociedad civil, entre ellas la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (Rnddh), la Plataforma de Organizaciones de Defensa de los Derechos Humanos (Pohdh), el Movimiento Unificado de Transportistas Haitianos (Muth) la Confederación Nacional de Educadores Haitianos (Cneh), la OPL, Inifos, Mopod, Antant pou tranzisyon koupe fache, Rph de Patrice Dumont, FPP, Koumbit, MTC, Cadoa, Ipam, el Conacom de la Renovación, el Colectivo de Sindicatos Haitianos por el Respeto de la Constitución de 1987 (COSHARCO-1987), etc. [5].

En una declaración pública del 2 de octubre de 2021, el BSA (Bureau de suivi de l’Accord de Montana), tras su reunión con una delegación estadounidense de alto nivel, recordó las principales orientaciones de este acuerdo que, según las organizaciones de la sociedad civil, es consensuado, unificador y metódico. Pretende crear un Consejo Nacional de Transición, el CNT, y establecer una gobernanza bicéfala junto con un “órgano de control ejecutivo denominado Órgano de Control de Transición (OCT)”. El título I (artículo 1) de este acuerdo estipula que “El presente Acuerdo tiene por objeto crear las condiciones de estabilidad nacional con vistas al retorno a la normalidad constitucional y al restablecimiento del orden democrático. Consagra solemnemente los elementos de un consenso indispensable para una solución concertada de la crisis”, mientras que el segundo artículo establece que “las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones políticas, partes del Acuerdo, reiteran su compromiso con los siguientes principios 1. el respeto a la soberanía del Estado, así como a su forma republicana y su carácter democrático; 2. el rechazo a la violencia como medio de expresión política y el recurso al diálogo y la concertación para la resolución de conflictos; 3. el respeto a los derechos humanos, la dignidad humana, la igualdad de género y las libertades fundamentales; 4. la lucha contra la corrupción y la impunidad. En contraste con la narrativa de la fabricación del “consentimiento” político, versión del Acuerdo Ariel Henry/PHTK3 , el Acuerdo de Montana deja constancia de su compromiso con las prescripciones de la Constitución de 1987 que deben guiar la acción del gobierno de transición en los siguientes términos: “Las Partes acuerdan contribuir a la elaboración de la hoja de ruta de la transición en torno a los siguientes grandes ejes programáticos: – El sistema electoral – La seguridad – La justicia y los derechos humanos – La corrupción y la impunidad – Las emergencias económicas – La salud y la gestión de la emergencia COVID-19 – La conferencia nacional soberana – La educación – La cultura – El medio ambiente y la gestión de riesgos y catástrofes – La cooperación internacional y la diplomacia haitiana”.

El dispositivo narrativo del Acuerdo de Montana es, por tanto, cualitativa y programáticamente diferente del de Ariel Henry/PHTK3, y es muy significativo que sea ignorado y marginado por el Grupo Central y sus subordinados incrustados en el cartel político-mafioso de Michel Martelly, Laurent Lamothe, Jovenel Moïse y Ariel Henry. Para la Internacional, este conglomerado de “poderes amigos de Haití”, ha desarrollado otra estrategia de evasión para dar rienda suelta a una nueva etapa en la fabricación del “consentimiento” político en Haití: la cruzada “democrática” de Helen La Lime, procónsul de facto y Representante del Secretario General de la ONU en Haití.

3. El dispositivo narrativo de Helen La Lime, procónsul de facto y Representante del Secretario General de la ONU en Haití

Es omnipresente, cortejada y escuchada con deferencia por todos, y en Haití desempeña un papel destacado en la conducción imperial de los asuntos internos de un país cuya soberanía se ha convertido en una quimera. Diplomática estadounidense que ha trabajado en muchos temas en varios países donde ha estado destinada (Angola, Sudáfrica, Alemania, Mozambique, Marruecos, Chad), Helen La Lime fue nombrada Representante del Secretario General de la ONU en Haití el 14 de octubre de 2019. En este cargo tiene un inmenso poder y control sobre las 19 agencias, fondos y programas de la ONU en Haití, así como sobre la Oficina Integrada de la ONU en Haití, UNIHRO. El sitio web oficial de la ONU y el sitio web de UNIHRO no proporcionan ninguna información sobre el presupuesto global de las 19 agencias y programas de la ONU en Haití. Sin embargo, una investigación más profunda nos permitió rastrear la información en el sitio web de la Misión Permanente de Jamaica ante las Naciones Unidas de que los 14 estados miembros de la Caricom apoyaron una solicitud de pre-presupuesto el 16 de diciembre de 2019 por un monto de 20.395.200 dólares para el año fiscal 2020 de UNIHRO.

Calificada de obsequiosa por la delicadeza de sus habilidades interpersonales, Helen La Lime heredó el complejo expediente haitiano y, sobre todo tras el fracaso de las maniobras pro-PHTK de la OEA, se encargó de introducir, en la gestión imperial de la crisis haitiana, una nueva iteración de la fabricación del “consentimiento” político en Haití. Por ello, estuvo muy implicada en el proceso de colocar a Ariel Henry en paracaídas en la oficina del Primer Ministro haitiano para contener los presuntos riesgos de un estallido social en el contexto del asesinato de Jovenel Moïse, y uno de los aspectos más importantes de su misión es, a nivel local e internacional, para relegitimar el poder que ostenta una de las facciones del PHTK estableciéndola como único interlocutor ejecutivo “creíble” con el argumento de que Haití está, de hecho, fuera de la “normalidad constitucional”. Por lo tanto, es necesario reconstruir esta “normalidad constitucional”, incluso –y sobre todo– con actores políticos reputados como corveables, dóciles y serviles, aunque carezcan de toda legitimidad constitucional (Claude Joseph y Ariel Henry, en particular). Así, Helen La Lime está agitando en todos los frentes reciclando los viejos hilos de la narrativa de las “potencias amigas de Haití” y del neoduvalierista PHTK, especialmente en lo que se refiere a la promoción de elecciones milagrosas y la necesidad de una nueva Constitución para Haití a mediados de 2022. A través de su extensa cruzada promocional en todas las plataformas y en todas las instituciones nacionales e internacionales, Helen La Lime está cumpliendo rápidamente su misión principal: cultivar la ceguera voluntaria de la ONU sobre la cuestión haitiana, ser la propagandista más audible, más implacable y más compulsiva de la hoja de ruta impuesta al PHTK neoduvalierista por el Grupo Central y la ONU.

En esta lógica, la sofisticación del dispositivo narrativo de Helen La Lime da la apariencia de una reorientación estratégica de la ONU en Haití por el vínculo sutil y concomitante que se establece entre los términos “virtud” y “refundación” para acreditar la seductora idea de que es hora de refundar la nación haitiana. Para lograrlo, sólo las elecciones y la reforma constitucional, tal y como la prevé el PHTK/Jovenel Moïse, pueden garantizar la refundación de Haití: es necesario, por tanto, mediante una “profunda reforma constitucional”, “(...) iniciar un círculo virtuoso reconstruyendo bases sólidas y duraderas (...) para la nación haitiana [6]”. Así, actualizando la narrativa de la puesta en marcha de una nueva etapa en la fabricación del “consentimiento” político en Haití, Helen La Lime, en la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) del 4 de octubre de 2021, argumentó que “Desde que asumió el cargo el 20 de julio, el primer ministro Ariel Henry no ha escatimado esfuerzos para alcanzar un acuerdo político con las diferentes facciones del régimen haitiano. Adoptando un enfoque inclusivo y consensuado, ha tratado de crear las condiciones mínimas para la celebración de elecciones legislativas, locales y presidenciales, y así dirigir un país en plena crisis de gobernabilidad hacia el funcionamiento regular de sus instituciones democráticas.” Y asegura la continuidad de la narrativa de la Internacional en Haití al oponerse a las demandas públicas de la sociedad civil haitiana cuando afirma fríamente que “existe un amplio consenso nacional sobre la necesidad de reformar la constitución de Haití de 1987, una carta que se considera que contribuye a la inestabilidad política e institucional recurrente”. El proyecto de [nueva] Constitución presentado por el Comité Consultivo Independiente al Primer Ministro el 8 de septiembre debería servir de base para un debate más constructivo e inclusivo sobre cómo remodelar el sistema político haitiano. (Rezonòdwès, 4 de octubre de 2021.) Hay que señalar, objetivamente, que Helen La Lime se cree, al igual que Ricardo Seitenfus, investida del poder y del mandato de hablar en lugar de la población haitiana al reinscribir el referéndum inconstitucional de Jovenel Moïse en la hoja de ruta de su subordinado, Ariel Henry. Cabe señalar que hay un gran ausente en la narrativa reciclada de Helen La Lime, incluso cuando la nombra en su discurso: la población haitiana, cuya voz, llevada por las instituciones de la sociedad civil organizada, es mantenida a gran distancia por el procónsul haitiano. Así, Helen La Lime promueve el “Acuerdo” del 11 de septiembre de 2021 de Ariel Henry y otros mientras ignora el “Acuerdo de Montana” que lo precedió cronológica y políticamente... Esta marginación de las iniciativas de la sociedad civil haitiana no ha escapado al novelista Lyonel Trouillot, autor de un valiente y lúcido artículo publicado en Le Nouvelliste el 22 de junio de 2020 bajo el título “Odieuse, tout simplement”, en el que expone el dispositivo narrativo de Helen La Lime en la fabricación del “consentimiento” político en Haití. El politólogo Frédéric Thomas, autor de un texto ejemplar y riguroso publicado en la página web del Cetri de Bélgica el 24 de junio de 2020, “Cinco preguntas a Helen La Lime Meagher, Representante Especial del Secretario General de la ONU en Haití”, también era consciente de ello. En este texto desafía al procónsul Helena La Lime en estos términos:

“Señora, el 19 de junio de 2020, en la reunión del Consejo de Seguridad sobre la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (UNIHRO) en Nueva York, usted hizo una declaración sobre su trabajo y la situación en Haití :

1. ¿Podemos preguntarle a qué ‘logros de seguridad y desarrollo duramente ganados en los últimos 15 años’ en Haití se refiere? Misteriosas ‘ganancias’, en cualquier caso, que han pasado desapercibidas en los informes de las organizaciones haitianas y de los actores internacionales.

2. ¿Está usted en su papel cuando afirma que es cada vez ‘más evidente que es necesaria una reforma de la Constitución’? ¿Han recibido un mandato de los actores haitianos para posicionarse en esta cuestión?

3. Cuando dice que ‘Haití ha confiado durante demasiado tiempo en acuerdos convenientes para resolver los problemas políticos’, ¿se refiere a la injerencia de Estados Unidos en los asuntos del país?

4. Ni una sola vez en su discurso se menciona la palabra ‘corrupción’. Entonces, ¿se ha resuelto el problema? ¿O secundario? A no ser que los cientos de miles de haitianos que han salido a la calle durante meses se hayan levantado contra un espejismo? Es cierto que sólo son negros, sin aliento, que no tienen, como tú, una ‘panoplia de herramientas’ que utilizas ‘juiciosamente’ para luchar contra la impunidad. Y con el éxito que conocemos.

5. Por último, cuando habla del riesgo de que ‘un problema inicialmente interno pueda convertirse en un problema regional’, ¿debe interpretarse como su indiferencia o desprecio por la situación de los haitianos? ¿Así como la clave de lectura del apoyo internacional, en general, y de Estados Unidos, en particular, al actual gobierno de Jovenel Moïse?

El dispositivo narrativo de Helen La Lime, procónsul de facto y Representante del Secretario General de la ONU en Haití, es ampliamente representativo de la mortificante “democracia de geometría variable” que la ONU, al igual que la OEA, tiene reservada para Haití. El ensayista Erno Renoncourt lo expresa acertadamente en los siguientes términos: “Cuando los Estados occidentales y las grandes instituciones internacionales, que juran por los derechos humanos y la democracia, asumen que Haití no merece más que una democracia controlada por delincuentes y gángsters, sin eficacia real ni rendimiento institucional, se trata de un racismo de facto. Y según la Declaración de Derechos Humanos, esto es una afrenta a la dignidad humana y debe ser combatido [7]. Esto arroja algo de luz sobre el hecho de que el Grupo Central, la ONU y la OEA han estado proporcionando un apoyo constante al PHTK neoduvalierista durante los últimos diez años: apoyo financiero, técnico, diplomático y político sin cuestionar la naturaleza y el modo de gobierno del cártel mafioso-político que constituye el PHTK de Michel Martelly, Laurent Lamothe, Jack Guy Lafontant, Evans Paul/KPlim, Jovenel Moïse, Ariel Henry, etc. Esto también arroja luz sobre el hecho de que estas instancias internacionales han optado por tratar con interlocutores que han llegado fraudulentamente a la cima del Estado, pero que en realidad son “delincuentes políticos” que han sido acusados por la justicia haitiana (Michel Martelly, Laurent Lamothe, Jovenel Moïse). Estos interlocutores privilegiados de la Internacional han llegado a acuerdos estratégicos con bandas armadas, federadas por ellos, aunque estas asociaciones criminales están muy implicadas en los secuestros para pedir rescate y en el retorno de la inseguridad a escala nacional [8]. Cabe recordar aquí que el apoyo abierto del Departamento de Estados Unidos al cártel mafioso del neoduvalierista PHTK se vio recientemente sacudido por la dimisión-protesta del enviado especial de la Administración Biden a Haití sólo dos meses después de su nombramiento. En su carta de dimisión, fechada el 22 de septiembre de 2021, Daniel Foote “condena la injerencia de Estados Unidos en la política haitiana y, recientemente, su renovado apoyo al actual Primer Ministro interino de Haití, Ariel Henry. “La arrogancia”, escribe Daniel Foot, “de elegir al ganador –de nuevo– es impresionante. Una “intervención política internacional que ha producido sistemáticamente resultados catastróficos”. Es la primera vez que se recuerda que un alto funcionario estadounidense dice tales cosas sobre Haití [9].

La lógica imperial que opera en la fabricación del “consentimiento” político en Haití también significa que los “guardianes internacionales de Haití”, desafiando las leyes del país, apoyan a las instituciones nacionales que están al servicio del poder político y que están diseñadas para guiar y administrar el proceso electoral haitiano a pesar de su ilegalidad y de las maquinaciones a gran escala que caracterizan su acción partidista a favor del poder gobernante. Este es el caso del CEP, el Consejo Electoral Provisional, un órgano estratégico importante en la visión de la Internacional. La fría y cínica injerencia de las “potencias amigas de Haití” en el proceso electoral haitiano ha sido así documentada con rigor y valor ejemplar por Ginette Chérubin. Autora de un resonante libro en el que examina, con pruebas fehacientes, los tejemanejes de la Internacional en el proceso electoral haitiano, Le ventre pourri de la bête (Éditions de l’Université d’État d’Haïti, 2014, 407 páginas), Ginette Chérubin ocupó el cargo de ministra de Asuntos de la Mujer en el gobierno de René Préval en 1996. Posteriormente, formó parte durante cuatro años del Consejo Electoral Provisional, de 2007 a 2011, institución que abandonó con estrépito en abril de 2011.

La historia de Haití, en sus pliegues más complejos y oscuros, merece una lectura crítica constante para comprender los tormentos del presente. Así, en una ejemplar y muy esclarecedora “Tribuna” publicada en el periódico de Montreal Le Devoir el 16 de enero de 2018, “La déshumanisation d’Haïti”, Joël Des Rosiers, poeta, psiquiatra y ensayista, –al tiempo que examina el racismo virulento y compulsivo de Donald Trump, que estigmatiza y humilla a los haitianos que se dicen portadores del VIH/SIDA–, expone un recordatorio histórico indispensable para comprender los mecanismos actuales de fabricación del “consentimiento” político en Haití: “Sin acusación ni exigencia de reparación, la responsabilidad moral y política de los occidentales en la situación de Haití es flagrante. Tras un periodo de inestabilidad política marcado por el paso de siete presidentes en cuatro años, aprovechando el débil armamento naval del país, los estadounidenses cruzaron las aguas territoriales de Haití más de veinte veces a principios del siglo XX para imponer su política de dominación imperialista bajo la amenaza de los cañones”.

En última instancia, la ejemplificación de los aspectos más importantes de la fabricación del “consentimiento” político en Haití indica que la ONU y el Grupo Central se alinean sin reparos con las posiciones imperiales hegemónicas del Departamento de Estado estadounidense, el único “comandante” real en Haití. Esta ejemplificación demuestra, sobre todo, que los “poderes fácticos” de Haití, reciclando sus viejos hilos electorales bajo un ropaje aparentemente nuevo, pretenden imponer una vez más una democracia en el país, barata y de geometría variable, La improbable gobernanza política de un Estado fallido, pero todavía capaz de ser “milagrosamente democrático”, incluso a través de un régimen político corrupto, cleptocrático, depredador y servil, el del cartel político-mafioso neoduvalierista PHTK. Este es ciertamente el camino cegador pero imperial que los “poderes fácticos” han elegido contra un proyecto nacional consensuado y unificador como el consignado en el Acuerdo de Montana que, lejos de ser perfecto, tiene entre otros el mérito de haber sido elaborado a plena luz del día sobre la base de una visión ciudadana del futuro de Haití llevada por las numerosas organizaciones de la sociedad civil que lo firmaron tras una amplísima consulta pública. En contra de las demandas conocidas de la población haitiana, la ONU vuelve a dar la espalda a la fuerte demanda popular de justicia social y política, así como al imperativo de equidad y dignidad formulado de forma reiterada y diversa por la mayoría de los haitianos, incluidos todos aquellos que “votan con los pies”, en plena marea, en los mortíferos barcos de la migración.


Robert Berrouët-Oriol es lingüista-terminólogo.

Tribuna original (en francés) publicada en Haití en el periódico Le National el 12 de octubre de 2021.

Las opiniones expresadas en los artículos y comentarios son de exclusiva responsabilidad de sus autor@s y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la redacción de AlterInfos. Comentarios injuriosos o insultantes serán borrados sin previo aviso.


[1Véase el artículo de Leslie Péan, “Des élections à saveur de cocaïne”, AlterPresse, 27 de enero de 2014

[2Véase nuestro artículo publicado el 25 de mayo de 2021 en Le National, “Golpe constitucional” en Haití: el doble juego de la OEA y la ONU en apoyo del neoduvalierista PHTK”.

[3Véase el artículo del periódico de Montreal La Presse del 20 de julio de 2021, “El nuevo primer ministro promete orden y elecciones”.

[4diario La Presse, ídem.

[5Véase La Gazette/Haïti News, 1 de septiembre de 2021, y AlterPresse, 2 de septiembre de 2021

[6“La reforma constitucional – Una oportunidad para relanzar el país”, declaración oficial en la página web de la Oficina de las Naciones Unidas en Haití, UNOHIO, 15 de junio de 2020

[7Erno Renoncourt, “Droits humains, cette obscure aubaine de réussite”, Médiapart, 3 de marzo de 2021.

[8Véase “Haití, République de gangs”, La Presse, Montreal, 1ro de febrero de 2020, y “Le pouvoir des gangs haïtiens”, Radio-Canada, 14 de julio de 2021.

[9“El enviado especial Daniel Foote dimite en protesta por la política de Estados Unidos en Haití”, Radio France Internationale, 23 de septiembre de 2021

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